A Sala Llena

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CRÍTICAS - CINE

Desafiantes (Challengers)

VAIVENES

Mirar a los espectadores en las gradas cercanas a una cancha de tenis puede ser un espectáculo bastante cómico si uno se lo pone a pensar. Ver como las cabezas giran con el ritmo de cada pelota que rebota de raqueta a raqueta casi al unísono puede despertar un poco de risa aunque los jugadores en la cancha estén atravesados por el sudor y la tensión.

Dicho esto, debe decirse que ese giro de cabeza lo que puede tener de cómico también lo tiene de involuntario, un ritmo con la mecánica de un metrónomo, pero que a diferencia de este, el vaivén de la pelota empieza de forma pausada y progresivamente se acorta. Con cada acorte los tenistas empiezan a gruñir con cada saque de la raqueta hasta que la pelota cae marcando un clímax parecido al sexual que solo deja a uno satisfecho. Es acá donde el espectador cae en la cuenta que su atención fue capturada y sostenida casi sin darse cuenta. 

Esta es la lógica con la que se mueve el guion de Justin Kuritzkes y la puesta en escena de Luca Guadagnino. 

Ese vaivén de la pelota es también un vaivén en el tiempo. Que no sólo va de un punto en el pasado al presente narrativo, sino que ese pasado avanza, haciendo que la brecha entre ambos tiempos se achique progresivamente del mismo modo que la pelota en tenso vaivén entre dos tenistas en pleno juego.

Ese vaivén también es el de la cámara (y desde luego del montaje) cuando panea de sujeto a sujeto, independientemente de que estén o no en una cancha de tenis.

Ese vaivén es el de Tashi Duncan (Zendaya en un rol que deja completa y sólidamente atrás los roles de teenager que la pusieron en el mapa) que va de la adolescencia a la adultez, entre un amor y otro. Como si ella representara la pelota en el intercambio entre los personajes de Mike Faist y Josh O’Connor. ¿Quién tiene el control? La fuerza del envión de los jugadores o la fuerza de la gravedad que guía a la pelota.

Ese vaivén es el que está también en la partitura de Trent Reznor y Atticus Ross, que pueden parecer muy publicitarios, pero son en gran parte responsables de que uno pueda jurar que nos recuerda el rebote de la pelota que va de raqueta a raqueta. Marcando el ritmo, como si de un metrónomo se tratara, esta vez sí en el completo sentido del elemento.

Se podría esgrimir el argumento de que el tono y el tema de esta película reside en una paráfrasis de una cita de Oscar Wilde: “Cualquier cosa en este mundo tiene que ver con sexo, excepto el sexo en sí. El sexo tiene que ver con el Tenis.” 

La primera parte de la cita habla de los dos vértices masculinos de este triángulo. La segunda habla del vértice femenino que lo conforma. 

Para los primeros el tenis es el lenguaje con el que los personajes marcan territorio en cuanto a la conquista de alguien del sexo opuesto. Para la segunda el contacto físico involucrado en el acto sexual la lleva inevitablemente a pensar en el Tenis, un momento obsesivo que podríamos decir pone de manifiesto que este deporte es toda la identidad de Tashi Duncan.

Contar una historia de mucha tensión sexual en el universo del tenis profesional es una combinación que no está puesta por capricho. Hay muchos fanáticos que dirían que un partido de Tenis es un intercambio intimo entre los dos jugadores desempeñando el partido que tenemos el privilegio de poder atestiguar, como no lo sería un acto sexual. 

También es la manera de Kuritzkes y Guadagnino de mostrar que hay ciertas competencias que no se limitan al tiempo y lugar de una sola cancha, sino de varias.

(Estados Unidos, 2024)

Dirección: Luca Guadagnino. Guion: Justin Kuritzkes. Elenco: Zendaya, Mike Faist, Josh O’Connor, Bryan Doo. Producción: Luca Guadagnino, Rachel O’Connor, Amy Pascal, Zendaya. Duración: 131 minutos.

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