A Sala Llena

El extraño (The Stranger)

Al disponerse a ver un film llamado The Stranger, una persona sana pensará seguramente que el protagonista de la historia será un “extraño”; un cinéfilo se preguntará en cambio si no podría tratarse de una nueva versión del film homónimo que Orson Welles dirigió y coprotagonizó con Edward G. Robinson y Loretta Young en 1946. Un cinéfilo que no hubiese leído nada, por supuesto, sobre esta película australiana que participó este año en la paralela de Cannes Un certain regard, lo cual también torna improbable la duda; pero el título, sin embargo, no dejará de acudir a la memoria de todo cinéfilo de ley, esas personas no sanas, pese a que quizá ni su guionista y director, Thomas M. Wright, haya pensado en Welles.

O tal vez sí, porque la compleja construcción visual de su propio “extraño”, aunque no tenga ni un ápice que ver con Citizen Kane, suele engolosinarse también con aspectos formales que exceden el mero argumento. Si bien los juegos de Welles se transformaron, con el tiempo, en recursos habituales, como el uso del gran angular, los de Wright, por el momento, no pasan de tales, es decir, de juegos.

The Stranger está estructurada como un puzzle, una charada de múltiples piezas que sólo con el transcurrir del relato se ensamblan y van adquiriendo sentido: esos fragmentos son, además, heterogéneos, ya que se componen de saltos temporales, flashbacks que combinan escenas reales y oníricas, voces en off y cortes de montaje deliberadamente desprolijos, al punto de que a veces el espectador puede llegar a preguntarse (sobre todo, porque el primero ocurre apenas iniciado el film) si no se habrá cortado la señal de Netflix.

Ese primer y abrupto corte de montaje sobreviene, sin que sepamos nada, mientras un grupo de forenses busca algo en medio de la vegetación, posiblemente en un lago o arroyo: el propósito de la pesquisa se descubrirá muchísimo después, salvo que a alguien se le ocurra leer alguna sinopsis de la película donde se explica todo de antemano. O alguna de las críticas ya aparecidas en otros medios, que hacen algo parecido. Pero, con franqueza, aunque a uno pueda no gustarle el manierismo y las múltiples vueltas del señor Wright para armar su historia, estropeársela así no es cosa de caballeros. Ni de damas, desde luego.

The Stranger narra, en tiempo presente al menos (ya que el pasado está sembrado de elementos que, como se dijo, es necesario reconstruir y encajar), la historia de dos hombres barbudos, rubios, de aspecto sucio: Henry (Sean Harris) y Mark (Joel Edgerton), que comparten viajes, intercambian diálogos (parcos siempre) y diferentes ambientes, por lo común de bajos fondos. Uno podría ser el perseguidor y el otro el perseguido, conceptos que quizás en la mente del señor Wright se parezcan tanto que, por eso  mismo, buscó actores que lucieran casi idénticos. Si a eso le sumamos que la fotografía de Sam Chiplin es, durante la mayor parte del film, oscurísima, densa, pesada, la confusión entre ambos se torna inevitable más de una vez.

La película se ocupa —eso sí puede anticiparse—, de un complot con el que se busca llegar a un descubrimiento. También, de las restricciones que en ciertas circunstancias pone la ley, que a fuerza de tan rígidas terminan favoreciendo a veces a los culpables, sobre todo cuando ha pasado mucho tiempo de un caso y no existen ya evidencias, y aun cuando ese culpable haya terminado por confesar su delito. Este punto, que desveló a tantos guionistas estadounidenses en películas de Hollywood, aquí se manifiesta casi al final de la película. Y de manera también parca, casi escandinava.

El argumento, como se nos aclara en los créditos iniciales, está “basado en un hecho real”; pero esto, más que darle fuerza a la peculiar arquitectura de la película, la debilita, porque los barroquismos elegidos para dar cuenta de aquel suceso resultan menos adecuados que un registro documental. A la realidad, pese a los poetas, le place el orden cronológico y lineal. Y mucho más a las crónicas policiales. Para todo lo demás está la fantasía.

(Australia, 2022)

Guion, dirección: Thomas M. Wright. Elenco: Joel Edgerton, Sean Harris, Jada Alberts. Producción: Joel Edgerton, Emile Sherman. Duración: 117 minutos.

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