A Sala Llena

El Transportador Recargado (The Transporter Refueled)

(Francia/ China, 2015)

Dirección: Camille Delamarre. Guión: Luc Besson, Adam Cooper y Bill Collage. Elenco: Ed Skrein, Ray Stevenson, Loan Chabanol, Gabriella Wright, Tatiana Pajkovic, Wenxia Yu, Radivoje Bukvic, Noémie Lenoir, Yuri Kolokolnikov, Lenn Kudrjawizki. Producción: Luc Besson y Mark Gao. Distribuidora: Distribution Company. Duración: 96 minutos.

Correo de alto riesgo.

¿En cuántas oportunidades hemos sido testigos de desavenencias comerciales y/ o artísticas entre los máximos responsables de una saga, como las que hoy se dan cita en torno a la franquicia iniciada con El Transportador (The Transporter, 2002)? Resulta imposible precisar el número de situaciones, a lo largo de la historia del cine, en la que el protagonista y el creador del producto juegan al “tire y afloje” hasta que alguno de los dos termina en el fango. Como era de esperar, Jason Statham -luego de las secuelas de 2005 y 2008- se cansó del personaje de Frank Martin y pidió conscientemente una fortuna para repetirlo, lo que obligó a Luc Besson a apartarlo y a buscar un sustituto convincente lo más pronto posible.

Conviene aclarar desde el vamos que Ed Skrein, el salvavidas de turno, no contaba con mucha experiencia previa y sinceramente ésta no era del todo necesaria para la rusticidad del antihéroe especializado en el correo de alto riesgo. En El Transportador Recargado (The Transporter Refueled, 2015) sale a relucir una vez más la inteligencia del francés en lo referido a los exploitations de acción de corazoncito videoclipero/ publicitario, porque el señor pone toda la carne al asador para tratar de compensar la pérdida de la cara conocida y el déficit consiguiente en taquilla. Las buenas intenciones de la realización no alcanzan para “maquillar” el hecho de que el esquema se acerca peligrosamente a su fecha de caducidad.

Así las cosas, aquí nos encontramos con más mujeres hermosas, un marco de heist movie, la introducción del padre de Martin, aún más secuencias de acción estrambóticas, varios villanos simultáneos y un puñado de giros narrativos; todas piezas típicas de los productos que responden al acervo ochentoso del género. Hasta el planteo nos devuelve al territorio del primer film, con el protagonista nuevamente en guerra contra el submundo del tráfico de personas: ahora son cuatro señoritas las que lo contratan en primera instancia, y luego lo extorsionan vía el secuestro de su progenitor, para que se desempeñe como cómplice polirubro en una venganza planeada al detalle (chofer, guardaespaldas, asesor táctico, etc.).

El otro asalariado, el que se ubica detrás de cámara, es Camille Delamarre, un director con muy pocas ideas que funciona como un testaferro de Besson, el guionista y productor de siempre. A pesar de que está bien trabajada la dinámica entre padre e hijo (Ray Stevenson cumple como el primero) y que la factura técnica de la saga continúa siendo impecable (se destacan la fotografía, las bellísimas locaciones, las coreografías de los combates cuerpo a cuerpo y la fastuosidad de las persecuciones), hoy el cúmulo de clichés ya aburre un poco, debido más al tiempo transcurrido desde aquel 2002 y la falta de verdaderas sorpresas que a la ausencia de Statham, el cual tampoco es una maravilla del star system ni mucho menos…

calificacion_2

Por Emiliano Fernández

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