A Sala Llena

Escándalo Americano, según José Tripodero

Cierre de la trilogía del retazo.

Escándalo Americano es una película de retazos, como lo es casi todo el cine de David O. Russell. Narrativamente sus historias suelen empastarse, como sucede aquí, en este cuadrado de personajes unidos por la codicia y (otra vez sopa) “el sueño americano”. Lo interesante es que parece haber algo más, en la superficie se siente que Russell tiene más interés por las conexiones entre sus personajes que por la trama, de ahí que la placa de “algunas de estas cosas sí sucedieron” sea lo primero que vemos. La necesidad es lo que teje la unión de sus personajes, como sucedía también en The Fighter y en El Lado Luminoso de la Vida.

Precisamente desde The Fighter, Russell es el mimado del ala más conservadora de Hollywood, es la apuesta para mantener viva la idea del cine clásico estadounidense, ya lo hicieron con Ron Howard: lo llenaron de premios, de presupuestos fastuosos pero se equivocaron, su cine nunca superó la mediocridad. La realidad concreta es que para las recientes nominaciones de los Oscar, Rush fue ignorada por completo, la confianza se rompió. Russell es el que llega para mostrarse como un director que hinca en conflictos familiares pedregosos o en temáticas sensibles de una manera particular. La cualidad estilística de sus films es un conglomerado de otros cines. Escándalo Americano tiene un poquito de Scorsese, en los zooms y paneos violentos a corta distancia, también algo de esa narración que P. T. Anderson suele esconder en una trama autoral (confundida a menudo como inconducente).

Es el triángulo formado por la pareja de Irving (Christian Bale) y Edith (Amy Adams), dos “artistas de la estafa”  y el agente del FBI Richard DiMaso, el que tiene una progresión en lugar de una trama, por la que Russell se preocupa recién en los últimos veinte minutos. En el medio hay momentos, como la escena del cameo de De Niro o el mini video clip de Jennifer Lawrence haciendo un playback de Live and Let Die. Ni una cosa ni la otra se unen, tampoco esa mirada desencantada, materializada en la voz en off del personaje de Bale, con el resto de la historia que gira en torno a un gran operativo del FBI para dar con un puñado de congresistas corruptos y de yapa, la mafia italiana de Florida. Escándalo Americano es una película constipada, en la que se pretende dar cuenta de una época pero a la que se la despoja de sus rasgos más reconocibles (los excesos, la música), en cambio están las pelucas (los cuatro personajes principales, incluida Lawrence, llevan postizos), los trajes y no mucho más. Las referencias a los setenta están en la fotografía y en la señalada pérdida de los ideales de un “mundo mejor” nacidos en la década anterior. Cualquiera que haya visto Casino (qué raro otra de Scorsese) o la más reciente The Master de P. T. Anderson puede hallar un desencanto más refinado, menos tosco y articulado en todos sus aspectos. Russell corona de esta manera su trilogía del retazo.

calificacion_2

Por José Tripodero

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