A Sala Llena

Esperando a Godot

Autor: Samuel Beckett. Dirección general: Rubén Pires. Traducción y adaptación: Hugo Halbrich y Rubén Pires. Vestuario: Mercedes Uria. Escenografía: Uria, Muriño, Lipsic. Iluminación: Rubén Pires, Sebastián Crasso. Diseño gráfico: Nahuel Lamoglia. Fotografía: Santiago Botet. Maquillaje: Kirana Gallego. Elenco: Gerardo Baamonde, Hector Diaz, Eduardo Lamoglia, Carlos Lipsic, Sebastián Mouriño. Asistentes de producción y dirección: Daii Alvarez, Sebastián Mouriño. Prensa: Simkin y Franco.

¿Por qué esperando a Godot fue una de las obras más importantes del Siglo XX? Realizarla sin caer en la redundancia  será el desafió con el que se topará Rubén Pires, quien, a través del absurdo y la comedia logra darle vida a esta obra considerada a-temporal.

Existe en Esperando a Godot algo que sucede por vinculación existencial. Los personajes Vladimir (Didi)  y Estragón (Gogo), quienes a primera vista son vagabundos y confluyen en una escena donde solo vemos un árbol, siempre encuentran una razón para seguir existiendo.

Esperando a Godot es tiempo muerto y a su vez, la necesidad de llenarlo. En esta puesta en particular Gogo y Didi no pararan de parlotear hasta que se anuncia la presencia de Pozzo, una especie de terrateniente que los divertirá con su desenvolvimiento lírico y con el encanto mediante el cual hará bailar y pensar a su esclavo : Lucky.

Este hecho hará avanzar la obra pero solo por unos momentos. Recordemos que el teatro del absurdo propone una no-linealidad. Sin  embargo Pires avanza sobre este teatro y lo vuelve posmoderno, incluyendo al público en esta espera.

Pires pone hincapié en la necesidad de rescatar la musicalidad de las palabras que alguna vez Beckett les dio. En el primer acto, Godot promete venir mañana. Y quizás la esperanza, frente a la angustia existencial del hombre es exactamente lo que vemos, mientras ellos esperan.

Es el ritmo lo que provee de una naturalidad intrínseca a la obra.  En Beckett todos somos esclavos de algo. Así como Lucky es esclavo de Pozzo, son también nuestros protagonistas esclavos de la espera. Esta obra tiene apenas argumento, pero si un tema: la asfixia lúdica. Lo que acontece allí donde se escapa la creatividad. Por eso piensan en la muerte, en ahorcarse, pero ni siquiera tienen las fuerzas para hacerlo. Han quedado fijados a un tiempo circular, a una espera interminable sostenida por esa palabra de la que deviene esperar: la esperanza ante la angustia por enfrentarse con sus propias miserias. El saber que, finalmente, Godot no vendrá. O ya vino, porque el árbol, tiene hojas.

Entre la metateatralidad y la circularidad la obra de Pires se mueve, agregando puntualizaciones realistas, sobre todo luego de la aparición de Pozzo y haciéndonos cómplices de un juego. Esperando a Godot sigue siendo una de las obras más importantes del Siglo XX porque es  un llamado a la propia desolación dentro de un mundo de incomunicación y desconexiones ahí donde la no acción se vuelve acción pura.

Teatro: El Tinglado – Mario Bravo 948

Funciones: Martes 20:30 hs

Entradas: $ 180,00 / $ 150,00

calificacion_3

Por Sofía Lara Gómez Pisa

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