A Sala Llena

Crimes of the Future

EL ÚLTIMO ROMÁNTICO

Me acabo de dar cuenta de que de las últimas cinco películas de Cronenberg no vi tres. Probablemente se deba a que cada vez veo menos películas, solo las que se me cruzan en el camino por una razón u otra. Y Cronenberg se me cruzó poco en este tiempo porque es un director que pasó de moda. Es cierto que sigue siendo uno de esos nombres que aun se muestran en el Festival de Cannes, pero despiertan cada vez menos interés. Hablando de Cannes, recuerdo que en 1999 coincidimos en el aeropuerto de Niza, al que él llegaba para ser presidente del jurado. Recuerdo también que Flavia no pudo contener su cholulismo, le dio la mano y le deseó suerte. Una suerte que, en realidad tuvo, porque ese año le dieron la Palma de Oro a Rosetta de los hermanos Dardenne, unos desconocidos que después se acostumbraron a recibirla seguido. Al darle el premio a Rosetta, Cronenberg y sus jurados le quitaron —para mi más amplia satisfacción— la Palma a Todo sobre mi madre de Almodóvar. Más de veinte años después, sobre todo entre ciertos cinéfilos, se ha impuesto la idea de que Almodóvar es más bueno que Douglas Sirk, así como la de que los Dardenne son unos inservibles y que Cronenberg no anda lejos de ser material de descarte y que se limita a repetirse a sí mismo con menos gracia. 

Así como cada vez veo menos películas, me siento cada día menos inclinado a participar en las disputas de la cinefilia. De todos modos, tiendo a coincidir con el rechazo al naturalismo machacón de los Dardenne, aunque el neoclasicismo pringoso de Almodóvar no logró nunca convencerme. Es más, tiendo a pensar que España nunca dio un gran cineasta (ni el perezoso Erice, que conste en actas). Bueno, también pienso que la Argentina nunca dio un gran cineasta (ni el desparejo Favio, que también conste), pero eso será motivo de otra discusión, ya que acá hemos venido para hablar de Cronenberg. Y Cronenberg me parece que sí es un gran cineasta. A ver, tal vez no grande como Ford, Ozu o Fassbinder, pero ciertamente de los mejores en actividad. De los tres que acabo de nombrar (podría haber agregado a Renoir o a Godard o a Hitchcock entre otros, pero no viene al caso andar haciendo listas), Cronenberg está más cerca de Fassbinder, en el sentido de que no es necesario que sus películas deban gustarle necesariamente a cualquiera que tenga ojos (si a alguien no le gustan Ford u Ozu es mejor que deje de leer porque le acabo de sacar la tarjeta roja de esta nota). En cambio, la gente tiene derecho a que no le guste Cronenberg, aunque se trate de un malentendido o provenga de cierta repugnancia ante las deformidades, aberraciones y mutilaciones que suelen aparecer en sus películas. Pero lo mismo se podría decir de Freaks, la película que demostró que el cine dominaba la alquimia necesaria para convertir lo monstruoso en sublime.  

Crimes of the Future, con sus instrumentos médicos, sus mutantes, su erotismo excéntrico, sus incursiones al dolor, su fusión entre la teconología y la carne recuerda a viejas películas de Cronenberg como Almuerzo desnudo, Crash, Dead Ringers e incluso a Videodrome y las de la época en la que se suponía que Cronenberg hacía películas de terror. En realidad siempre hizo otra cosa, que fue explorar su personal sincretismo: películas sutilmente cómicas y fuertemente románticas que toman las convenciones de los géneros y las procesan junto con las apuestas de la vanguardia artística, intelectual y científica, un proceso cuya metáfora perfecta podría ser La mosca. Películas siempre placenteras cuyo material puede ser alto o bajo, grotesco o intelectual pero —y por eso se trata de un enorme cineasta— no pierden nunca de vista que el cine es imaginación, fantasía y falsedad, aunque siempre es verdadero cuando está en buenas manos. Le hago unas preguntas al lector escéptico: ¿pueden citar muchas parejas del cine contemporáneo cuyos integrantes sean tan fotogénicos, tan simpáticos, tan carismáticos, tan atractivos como Léa Seydoux y Viggo Mortensen? ¿Pueden citar muchas historias de amor más profundas que la que viven estos personajes, capaces de cuidar y respetar del otro con una devoción semejante?  

Hay una elegancia radical en Crimes of the Future, apoyada en la fluidez de los planos, la belleza de los cuerpos y la economía narrativa. Cronenberg puede ser el último romántico en un mundo que agoniza, pero la película parece más bien un llamado de atención ante el desperdicio de recursos de un mundo que podría ser hermoso a partir del alma de los artistas. En realidad, Cronenberg no hace lo que se llama cine de arte sino cine a partir del arte, acaso el único proyecto actual en el que la ficción se apoya en esa base. En el centro de Crimes of the Future hay una pareja de performers que parece inspirada en la obra de Marina Abramovic, en sus instalaciones en torno al dolor y el sufrimiento desde una perspectiva estoica. Pero lo que podría llamarse el toque Cronenberg es el descubrimiento de que la condición que el cine requiere para tratar el arte elevado es la ironía (El almuerzo desnudo es un perfecto ejemplo, pero también Un método peligroso, una de las miradas más inteligentes que se haya posado sobre Freud). Pero también que la vanguardia y la ironía que esta necesita como antídoto de la estupidez y la solemnidad florecen cuando se las potencia con la tradición cinematográfica de la intriga, el romance y la aventura.  

Después de todo, Crimes of the Future es un policial negro que transcurre en un futuro apocalíptico (hay un eco de Blade Runner en la trama), un espacio retrofuturista en el que la tecnología médica más sofisticada convive con la ausencia absoluta de teléfonos celulares, en la que también hay asesinatos, sectas, batallas políticas y una profusión de dobles agentes y planes secretos. Como en Crash, el erotismo está asociado a las máquinas, esta vez a la cirugía presentada como “el nuevo sexo”, un comentario sobre el esnobismo pero también sobre el deseo de libertad y de autenticidad. El dúo Mortensen-Seydoux, con los nuevos órganos que él produce y ella extirpa en público está en el centro de una encrucijada que se expresa mediante una incertidumbre que nunca se resuelve: la sospecha de que ya está todo perdido, pero al menos todavía podemos sentirlo: esa es acaso la obsesión que Cronenberg viene filmando hace más de cincuenta años en un país como Canadá que ha hecho del no darse cuenta una política de Estado.  

(Canada, Grecia, Francia, Reino Unido, 2022)

Guion, dirección: David Cronenberg. Elenco: Viggo Mortensen, Léa Seydoux, Kristen Stewart, Don McKellar. Producción:Robert Lantos, Steve Solomos. Duración: 107 minutos.

1 comentario en “Crimes of the Future”

  1. Fernanda Sallies

    Las máquinas humanoides en un mundo en el que parecía que había explotado una bomba nuclear, y que no había nada de tecnología, ni se sabía de que vivía o hacia la gente de ese mundo, además de trabajar en el estado y espectáculos, que carecían de toda infraestructura humana y técnica para ser posibles, chocaba todo el tiempo con dejarme a entrar al juego de su verosimilitud. El guión llegó a su punto pleno de superficial cuando el empleado estatal explica el nuevo sexo. Respecto a las actuaciones, considero que Cristin Steward estaba fuera de registro, sobreactuaba. La escena pre lésbica, para que? Me llama la atención en un director tan prestigioso. Por favor no le corten el pelo a Lea Sedoux xq tienen un rostro muy grande y no le queda bien. Porque Viggo Mortensen aparecía en la calle siempre agachado, y para colmo en puertos con barcos abandonados…hay cuestiones que x más que haya pasado una bomba super destructiva, la tecnología avanzado y la civilización evolucionado, hay cuestiones que seguirán existiendo aunque en un modo diferente tal vez. Que necesidad de plantear un futuro donde esta todo venido a bajo y no se rescata ni un objeto, cuando no es el tema? Habrá una exacerbación de órganos freaky? No bastaba con limitarse al tema de digerir plástico y sus consecuencias ambientales, sociales, etc…por ej: que pasaría con todo lo que ahora consumimos? Los animales, frutas y verduras nos taparon el planeta….el cambio ambiental y social…, a eso se le suma que no sienten dolor ( la terrible explicación del empleado del estado es más que obvia, repito) y sienten placer sexual a través de las cirugías…? No es mucho…si estuviese planteado bien, y no no se preguntaría, pero si se los ve sentirlas cuando estos personajes imaginan que cuando hacen…acaso eso ya no sucede? Rescato el final, que era el esperado, porque entre tanto caos, algo de coherencia se pedía a gritos.

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