A Sala Llena

El arponero

EMBLEMA DE UNA VIRILIDAD DE OTRO TIEMPO

El comienzo en material de archivo en blanco y negro, que une mediante el fundido encadenado el barco ballenero con la imagen del hombre que osa internarse en ese mar tempestuoso de clima glacial, ya marca el juego entre la atmósfera de la ficción de aventuras y la reconstrucción histórica documental en que se mueve El arponero (2022), tercer film de la trilogía de películas noruego-argentinas del realizador Mirko Stopar.

El director utiliza material de archivo fílmico, del periodismo gráfico y grabaciones de audio de la época, imágenes de la actualidad, intertítulos que homenajean al cine mudo y reuniones de lectura del guion de unos veteranos arponeros (que dejan entrever el artificio cinematográfico) y que aportan también su testimonio. Por medio del montaje, construye la historia de Lars “el maldito” Andersen, un arponero noruego que en su etapa de apogeo (1920-1930) fue considerado un héroe en Noruega y, a través de su figura, narra también parte de la historia de la industria ballenera de su país.

La pelicula dibuja entonces un personaje que bien puede considerarse un émulo del capitán Ahab de Moby Dick de Melville, no exento de una duplicidad de personalidad. Afable en el vecindario y sumiso hacia su esposa Petra en tierra; pero de carácter férreo y tiránico como capitán; su obsesión adrenalínica por la caza de ballenas y las cuantiosas ganancias económicas que le reportan, lo han llevado a transgredir límites geográficos, legales e incluso de lealtad hacia su país, llegando a establecer  récords en la cantidad de animales cazados por temporada.

Tanto del personaje de Lars “el maldito”, como de los testimonios de los veteranos arponeros, se desprende una diferencia con respecto al Capitán Ahab de Melville. Allí donde Ahab es una figura construida en su venganza personal para dar cuenta de la crueldad que habita estructuralmente en el corazón del hombre (porque la maldad que se proyecta hacia la ballena, es en verdad la que está en el interior de Ahab), los ancianos balleneros y Andersen dan cuenta de un fenómeno de nuestro tiempo: ser peones de la codicia de una industria que, como luego lo sería la petrolera, mueve millones. Lo que dan cuenta estos arponeros es de un goce que no tiene principio ni fin, es decir ilimitado (de ahí su alto atractivo) y que se parece mucho al que experimentan los adictos toxicómanos. Se trata de un goce que no tolera por mucho tiempo la pausa de la monotonía hogareña y que me hace evocar a aquel del sargento William James (Jeremy Renner), el desarmador de bombas de The Hurt Locker (2009) de Bigelow, que no puede hacer otra cosa en su vida que vivirla siempre al límite.

Por otra parte, la película documenta la caza de ballenas como parte de la identidad noruega, que construye un tipo de virilidad que se basa en el coraje, la fuerza, el trabajo rudo y, en última instancia, la codicia de aquello que se presenta como otredad y que se encarna en la ballena: colosal, ubicua de modo espaciotemporal en la vastedad de lo desconocido del mar. Si en su film precedente Mermaid on Board (2021) Stopar abordaba lo femenino a través de la figura de Norah Lange y de su osadía para encontrar su propia voz como escritora en un mundo eminentemente masculino: aquí se trata del goce que especifica al varón, como bien da cuenta el epígrafe del comienzo tomado de Moby Dick: “No hay arponero que valga un bledo, si no tiene algo de tiburón”. Se transmite entonces un goce basado en el apoderamiento, en el dominio de lo que, sin embargo y por el momento, todavía resiste como indomeñable en la naturaleza.

El arponero es entonces también la historia de la despiadada cacería humana, producto de la codicia capitalista, hacia una especie cuyo cerebro es el más parecido al nuestro, y que hoy está en peligro de extinción. Se desprende como corolario de una práctica de otra época y de sus consecuencias, sin denuncias ni cancelaciones demonizantes, sino por la fuerza de la propia narrativa y del poder de las imágenes, la necesidad de una mirada más amable hacia el mundo que habitamos. Nada más bello y digno en este contexto, que el gesto del director de darles la palabra a las ballenas, una de las especies más fascinantes de la tierra, que tiene mucho para enseñarnos.

(Noruega, Suecia, Argentina, 2022)

Guion, dirección: Mirko Stopar. Producción ejecutiva: Fito Pochat.

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