A Sala Llena

El Artista (The Artist), según Uriel De Simoni

“Cinema de la résistance”

La modalidad cine sobre cine es, al parecer una de las más explotadas en el 2011 que pasó, pero que admiramos desde un 2012 que se precia por su distancia del arte en estreno como tal.

Desde ópticas distintas, y si, nos referimos al Hugo (EE.UU.; 2011) de Martin Scorsese y a la Medianoche en París (Midnight In Paris; EE.UU.; 2011) de Allen, casualmente ambas nominadas a los premios de la Academia junto con el filme que nos convoca; se retrata al cine y al arte en general desde una nostalgia pura desde lo sensible del cineasta, apuntando hacia un pasado, no casual que ronda en media los años veinte, considerados por muchos como la época dorada de las artes y los artistas; desde cuadros que parecen salir de los sueños de una mente en materia, cuerpo y substancia de celuloide, ya que, tanto en los casos antes nombrados, como en El Artista, el resultado es cine y nada más que cine, es decir y sin exagerar, perfección y belleza consideradas en sí propias y no bajo la subjetivación, sino como conjunto de las mismas para lograr la objetivación final que da cuerpo y entereza a la obra toda.

El héroe en desgracia, la dicotomía nuevo-viejo, moderno-antiguo; la RESISTENCIA al cambio y la premisa que versa que “todo tiempo pasado fue mejor”, son elementos y recursos harto conocidos y explotados en la cinematografía en general, pero desde un orden lógico, correlativo y por demás artístico, El Artista reformula estos postulados para otorgar una vuelta de tuerca desde la contemporaneidad a la época que homenajea con alusiones más que claras al inicio y carrera hitchcockiana, al cine del grandioso Pierre Étoix a través del gag aleación de drama y comedia situacional dentro del contexto de un gran cambio de estilo, de tiempo, de paradigma.

  1. Oportuncrisis. En chino, la palabra crisis también significa oportunidad, en palabras de Lisa Simpson, es en parte lo que plantea El Artista desde el flanco no tanto sentimental, sino desde la añoranza y la experimentación en sí. La cuestión, un tanto existencial que sufrió el séptimo arte con la llegada del sonido como “EL futuro”, y la posterior incorporación del color a la cinta y a la mayor cantidad de fotogramas por segundo, fue el puntapié inicial para que una oleada de artístas del “mudismo” y la música en vivo, entraran en tensión y conflicto para consigo mismos ya que el rotundo cambio y la evolución de un arte de vanguardia donde la representación lo era todo, quitaba fuerzas desde la posibilidad de ejercer una labor y la desorientación respecto del qué hacer y el qué dirán. El Artista retrata con una frialdad y paciencia de trabajo de lobby (gracias The Weinstein Company), una recta ascendente que no baja jamás en su metodología dramática solo para conseguir la meseta ideal en ejes cartesianos de la evolución de un relato que suma conflicto y twists a una narración exquisita caracterizada por Jean Dujardin y Berenice Béjo.
  2. Retrofuturismo. El Artista, con una capacidad increíble de controlar la imagen, la angulación y la creación del espectro de sensaciones que tiene por fin el cine, no vacila al momento de transportarnos a una atmósfera distinta, a una época y temporalidad ajena a lo sumamente nuestro, a las ideologías y desempeños costumbristas de otro contexto espacio-temporal. El cómo lo hace es simplemente genial desde su planteamiento, desde una secuencia de títulos que no fuerza la relación a la que se apunta, sino que con magistral ejecución, pone en juego a la retrospectiva mental que realiza la retina cuando se evoca a una linealidad titular, a formas duras, sencillas pero con un recorte y una asociación tan ligadas al buen arte que no pasan desapercibidas y son efectistas al cien por cien desde la base creativa de Michel Hazanavicius.
  3. (R)evolución. El cambio es notorio en cualquier tipo de situación, espacio, sociedad o internalidad personal. Uno de los problemas que suscitan determinadas instituciones o espacios de pensamiento en el más estricto significado del término, es la representación empática del cambio y el carácter evolutivo en todo orden la existencia. El Artista, como toda obra que comprende una genialidad y que se precie de comprenderla, aplica el reflejo en la memoria de la lente de el cambio que hizo temblar el mundo cinematográfico y todo lo que aquello significo, retratando fielmente los pasos del camino del héroe de los manuales con una magnificencia y simpleza que sorprenden desde la butaca. Esplendor del mudismo, el artista en plena cresta de la ola, la llegada del agente emergente, la debacle, el crecimiento de dicho agente y el resurgimiento como fruto de la comprensión y aprovechamiento de la novedad y como creación de un nicho artístico que debe ser utilizable y ocupable. Revolución comprende la cuestión fotográfica y sonora dentro del filme (a cargo de Guillaume Schiffman y Ludovic Bource respectivamente), que ya pasa de la buena intención creativa para pasar a la genialidad artística plena a partir de la conjunción de los elementos indisolubles, caras de la misma moneda y que se funden en polimerización exacta en concordancia sinérgica.

Sin duda y con merecidísimas nominaciones a los premios de la Academia, El Artista es el claro ejemplo de arte contemporáneo en frecuencia nostálgica con el pasado, con el presente y el futuro para denotar que la magia es posible en todo orden estricto y descontracturado de la existencia. No un grand filme malade a la usanza de Truffaut, no un run for cover a lo Hitchcock, sino cine, Cinema Paradiso.

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