A Sala Llena

La Reencarnación de los Muertos, según Tomás Maito

Pobre nueva entrega de la saga zombie

En 1968 el realizador George A. Romero creaba con La Noche de los Muertos Vivos un film de culto dentro del cine de terror, que a pesar de su escaso presupuesto sería un gran éxito. La película era cruda por sus imágenes y contenido, de un blanco y negro desgarrador, con  una estética sumamente realista que daría pie a una obra que perduraría a través de los años y establecería en el plano cinéfilo el subgénero de los films de zombies.

A pesar de parecer un simple trabajo de horror, en donde los muertos volvían a la vida en busca de carne humana, aquella primer película de Romero tenía una gran denuncia social a lo que son las diferencias culturales en los Estados Unidos, ya sean de raza o género, cuestiones que se manifestaban ferozmente en el film.

A través del éxito de la película, ésta tendría diferentes secuelas al mando de Romero, siendo La Reencarnación de los Muertos la última de la saga hasta el momento. En esta nueva entrega, un grupo militar buscará refugio en una isla casi desierta, en dónde no solo tendrán que desafiar a los muertos, sino que deberán interferir en el enfrentamiento entre dos clanes familiares, siendo que uno de estos tiene una nueva ideología que puede cambiar la manera de vida de los zombies.

Como en todo film apocalíptico, siempre esta esa ansiedad por huir y querer empezar otra vida lejos del caos y de la amenaza inminente, aunque casi siempre esto sea una utopía; films como La Invasión de los Usurpadores de Cuerpos de Don Siegel o Los Pájaros de Alfred Hitchcock también habían demostrado como lo hace el de Romero, lo difícil que resulta escapar del destino en un mundo en crisis.

A diferencia del complejo clásico de 1968, La Reencarnación de los Muertos se muestra muy deslucida, y a pesar de buenas e impactantes imágenes de violencia, la película resulta demasiado predecible en cada uno de sus actos. El guión es bastante flojo y se aleja bastante de aquel carácter simbólico que se mencionaba anteriormente. Le falta la nostalgia de aquel cine clásico y el pastiche cinéfilo de obras más modernas como se pudo ver en films del género como Exterminio de Danny Boyle o Planet Terror de Robert Rodriguez.

Ya en las dos anteriores de la saga de Romero, Tierra de los Muertos y El Diario de los Muertos, se mostraba un deterioro estético y argumental, pero a pesar de eso resultaban ser films correctos y entretenidos, todo lo contrario a La Reencarnación de los Muertos, que es una obra muy densa y deslucida, que por momentos carece de cualquier tipo de factor sorpresa y no aporta nada nuevo a un género que el viejo George supo revolucionar hace más de cuarenta años atrás.

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