A Sala Llena

Desde Mi Cielo, según Rodolfo Weisskirch

“Es mejor intentar evolucionar y caer en un fracaso humillante que ir a lo seguro, o peor aun, tratar de ganarse el favor de los demás”.

Aunque no lo parezcan, estas palabras pertenecen a Woody Allen. Justamente, las leí una noche antes de ver Desde mi Cielo, y se podrían relacionar directamente con una frase no demasiado trascendente a nivel narrativo, pero sí llamativa, tomando en consideración la poca repercusión, que el último y esperado trabajo de Peter Jackson tuvieron entre la crítica y el público internacional:

“¿Acaso no se valora la creatividad en esta familia?”

Parece la pregunta que el director debería hacer en Hollywood, y a sus retractores.



Un Poco de Historia 

Corría el año 1990 y a mi casa llegaba, al principio por error, el catálogo de lanzamientos en video de AVH: “Contacto en Video”, editado por Dardo Ferrari, quien después tendría un trascendente (para los cinéfilos) programa sobre avances e historia de películas, sin la pretensión elitista de Morrelli y Berrutti, y que, sin dudas, influenciaría sobre Axel Kuschevatzky, por ejemplo, para crear programas de trasnoche similares.

Recuerdo perfectamente (además de tenerla ya mismo a mi lado) que en una edición me llamó la atención, una película de horror llamada Mal Gusto, acerca de unos extraterrestres que llegaban a la Tierra para poner una cadena de hamburgueserías de carne humana. En ese momento, contaba con poca edad y no me llamó la atención.

Bastantes años después, una película inglesa (era neocelandesa, pero en ese momento para mí era lo mismo) con dos jóvenes muchachas llamadas Kate Winslet y Melanie Lynskie, se transformaba en una sorpresiva obra de culto inmediata con las mejores críticas del año. La película se llamaba Criaturas Celestiales. Pero en ese momento las películas que no eran estadounidenses me llamaban poco y nada la atención.

Con el paso de los años, el terror me empezó a llamar la atención y me encantaban las historias de fantasmas. De esta manera descubrí, la que se transformaría en una de las últimas películas con Michael J. Fox: Muertos de Miedo (The Frighteners), ninguna obra maestra, pero bastante original en su concepción, con efectos especiales interesantes, y sobretodo una sobria combinación de humor y fantasía, con algo de romance. Sorpresivamente, no era la única Muertos de Miedo que uno podía encontrar en un video club.  Había otra más que me atemorizaba: Braindead, “la película más sangrienta de la historia del cine”, según rezaba la cajita. Decidí que todavía no era hora de verla.

Realmente, este prontuario cinematográfico no pregonaría lo que vendría inmediatamente después en la carrera de su realizador, el gordito y desgarbado, Peter Jackson.

No hace falta aclarar que El Señor de los Anillos, puso por fin a este director neocelandés en el mapa de la cinematografía mundial, adaptando, lo que para algunos es, una obra imposible de adaptar que había sido tratada de llevar a la pantalla grande, en versiones animadas, a las que no les fue demasiado bien.

Jackson lo hizo posible, y este humilde cinéfilo empezó a investigar los antecedentes del mismo , y descubrir para su sorpresa, que conocía toda la obra anterior, pero nunca la había visto. Por tanto, empecé a ver todas (me falta la sangrienta, Meet the Feebles, difícil de conseguir, pero hecha con títeres). Quedé realmente deslumbrado por el ingenio, el humor, la fantasía y la melancolía de su creador. Inclusive el falso documental Forgotten Silver, es una obra maestra. Me di cuenta, que El Señor… era una obra “menor” comparada a todo lo anterior.

Tras dos años de intervalo, Jackson nos trajo una versión muy cinéfila, melancólica y muy extensa de King Kong. La película tiene muchos retractores, pero a pesar de ciertos excesos (la pelea con los Tiranosaurios) y algún que otro error de casting (Adrian Brody), es una obra hermosa. Una de las mejores historias de amor cursi bien realizadas de los últimos años. Naomi Watts y Andy Serkis (como Kong) conforman una pareja tan increíble como inverosímil, pero llena de pasión y autenticidad.

Por supuesto, que al tomarse cuatro años, para estrenar su próximo proyecto, el seguidor de Jackson, pretende encontrar un esfuerzo a la altura de las expectativas generadas.

Aclaro que no conocía ni había leído el best seller de Alice Sebold, pero tampoco estaba interesado en saber mucho sobre él. Simplemente quería sorprenderme con la película de Jackson. Las primeras fotos y el primer trailer eran prometedores. Imágenes oníricas generadas por efectos especiales, sobre la particular visión de Jackson acerca del “cielo” abrían esperanzas de encontrarnos con LA película del año. Pensaba que Desde mi Cielo se convertiría en la gran sorpresa que destronaría el fenómeno Avatar. O sea, confiaba más en la narrativa y creatividad de Jackson que en la técnica de Cameron.

Tales expectativas empezaron a caer, cuando las primeras críticas resultaron ser… desastrosas. Un “ídolo” no puede caer tan fácilmente. Por esto mismo, tenía mucha curiosidad por ver cuan “mala” podía resultar la obra de una gran director.

El Imperfecto Arte de un Autor

Es difícil explicar la sensación que produce ver algo, que el fondo, y desde la objetividad uno sabe que tiene falencias, pero por otro lado no puede dejar de admitir que le produce cierta emoción interna relacionada con el hecho de estar viendo una obra personal, arriesgada, que no está típicamente hecha para gustar.

Desde una visión estrictamente crítica debo admitir, que Avatar (la cual perfilaba como la principal competidora de la película de Jackson) es un producto más redondo a nivel cinematográfico, pero también más mecánico, manufacturado por máquinas, prefabricado,  demasiado preconcebido, previsible a nivel narrativo. Cuando uno ve Avatar no parece que se tratara de una propuesta arriesgada sino de un “éxito seguro”.

Pero Desde mi Cielo, tiene el gusto de aquella obra hecha para uno, de una obra que se anima a combinar géneros, tonos y formas por momentos,  arbitraria y azarosamente; desprolija, pero a la vez, con picos de belleza. Aquel que vio y supo disfrutar de la obra de Jackson antes de los Hobbits, puede reconocer que todavía queda en la mente de esto hombrecillo, ese sello autoral, personal, esa melancolía y romanticismo cursi. La espina de la rosa, el perfil macabro del adolescente que no abandonó su infancia y el mundo de la fantasía. O sea, todo lo que resumía Criaturas Celestiales, allá por ’94.

La verdadera magia interna de Jackson no está perdida ante la excesiva imaginación y los efectos de computadora generados por CGI, así como todavía quedan atisbos del director de cine clase B (o Z) que empezó su carrera junto con su novia Fran Walsh, allá a fines de los ’80 con Mal Gusto en Nueva Zelanda.

Esta vez el problema surge con las intenciones y las ambiciones: Jackson no quiere revolucionar la técnica sino, contar una fábula, un cuento de hadas surrealista, de la forma más “linda” y “emocionante” posible, ensalzando, los valores familiares y la justicia poética (“el destino se encargará de implementar la justicia”). Ahora bien, los tonos varía de acuerdo a la escena y el personaje. Si lo vemos desde el punto de vista de Susie Salmon (Saoirse Ronan, hermosa, honesta y soberbia) se trata de una fantasía melancólica, con elementos típicos del Spielberg (no por nada es el productor ejecutivo) de Siempre e Inteligencia Artificial, dentro de un mundo (un tipo de Purgatorio donde las víctimas de Mr. Harvey esperan para ser liberadas) que podría haber sido diseñado por Tim Burton, o que evoca a Más Allá de los Sueños o las fantasías de las protagonistas de Criaturas…

Si tomamos en cuenta la visión del personaje del siniestro psicópata compuesto por un irreconocible y extraordinario Stanley Tucci, se trata de un thriller psicológico, con componentes de M, El Vampiro de Fritz Lang (en ambos casos, también son pedófilos, pero ambos correctamente deciden no ser obvios en ese aspecto). Combinando ambos mundos, uno puede reconocer ciertos aspectos de la subvalorada La Celda (donde Jennifer López se metía dentro de la mente del asesino Vincent D’Onofrio).

Pareciera, que a pesar, que el mundo de Susie tiene un gran despliegue técnico y visual, con imágenes realmente maravillosas, aunque también con algunas inclusiones desprolijas y torpes, uno nunca termina de meterse dentro o seguir maravillándose, porque la realidad (el cuento real) intercede, y como sucede con toda la película en sí cada secuencia es interrumpida y no termina por disfrutarse, desarrollarse y profundizarse a pleno, o al máximo. Hay demasiado personajes secundarios y demasiada subtramas.

Para seguir con el análisis de los personajes, encontramos el melodrama familiar, la ruptura del matrimonio perfecto, los padres de Susie, y como esto afecta a los dos hijos menores. En este sentido, Jackson apela a caer en la telenovela lacrimógena. Ciertas situaciones no logran salirse de la solución banal y simplista. La actuación de Mark Walhberg como el obsesivo Jack, padre de la protagonista no ayuda y no resulta creíble, más allá de que el personaje tiene mucha profundidad y complejidad. Lo opuesto sucede con Abigail, la madre. Rachel Weisz se ve soberbia y cómoda en el rol, creíble, pero es un personaje injustamente dejado a un lado muy rápidamente. En este sentido, mucho más equilibrada está Susan Sarandon, como la borracha y extrovertida abuela de Susie. El problema surge que Jackson interrumpe el melodrama para incluir, una secuencia humorística descriptiva del personaje, que genera una doble sensación de incomodidad y desconcierto, al cortar el clima de forma tan abrupta por una secuencia tan simpática.

Poco aporta la subtrama policial a cargo de Michael Imperioli, en un rol solvente.

Y si todo esto fuera poco, no se deja de lado, la subtrama romántica, de cómo Susie perdió a su primer amor, su primer beso, su primer hombre. Entre la cursilería más básica y la ingenuidad, Jackson fuerza el relato para que este aspecto tampoco quede afuera.

¿Y acaso el resultado final no es un poco exagerado? Sí. Nada termina realmente por cerrar. O mejor dicho, se cierra de la manera más simplista y televisiva posible.

Esta vez, Jackson, Walsh y Phillipa Boyens, no pudieron amalgar bien todos los aspectos que plantea la novela y el resultado es incompleto. Uno termina teniendo la sensación que podría haber visto más y mejor, si algunas escenas no fueran innecesariamente tan largas, solemnes y melodramáticas.

Sin embargo, no se trata de un desperdicio. Jackson aprovecha para plasmar dos excelentes escenas de suspenso en la que el personaje del Mr. Harvey, gracias a la sutil gestualidad y transformación de Tucci logra mantener una tensión feroz. La persecución dentro de la casa a Lindsey Salmon (Ruth Connors en un excelente debut) es magistral, digna del mejor Hitchcock. Todas las secuencias que incluyen a Mr. Harvey son realmente lo mejor de la película.

A nivel visual es irreprochable, desde la fotografía de Lesnie o el arte de Naomi Shohan (que además de crear el celestial mundo de Susie, reconstruye meticulosamente los años ’70 en los que sucede la historia) hasta la poética banda sonora de Brian Eno, o los efectos especiales se nota una meticulosidad y personalidad creativa por parte de Jackson. No faltan, además un cameo, ni el cartel de una novela adaptada en el pasado por su director. Lo que se puede leer como la firma definitiva que no se trata de un convencional trabajo por encargo. 

Personalidad

Aun con sus falencias, la película transmite pasión y amor de los realizadores por su creación, por sus personajes, y por cada objeto, ninguno incluido azarosamente. Todos tienen una connotación narrativa y simbólica (por momentos demasiado simbólicas, subrayadas y obvias).

Pero a pesar de todo, ese amor es transmitido al espectador, y solo un alma demasiado fría y aburrida no puede sentirse conmovida por la cursilería, la simpatía de este complejo rompecabezas, que no es más ni menos que un macabro cuento de hadas existencialista, que no elude el sermón, pero por otro lado irradia belleza y lirismo, por momentos impuesto, en otros auténtico.

Desde mi Cielo es una obra de autor, personal, imperfecta, encantadora, que los seguidores de Peter Jackson, (aquel gordito con cara de nabo que se enfrentaba a espantosos extraterrestres, mientras que la materia gris colgaba de su cabeza), a pesar de todo, sabrán apreciar y admirar.

 

 

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