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CRÍTICAS - CINE

Contra todos (Boy Kills World)

El debut del director Moritz Mohr comienza con la pintura de una dictadura cruel encabezada por Hilda Van Der Koy (Famke Janssen). La supuesta cabeza del clan lleva a cabo, cada cierto tiempo y en una particular ceremonia, la eliminación de opositores a vista de todos; la acción tiene el objetivo de infundir miedo en el resto de la población, pero no logra  impedir que se enciendan conatos de rebeldía a lo largo del territorio que controla.

Lamentablemente, el resultado queda muy por debajo de las expectativas, y ni siquiera el protagónico de Bill Skarsgård (Boy) ayuda a evitar la caída. El guion, a cargo de Tyler Burton Smith y Arend Remmers, es pobrísimo, con un desarrollo que parece más una serie de espasmos nerviosos ante estímulos lumínicos y sonoros que una narrativa coherente. Es como si Los juegos del hambre se fusionaran con John Wick embarcados en una toma de ácido, lo que origina una terrible deformidad cinematográfica.

En una era en que parece que ciertas formas del entretenimiento tienen como único sostén la búsqueda de lo superficial, esta película es un claro ejemplo de mi afirmación. Dirigida a un público que consume contenido regido por un criterio a veces confuso, la historia hace uso de los peores estereotipos de las producciones basadas en videojuegos. A partir de una estética que de manera entendible 0repite las etapas de un juego del tipo en el que se basa, (por eso mismo, por supuesto) lleva esa necesidad hasta un punto tal en el que pierde sentido lógico, y nunca logra, al fin, contar un cuento significativo y consistente.

El tema de la aceptación, que la película presenta de la manera más prolija posible, se pierde en un mar de clichés y diálogos insulsos. Es como si el director pensara que simplemente ese mensaje es capaz de convertir a la narración de manera automática en un material profundo. Sin embargo, el resultado es todo lo contrario: una trama poco convincente, que hace que nos preguntemos si hay algo más que el espectáculo ante nuestros ojos pueda ofrecer.

El dúo de guionistas, que ponen su firma en esta desafortunada obra, parece haber trabajado al máximo con el pobre material del que toma la idea original, y de eso resulta una muestra aburrida de posibilidades que abre un contexto perfecto para una siesta. Es una pena ver cómo se desperdician los recursos y el potencial que podría haber tenido el film si se hubiera abordado de manera diferente. Pienso que con ese presupuesto podrían lograrse al menos tres o cuatro películas del género que el lector elija; yo me inclino por el terror o el misterio, por ejemplo.

Recién después de la hora y veinte (momento en el que, tarde, se presenta una ruptura que pretende sorprender al espectador), en realidad no se genera más que incredulidad por lo que se ve. Es como si intentara compensar la falta de sustancia con un giro inesperado, pero solo lograra agravar aún más la sensación de vacío que entrega en casi la totalidad de su duración.

Contra todos parece destinada a un público que busca gratificación caprichosa e instantánea, mientras se dice autosuficiente a los gritos. Se conforman con secuencias que parecen sacadas de videos de calidad promedio en TikTok y, en otros contextos, consumen productos como el que describo hoy. Es una lástima que las compañías crean que, a largo plazo, la realización de estas producciones significará algo positivo. En algún momento la venda se caerá, y ganará el cine.

(Alemania, Sudáfrica, Estados Unidos, 2024)

Dirección: Moritz Mohr. Guion: Tyler Burton Smith, Arend Remmers. Elenco: Bill Skarsgård, Famke Janssen, Jessica Rothe, Michelle Dockery. Producción: Zainab Azizi, Wayne Fitzjohn, Dan Kagan, Alex Lebovici, Roy Lee, Stuart Manashil, Sam Raimi, Simon Swart. Duración: 115 minutos.

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