A Sala Llena

En la Mira (End of Watch)

(Estados Unidos, 2012)

Dirección y Guión: David Ayer. Elenco: Jake Gyllenhaal, Michael Peña, Anna Kendrick. Producción: David Ayer, Matt Jackson y John Lesher. Distribuidora: Distribution Company. Duración: 109 minutos.

Escenas de la vida policial.

En el cine sucede algo bastante habitual. Muchas películas comienzan bien y luego terminan decepcionando. Y son pocas las que operan en el sentido inverso. Este es el caso de En la Mira, de David Ayer (realizador de la interesante Harsh Times), un film que empieza muy mal y, a fuerza de un puñado de escenas bien logradas, termina siendo una sorpresa. Sorpresa porque el panorama de los primeros minutos era alarmante.

Si este comienzo es tan malo es porque el peor enemigo de la película es su propia estructura formal. En la Mira comienza con una cámara subjetiva de un patrullero que persigue a una camioneta. Pero en vez de vértigo y peligro, lo que queda es la sensación de que lo que se está observando es una escena de acción en cámara lenta, sin gracia ni adrenalina. La escena concluye con los delincuentes muertos. Así, sin ninguna tensión dramática ni sensorial. Estos pobres minutos se vuelven aun peores con la aparición de tres cámaras más (dos en los uniformes de los policías interpretados por Jake Gyllenhaal y Michael Peña, y una cámara de video digital usada por uno de ellos), aparte de la “usada” por el director.

Si esta decisión es insolitamente fallida es porque transforma en confuso y molesto lo que el espectador necesita ver con claridad. Uno de los peores errores del cine de acción actual es utilizar el montaje sin un sentido constructivo. Es el mal que de Transformers, por ejemplo, que busca dejar desconcertado al público a través de una edición desordenada y caótica. Lo terrible de En la Mira es que el uso de este tipo de montaje no sólo se centra en las secuencias de acción, sino también en momentos de calma cotidiana. Entonces, no sólo no se entiende qué sucede en un tiroteo, sino también en una charla -sobre la familia, los hijos, o lo que fuere- dentro de un patrullero.

Pero si En la Mira repunta sorpresivamente es por dos razones: primero, porque se termina acostumbrando -a la fuerza- al montaje insoportable; y segundo, por la aparición de una inesperada y efectiva fuerza dramática. La película sigue a estos dos policías en su tarea diaria, con sus frustraciones y logros, pero también en la vida fuera de su trabajo. El espectador es testigo de pequeñas situaciones cotidianas, como sus relaciones con la familia o con sus respectivas novias. Son estos momentos los que permiten que las decisiones estéticas pasen a un segundo plano. Lo que queda son dos humanos -que sufren y sangran- más importantes que cualquier técnica caprichosa.

calificacion_3

Por Luciano Mariconda

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