A Sala Llena

La Tercera Orilla

(Argentina, 2014)

Direccion: Celina Murga. Guión: Celina Murga, Gabriel Medina. Elenco: Alain Devetac, Daniel Veronese, Irina Wetzel, Gaby Ferrero. Producción: Juan Villegas. Distribuidora: Distribution Company. Duración: 92 minutos.

La edad de la hibridez.

Celina Murga tomó la posta de Lucrecia Martel en hacer del interior un escenario inmenso, algo inabarcable, no por fotografiar los lugares que el Nuevo Cine Argentino no pudo cubrir sino por la habilidad de expresar en unidades mínimas de elementos visuales que permiten identificar el contracampo de sus historias. En Ana y los Otros (su película más luminosa) el pasado de la protagonista revoloteaba sin acudir al melodrama o a la redención sobre temas inconclusos. Ya en el documental Escuela Normal, su film anterior, Murga continuó con esa mirada inquietante sobre la cotidianeidad adolescente, que se había despertado en la iniciática Una Semana Solos, una suerte de fábula observacional preadolescente.

La Tercera Orilla lucha contra otros dramas. Uno de ellos es el de la herencia, no específicamente de bienes sino el de lugar patriarcal, es así que Nicolás (Alain Devetac) atraviesa no sólo ese último tramo que separa la  adolescencia de la adultez sino que además se le aproxima cada vez más la responsabilidad de involucrarse en los negocios de su padre (Daniel Veronese), un médico de Entre Ríos, quien divide su vida laboral entre su estancia y un laboratorio; y también hace lo propio con su vida privada, manteniendo una relación paralela con otra mujer y un hijo producto de ese amor. Nicolás, su hermana, su hermano y su madre tienen los roles invertidos en la vida del médico, ellos son considerados la “segunda familia”. En Nicolás conviven diferentes tipos de hibridez, no sólo la que le propicia la edad sino también la de la complicidad con la vida inmoral, la de ser un niño y un adulto y la de llevar su vida entre la ciudad y el campo. Las tres “mezclas” en la vida de Nicolás son atribuibles a su padre, un hombre que impone su poder y respeto sin levantar la voz.

Así como el descontento de Nicolás va en aumento (en forma casi insonora), Murga oprime cada vez más el espacio visual aunque de manera proporcional a la sutileza de su joven protagonista: los planos medios van cediendo a planos cortos más asfixiantes, los efectos sonoros asaltan la banda libre de música/ resaltador fluorescente de momentos importantes y la presencia del padre se diluye sin dejar de ser una amenaza latente. El único horizonte esperanzador está en su hermana (Irina Wetzel), a días de realizar su fiesta de quince. Acontecimiento retratado, en el rostro y andar de Nicolás, con una fresca amargura, detrás del acontecimiento principal, el festejo. Su hermana es el cable a tierra, es la única con la que es capaz de descomprimirse, de por ejemplo poder cantar -y a la vez drenar su furia contenida- en un karaoke de Rezo por Vos (única música que suena en toda la película). La Tercera Orilla posee esa oscilación entre los aires jubilosos y noblemente despreocupados de la juventud y la obligación social de encaminar un rumbo, aquí marcado por el compás del mandato dictatorial y paternal. Al menos, en el mandato impuesto por las reglas tácitas de la sociedad hay un dejo de voluntad individual.

calificacion_4

Por José Tripodero

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