A Sala Llena

PANTALLA PINAMAR – Diario del Festival: Día 1 – Parte 1

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La avidez por el cine no tiene fronteras en tipos como yo y como Ud. Vivimos pendientes de las noticias sobre el 7mo arte y en esta ocasión el micro se detiene en la ciudad de Pinamar en donde por octavo año consecutivo se desarrolla Pantalla Pinamar, acaso uno de los festivales que mas ha crecido en los últimos años en términos de público y contenido.

Como toda ciudad costera, la calle principal funciona como el centro neurálgico de la ciudad aunque este no tenga más de 10 o 15 cuadras de longitud. El mar propone la banda de sonido constante e implacable. Estoy sin dormir. Tengo hambre.

Llegamos sobre el pucho al hotel y cuando digo sobre el pucho me refiero a escasos 20 minutos de la primera función porque está claro: aún con hambre y sueño, sólo pienso en ver películas. La gente de la organización es tan amable como ilustrativa a la hora de dar indicaciones de cómo trasponer las 20 cuadras que separan mi habitación de la sala Oasis 1 y 2. De todos modos, los afiches del festival dispuestos a ambos costados de la avenida Bunge funcionan como las piedritas de Hansel y Gretel constituyendo indicadores perfectos hacia el lugar.

El tiempo y las circunstancias han transformado la estructura edilicia del Oasis y lo que se adivina como una de esas grandes salas de pueblo con pullman, hoy son dos salas más pequeñas pero igual de entrañables y acogedoras. Los cines de pueblo siempre tienen un aire a nostalgia envidiable. Carlos Morelli sonríe.

Es en la sala uno donde ocurre la primera proyección. Tomás y yo, cuarto de helado de frutilla en mano, nos sentamos en una de las primeras filas en un cine casi repleto, hemos llegado al objetivo: ver No puedo vivir sin ti.

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