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CRÍTICAS - CINE

El asesino (The Killer)

SIN LUGAR PARA LOS DÉBILES

Fincher vuelve y lo hace en un terreno conocido porque el mundo de los asesinos los exploró de diferentes maneras, y hasta incluso en otros formatos (recordemos su única incursión en las series con Mindhunter). Tras Mank, una biopic extraña, densa y desprovista de sus rasgos personales, El asesino es una película conservadora en términos de estructuras narrativas, y a la vez compleja por sus diálogos e implicancias. 

La sinopsis y el conflicto son de lo más trillado, un asesino a sueldo (Michael Fassbender) está en una instancia de espera para matar a un objetivo. Pasa esos tiempos muertos haciendo una rutina que lo aleja del aplanamiento y apuntada en la focalización del trabajo. Por una falla milimétrica todo sale mal y ahora el obsesivo y detallista asesino está obligado a escapar. En el tiempo que le lleva volver de París a su casa en Santo Domingo ya hay represalias sobre su trabajo fallido; su pareja fue atacada y dejada en un estado grave. Como sucede en estos casos, su próximo objetivo ya no es un blanco impuesto, sino que son sus propios jefes y una cadena de mando para llegar hasta el final de todo.

Basada en la homónima novela gráfica francesa, escrita por Matz e ilustrada por Luc Jacamon, El asesino tiene esos componentes atractivos para un director como David Fincher. Cuya habilidad se presenta en la capacidad de absorber la fuente, apropiársela y ofrecer una lectura propia sobre su personaje y la visión del mundo. El perfil de este asesino sin nombre propone una meticulosidad para la teoría (en una recargada voz en off), posteriormente en la práctica figuran muchos escenarios no advertidos presentados en el derrotero de cortar cabezas. Hay una aclaración hecha por el protagonista sobre su capacidad, la cual puede pensarse como una autocrítica demasiado severa acerca de sus propias destrezas. Al mismo tiempo el diálogo sobre sus debilidades funciona a modo de presagio, ya que muchos de sus errores están en el factor de lo inesperado, más allá de los cálculos hechos antes de los ataques a sus blancos o de su decálogo de cero concesiones para lograr efectividad, entre ellas está la de evitar la empatía. 

El asesino es la película más personal y cínica de Fincher, su protagonista no ofrece misericordia y, en algunos casos, propone una falsa esperanza, como en el capítulo de Nueva Orleans. La película se acomoda en el recipiente genérico para moldearlo desde una deconstrucción, bajo la misma estrategia empleada por Steven Soderbergh en la maravillosa Vengar la sangre (The Limey) de releer el tropo de la venganza y la escalada de violencia representada casi a modo especular sobre un personaje convirtiéndose en aquello que tiene en la mira. 

La precisión absoluta, de la que carece este sigiloso hombre sin nombre, la posee el director de esta película, aún en sus fallas construye un relato directo, sí con escalas geográficas y capítulos bien resaltados porque la fragmentación solo figura en la forma. Para una mayor satisfacción, la banda de sonido conformada por muchos temas de The Smits realza la austeridad -en esta oportunidad- del score compuesto por Trent Reznor y Atticus Ross.  

(Estados Unidos, 2023)

Dirección: David Fincher. Guion: Andrew Kevin Walker, Alexis Nolent, Luc Jacamon. Elenco: Michael Fassbender, Tilda Swinton, Charles Parnell, Arliss Howard, Kerry O’Malley. Producción: Ceán Chaffin, William Doyle, Peter Mavromates. Duración: 118 minutos.

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