A Sala Llena

Familia Peligrosa, según José Tripodero

Mal llevados.

Luc Besson siempre fue un director de buenas ideas y conceptos generales pero nunca un gran narrador, más bien uno desordenado y caótico, ávido de sacar precozmente su amplio repertorio de balaceras, persecuciones automovilísticas y largos “etcéteras” del cine de acción. En The Family (título simple y efectivo, en las antípodas del local Familia Peligrosa), Besson esquiva la parafernalia de su cine más chato y amplía el desarrollo de sus personajes, aprovechando el imaginario construido sobre el mundo de la mafia y la cinefilia, que gira alrededor de un género perfectamente demarcado. Género que parece sobrevivir desde una mirada posmodernista y revisionista en clave paródica, tomado como un hipertexto.

The Family es una parodia que analiza un mundo -el de la mafia- que no ha cambiado demasiado porque utiliza los mismos códigos y modus operandi para mantener la “paz” o, mejor dicho, la operatividad de su sistema. Hay humor en las golpizas propinadas por los cuatro miembros de la familia, en diferentes situaciones y contextos, a los pobres habitantes de un pueblito de Normandía, lugar al que van parar por pertenecer al Programa de Protección de Testigos del FBI. Cada uno de ellos tiene sus motivos y todos están relacionados con la adaptación a una nueva vida. En los impedimentos para encajar surgen los problemas idiomáticos, la hostilidad francesa contra los Estados Unidos y principalmente la falta de discreción de la familia -ahora rebautizada- Blake, antes Manzoni. Más allá de ciertos rasgos que comparten los integrantes del clan, que se potencian por esta identidad perdida al ser desterrados y tener que actuar ante los demás para no ser considerados parias, The Family explora un terreno virgen, el posterior al testimonio de un mafioso contra los suyos. Allí donde Buenos Muchachos termina, empieza esta nueva película de Besson.

Los más de veinte años entre un film y otro hacen que la mirada del director francés esté obligada a trastocar ciertos motivos del cine mafioso, por eso es que Buenos Muchachos aparece transparente, como cita textual y en un tono cómico. Al personaje de De Niro se lo invita a disertar en un cine club del pueblo, en el que se proyecta el clásico de Scorsese: mientras se escucha la primera y más famosa frase de esa película (“desde que tengo memoria siempre quise ser un gángster”), vemos un primer plano de De Niro con una sonrisa de oreja a oreja y un halo de luz que lo ilumina en la oscuridad de la sala. Una síntesis de un Luc Besson (a pesar de ciertas solemnidades en el tratamiento del personaje de Bella, la joven hija de la familia), en modo “unplugged” para mostrar el estado desenfrenado de una familia que no puede -ni quiere- encajar.

calificacion_3

Por José Tripodero

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