A Sala Llena

Día de la Independencia: Contraataque (Independence Day: Resurgence)

(Estados Unidos, 2016)

Dirección: Roland Emmerich. Guión: Roland Emmerich, Nicolas Wright, James A. Woods, Dean Devlin y James Vanderbilt. Elenco: Jeff Goldblum, Liam Hemsworth, Bill Pullman, Vivica A. Fox, William Fichtner, Jessie T. Usher, Charlotte Gainsbourg, Maika Monroe, Joey King. Producción: Roland Emmerich, Dean Devlin y Harald Kloser. Distribuidora: Fox. Duración: 120 minutos.

En 1996 todo era nuevo. A diferencia de Encuentros Cercanos del Tercer Tipo (1977), los extraterrestres de Día de la Independencia (1996) eran hostiles. Venían a invadir y no sólo eso: nos venían a exterminar. En Encuentros Cercanos del Tercer Tipo les tocamos una melodía con un teclado y ellos nos respondían con otra que la complementaba. Todo era alegría y felicidad. Ninguna ciudad era destruida ni nadie moría en vano. Pero llegó Roland Emmerich y eso cambió: naves gigantes destrozaron el planeta, aniquilaron pueblos, ciudades y culturas, pero dos patriotas (?) apuntaron su pequeña nave a la nodriza y la derribaron con un virus de computadora. Veinte años después las cosas son diferentes. El director de Godzilla, El Día Después de Mañana, 2012, Stargate, Soldado Universal, etc. vuelve a la carga con Día de la Independencia: Contraataque (2016). Claro que el “contraataque” no es de parte nuestra sino de ellos. Luego de ganar la batalla en 1996, Estados Unidos toma la tecnología (porque los otros países no la poseen) adquirida tras la victoria ante los alienígenas para usarla como propia. De esta manera los norteamericanos pudieron construir una base militar en la Luna, ante posibles nuevas amenazas. Obviamente, la nueva amenaza llega y no es como la primera: vienen dispuestos a no perder de nuevo. Atacan con violencia y con una nave mucho más grande que la anterior. Llegan dispuestos a quedarse definitivamente con el planeta. Para enfrentarlos, el hijo del personaje que encarnó Will Smith se une a una elite militar y, junto al -ahora ex- presidente Whitmore (Bill Pullman) y al científico David Levinson (Jeff Goldblum), vuelven a enfrentar a esta raza de aliens exterminadores.

Las escenas de destrucción son tan reales que impresionan. Pero son en Asia y en Europa, no en Estados Unidos. Algo cambió en el paradigma de las películas que contienen catástrofes. En Batman vs. Superman: El Origen de la Justicia (2016) las peleas, a diferencia de su antecesora El Hombre de Acero (2013), transcurren en lugares donde no hay ciudadanos inocentes que matar ni edificios que romper; y en Capitán América: Civil War (2016) este cambio de escenario está blanqueado en el mismo guión (demasiados civiles muertos y ciudades devastadas a causa de las batallas libradas en pos de salvar al mundo). Hoy Día de la Independencia: Contraataque hace lo mismo. Así como en 1996 vimos partirse la Estatua de la Libertad y vimos cómo la nave destrozaba la Casa Blanca, en 2016 la batalla se lleva a cabo en el desierto. Ni un militar muerto. Ni una gota de sangre humana en pantalla. Ni un edificio derribado. Lo dicho: algo cambió.

Y sí, en 1996 todo era nuevo, pero en 2016 ya no. La película no sorprende. Por momentos los discursos de los personajes, sobre todo los del ex presidente Whitmore, parecen sacados de manuales baratos de autoayuda. Al igual que en 1996, los invasores deciden atacar el planeta Tierra un cuatro de julio, día de la independencia de Estados Unidos. Veinte años después hacen lo mismo el mismo día y ya cansa. La idea de que la independencia del mundo entero coincida con la norteamericana molesta.

Otras invasiones alienígenas han tenido los mismos altibajos en el cine. Podemos pensar en la versión de Steven Spielberg de La Guerra de los  Mundos (2005): aunque allí no se contaba nada nuevo, al menos el film tenía algunas escenas de suspenso memorables. Pero claro, era Spielberg. Incluso en Día de la Independencia, la escena de la autopsia al extraterrestre es recordada por quien escribe como uno de los sustos más grandes dentro de un cine; la versión de 2016 no tiene ni siquiera eso. Todo lo que se supone que tiene que ocurrir, ocurre. Todo lo que se supone que los personajes deben decir, lo dicen. Todo lo que “el chico” (Liam Hemsworth) debe hacer, lo hace. Nada sorprende. Nada es nuevo. Por suerte, el género “extraterrestres” ofrece otras cosas. El sólo pensar en la excelente, oscura y por sobre todas las cosas perturbadora Los Elegidos (Dark Skies, 2013), hace que se pongan de punta los pelitos de la nuca y un frío desagradable recorra la espalda. Nada de eso sucede en Día de la Independencia: Contraataque, más bien todo lo contrario.

calificacion_2

Por Adrián Kaplan Krep

 

¡Marcianos al ataque!

A algunos nos parece que fue ayer, pero allá a mediados de los 90 el cine catástrofe tuvo su propio “contraataque”. Lejos habían quedado mega producciones como La Aventura del Poseidón (1972), Infierno en la Torre (1974) y Terremoto (1974); aun así la segunda mitad de la última década del milenio pasado puso al subgénero nuevamente de moda con títulos como Twister (1996) Dante’s Peak: La Furia de la Montaña (1997), Impacto Profundo (1998) y Armageddon (1998). Pero todos tienen en claro que ese “segundo aire” tuvo lugar gracias a cierta película de Roland Emmerich que mezclaba el patriotismo norteamericano más caricaturesco con el drama humano en medio de una invasión alienígena: Día de la Independencia (Independence Day, 1996).

La película en la que vemos cómo el presidente de los Estados Unidos pilotea un F-116 y los invasores son derrotados gracias a un virus intstalado vía Windows 95 era un producto de acción con todas las letras, pero con el paso del tiempo -y las repeticiones- fue adquiriendo ese aroma camp con el que muchos la identifican hoy en día, gracias al cual es un placer culposo de muchos. Saltamos 20 años y llegamos hasta nuestro 2016, donde nos encontramos con la esperada (¿?) secuela: Día de la Independencia: Contraataque (Independence Day: Resurgence, 2016).

En el vigésimo aniversario del ataque extraterrestre que puso a la humanidad al border del colapso, nos encontramos con una civilización que aprendió a unirse ante la adversidad dejando viejas diferencias de lado; y cuando todos se preparan para celebrar una nueva fecha de la “independencia” del mundo, llegan las malas noticias: los alienígenas orquestan un nuevo ataque contra la Tierra que amenaza con arrasar el planeta, de nuevo.

Descontando a Will Smith, el resto del elenco original de la primera entrega repite roles: Bill Pullman como el ahora ex-presidente de Estados Unidos, que tiene una pelea interna con los efectos colaterales de la primera invasión, Jeff Goldblum como David Levinson, el científico que nuevamente está en lo cierto y a quien nadie escucha hasta que es demasiado tarde, Vivica A. Fox como la conveniente viuda del Capitán Steven Hiller (Smith), Robert Loggia como un general retirado, Brent Spiner como el científico exasperado y Judd Hirsch como el “tate” de Levinson en función “comic relief”.

Las nuevas caras las ponen Liam Hemsworth interpretando al piloto Jake Morrison, Jessie T. Usher como Dylan Hiller, el hijo -también piloto- del fallecido Capitán Hiller, Maika Monroe como Patricia Withmore, la hija del ex presidente que trabaja en la Casa Blanca, y Sela Gard como la presidenta actual de Estados Unidos, a tono con la contemporaneidad y el efecto Hillary Clinton.

El guión autoexplicativo no desperdicia oportunidad alguna de poner en boca de los personajes aquello que acontece, para no correr el riesgo de que algún espectador distraído se pierda en la densa trama y ciertas elípsis temporales desafían la lógica interna del film: algunos personajes tienen la habilidad de ir a una base lunar y regresar a la Tierra de una escena a la otra por pedido exclusivo de los guionistas, a pesar de que el tiempo del relato sigue avanzando a su propio ritmo.

No hay que ser astronauta de la NASA ni piloto de las Fuerzas Aéreas norteamericanas para anticiparse al camino por el que nos llevará el film, decorando con esa gruesa capa propagandista pro-yanki marca Emmerich cada secuencia de batalla, drama humano y charla motivadora en el momento de mayor crisis.

Sin duda el elemento nostálgico y el hecho de contar con el 95% del reparto original son las cuestiones más atractivas de la producción. La original fue adquiriendo ese mencionado tinte camp que le dió estatus de “culto” con el paso del tiempo; en este caso Día de la Independencia: Contraataque contiene desde cero ese espíritu inocente, que puede hacerla caer del lado del consumo irónico o el consumo masivo contemporáneo (sin hacer ningún tipo de juicio valorativo sobre ninguna de las dos alternativas). Restará ver cómo reciben los espectadores del nuevo milenio este cataclismo de alienígenas, naves espaciales, destrucción masiva y Bill Pullman con barba de ermitaño.

calificacion_2

Por Alejandro Turdó

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