A Sala Llena

Criatura de la Noche, según Matías Orta

En 1971 se estrenó Melody. Escrita por el por entonces desconocido Alan Parker, esta pequeña producción británica contaba el romance entre dos niños, tan enamorados que hasta deciden casarse (no de adultos, sino en el momento). Pero, a pesar de ser la ternura hecha cine, distaba de ser una simple película infantil, ya que cuestionaba a los adultos y al sistema educativo de aquel entonces, mostrando castigos físicos a alumnos y otros elementos impensados en una película protagonizada por chicos. Lo original de la propuesta, más la inolvidable banda sonora a cargo de los Bee Gees, la convirtieron en un film de culto. Por si no la vieron, dos fragmentos aquí y aquí.

Criatura de la Noche viene a ser Melody, pero con vampiros… y sin música de los Bee Gees, por supuesto.

La relación entre Oskar y Lin, de humano con chupasangre, remite inevitablemente a los éxitos comerciales del momento: Crepúsculo y Luna Nueva, estrenada hace dos semanas.  Pero las diferencias de tono y enfoque son abismales. Criatura… no es rimbombante ni obvia ni graciosa ni edulcorada ni demasiado pop (en un momento suena The Clash). Aquí escasean los diálogos, abundan los silencios. Mucho frío, nieve, hielo, noche, desolación. Casi no hay música incidental, y cuando suena no resulta estridente ni terrorífica, sino romántica. Justamente —más allá de algunas escenas gore, que son pocas pero originales e impactantes— la película no está contada como una de miedo sino como una de amor imposible que transita los caminos menos obvios.

Abundan ideas y personajes poco y nada comunes en esta clase de film. El hombre que cuida y da de comer a Eli, al estilo del Rendfield de Drácula, tiene tendencias pedófilas, y hasta pretende gozar con su ama. Por el lado de Oskar, el joven se dedica todas las noches a apuñalar un árbol con un cuchillo, imaginando que son los compañeros que lo agreden en la escuela. Además, podemos ver cómo es la vida de este chico hijo de padres separados y la falta de comunicación con su madre, cosa poco habitual en casi cualquier film que no sea dramático. Aunque tal vez este aspecto responda a la conducta de la sociedad de Suecia. 

La historia es casi una biografía del escritor John Ajvide Lindqvist, quien adaptó su propia novela. Es por eso que la acción transcurre en 1982, cuando el autor tenía doce años, la misma edad que Oskar en la ficción. Es más, al final del libro escribió: “Todo lo narrado en este libro ha ocurrido realmente, aunque no de esta manera”.

El director Tomas Alfredson confesó no ser fanático del horror ni de los vampiros. Tal vez en parte por eso logra una joyita alejada de los tópicos de los bebehemoglobina. Es verdad que se respetan ciertas reglas de la mitología vampírica (como que uno de estos seres ingresa a casa ajena sólo si uno lo invita, de ahí el título original de la película), pero con una vuelta de tuerca distinta.

Como se habrán dado cuenta, Criatura… es la antítesis de la saga de Crepúsculo. Pero ya se anunció la remake estadounidense, aparentemente dirigida por Matt Reeves (el mismo de Cloverfield), a estrenarse en 2010. A Alfredson no le gusta la idea, pero a Lindqvist sí. Igual, la peli se filmaría de todas maneras. Será difícil que una versión yanqui pueda respetar el espíritu de la original, pero quién sabe.

Por si no los convencí de verla, los dejo con unas palabras de Guillermo del Toro: “(Criatura de la Noche es) Un inolvidable y poético film que no te podés perder. Un cuento de hadas escalofriante”. 

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