A Sala Llena

Wandavision

LA METAFÍSICA DE LAS REFERENCIAS

La quinta serie ficcional live-action del Universo Cinematográfico de Marvel –teniendo en cuenta las cuatro anteriores producidas por la ABC- es la primera que dispone de dos protagonistas no tan secundarios de la franquicia en los roles principales. Como era de esperar, cada lanzamiento semanal tuvo repercusión en las redes sociales y la compañía del ratón recuperó el foco de atención comiquero que tan pausado estuvo a causa de las postergaciones de sus estrenos en pantalla grande.

WandaVision es además la primera apuesta audiovisual de Marvel con Disney como productora, distribuidora y exhibidora. Creada por Jac Schaeffer (una de las co guionistas de Capitana Marvel y la aún no estrenada Black Widow), tiene su claro antecedente en dos escenas de Capitán América – Civil War: una en la primera visita de Vision (Paul Bettany) a la habitación de Wanda Maximoff (Elizabeth Olsen); y la otra en la cocina de los Vengadores, donde este intenta levantarle el ánimo a ella con “una pizca de paprika”.

A la serie en sí misma y su vínculo con sus públicos podemos distinguirle tres etapas, más simultáneas que consecutivas. La primera, la más –digamos- arriesgada, es aquella en la que Marvel Studios se manifestó como algo que nunca fue; una sátira que entabla simetrías firmes con series del mismo estilo y estrenadas en distintas décadas, como también simetrías lábiles hacia sus referentes de las historietas y las películas relacionadas a superhéroes y mutantes de las últimas décadas. En la segunda etapa, se restablece la presencia de personajes no pertenecientes a las películas mejor puntuadas por los supuestos consensos de siempre, sumando nuevos puntos de vista a la fábula explícita y ofreciendo determinadas pistas sobre qué espacio ocuparía este nuevo mundo en el mapa conocido hasta la fecha. La última etapa es el business as usual marveliano en todo su brillo, convirtiendo a todas las pistas en respuestas concretas y decretando sus habituales apuestas a futuro.

Con ver solo los tres primeros de los nueve episodios y las primeras oleadas de especulaciones, todo podía apuntar tranquilamente a un resultado abierto, similar al regreso de Twin Peaks en su sola condición de “rareza”, pese a que instintivamente sabíamos que era imposible. Si hay una tendencia definitiva con estas películas y series, es el hipervínculo ilimitado, informativo y a veces formal con lo pasado y lo futuro. WandaVision no es la excepción. Aquello lo aplicó todo junto y ontológicamente, pero no necesariamente con datos tradicionales, ya que su mayor tradición es, todavía, el entendimiento de las referencias, con los monos voladores de El mago de Oz al pie de la letra, incluso convocando al aporte de Sam Raimi en la cartelera del cine del pueblo.

La metafísica está reservada para seres de inteligencia superior. En este caso, para los dos sintezoides que detienen sus puñetazos en una biblioteca, haciendo una cita pertinente a la Paradoja de Teseo, como es común, con la exclusiva finalidad de asegurar el futuro de un personaje y no tanto para poner en su máxima operatividad a los elementos que conviven en escena.

¿Está mal sembrar arcos venideros a partir de finales abiertos? Por supuesto que no. Lo que sí es una picardía es que dichos arcos estén menos a favor de la continuidad de la obra y más al servicio de puntos de giro sorpresivos. El ejemplo por excelencia lo tenemos en la revelación del alter ego de Wanda. En el quinto episodio, Jimmy Woo (Randall Park) nos hace notar que ella no tiene un “alias” o “apodo gracioso” para abrirle paso a la gran sorpresa del episodio de las revelaciones: Wanda Maximoff es la Bruja Escarlata.

Tal episodio, el octavo, es problemático por muchas razones. Una de ellas es que escupe a diestra y siniestra todos los referentes aplicados en todos los episodios en los que prima el estilo sitcom, provocando el bloqueo del juego de cazar las referencias y reduciéndose al mero acto de confirmarle al cazador de referencias semanal que ha ido cazando las referencias correctas. A su vez, nada de lo expuesto ante Wanda –salvo la explicación de su brujería-ofrece una nueva perspectiva que invite a revisar desde otro ángulo todo lo que ya sabíamos de ella. La sola aparición de Agatha Harkness nos confirmaba la falsedad de las muy logradas sospechas de que Wanda perdió su interés por el bien común, adulterando la compasión y el poder de decisión de inocentes con absoluta impunidad. La sucesión de eventos comprendida, en esa forma ingeniosa de flashback,que ofrece el octavo episodio,cumple la función de comprar drama y consigue las acostumbradas y extraordinarias actuaciones de Elizabeth Olsen, Paul Bettany y una manipuladora Kathryn Hahn, pero, antes que “detener el ritmo” -como suele quejarse el culto al contenidismo – engendra primero una redundancia en relación al conocimiento de los hechos y descarta la posibilidad de establecer una simetría inmanente y persistente a lo largo de la obra.

No es que las películas y series del Universo Cinematográfico de Marvel no estén en condiciones de operar simbólicamente, ni que esta cualidad sea solo reservada al Marvel correspondido a lo que fuera 20th Century Fox. A propósito de los 20 años de la saga mutante, ya hemos hablado de cómo la primera entrega de Bryan Singer se sostiene metafísicamente con una alianza entre el norte y el sur del territorio norteamericano y de la trayectoria de la bala de adamantio en Logan y su vínculo con su otredad que, al igual que Hombre Lobo, fue inventada por el cine con motivos de transhumanar la gesta heroica de su protagonista. Por el lado del UCM podemos añadir que este año, tal vez, hablaremos extendidamente sobre una de las películas a las que no se le escapan estos tipos de manifestaciones de lo eterno, liquidando lo efímero de un repentino señalamiento de referencias.

Si WandaVision nos conquista, es porque la dupla de Olsen y Bettany se mantiene en llamas constantemente. Al margen de nuestra discrepancia por nunca desplazar la pura referencia, hay citas tácitas muy conmovedoras, como cuando la familia Maximoff luce la misma pose que la familia de Los Increíbles al verse rodeados por la organización militar de turno, combatiendo como equipo por primera vez, en el episodio final. Randall Park y Kat Dennings están siempre al borde de ser los sabihondos insoportables, pero están muy bien aprovechados en su función de activar los atajos de guión. Teyonah Parris, aparte de hacer de puente entre la Capitana Marvel y lo que viene, opera como una sólida tercera posición que nos hace temer por la integridad de Wanda.

La serie finiquitó su condición inicial en los últimos minutos, no de la manera más pertinente, debido a su puesta en escena y a la vez, hay que decirlo, con una puesta de cámaras y una soltura de efectos prácticos y digitales que hasta superan a mucho de lo visto en cines. El ingrediente de los cambios de formatos es algo accesorio y, de nuevo, otra oda a la falsa metafísica de las referencias. El elenco, en particular el principal, es un tesoro anticipado y ahora confirmado. Tenía la capacidad de valerse más, pero WandaVision se justifica por la familia que nos presentaron, la intriga –aunque no el suspenso- sostenido semana a semana y, sobre todo, por ver cómo los amantes de la especulación jalaron de todas las bombas de trampa cazabobos que los realizadores depositaron tanto mediáticamente como en cada uno de los nueve episodios.

 

 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Estados Unidos, 2021)

Creadora: JacSchaeffer. Dirección: MattShakman. Elenco: Elizabeth Olsen, Paul Bettany, Kathryn Hahn, Teyonah Parris, Randall Park, Kat Dennings. Producción: Chuck Hayward.

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