A Sala Llena

Julieta, según Sofía Lara Gómez Pisa

Julieta y otras películas del montón.

La última producción del reconocido director y guionista español, basada en los relatos Destino, Pronto y Silencio de la novelista canadiense Alice Munro, se caracteriza por una fotografía, un guión y una dirección de actores impecables, que reflejan la estructura típica del drama “almodobarense” de los últimos años y que a pesar de sudar virtuosismo no superan lo hecho por la mayoría de sus hermanas fílmicas y menos por La Piel que Habito (2011).

Si con La Piel que Habito Pedro había conseguido cumplir el objetivo culmine de toda su filmografía, adentrarse en la piel de una mujer, con Julieta da unos pasos hacia atrás en su carrera para revivir vitales historias como Volver (2006), Los Abrazos Rotos (2009) y Todo sobre mi madre (1999).

Julieta es, al igual que toda chica Almodóvar, una mujer marcada por un destino trunco y trágico. En la temática de Julieta juegan -dialogando con el presente- la inmersión en los “retiros espirituales” característicos de una época donde el posmodernismo juega con la new age y a la vez con el nudo narrativo clásico del drama familiar.

En efecto Julieta está rota. Un antes y un después luego de la desaparición de su hija la envuelven en una depresión de la que quizás nunca podrá librarse.

La película apela al recurso del flashback para rememorar esta historia dividida, y lo hace espectacularmente. Como también cumplirán su rol de manera efectista y elocuente Darío Grandinetti y una Rossy de Palma a la que los años no parecen haberle quitado su inherente talento.

Julieta se entrevera con el drama truculento y a la vez se entrecruza con un discurso patriarcal, siempre presente a modo de desaliento e intento de subversión que aparece en las palabras de la ama de llaves (Rossy de Palma), quien le advierte a la protagonista que si se va de su casa en pos de seguir sus sueños perderá a su familia.

Pero Julieta sigue como puede, construyéndose y reconstruyéndose a través de la tragedia en una búsqueda constante del nido perdido que puede sintetizarse en un primer plano de una foto hecha pedazos, donde intervienen a modo de condiciones de producción los films remarcados anteriormente.

En Julieta (ex Silencio) todo esta cuidado, inclusive la esperanza que hilvana este dramón hacia el final, pero a pesar de sus múltiples virtudes y de su infaltable tinte pop ochentoso que llena la trama de colores intensos y de una femineidad lúcida, no consigue trascender en ningún orden puntual el recorrido que emana de las producciones anteriores de un Almodóvar ya adulto.

calificacion_3

Por Sofía Lara Gómez Pisa

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