A Sala Llena

Las de Barranco

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Las de Barranco

Dirección General: Zaida Mazzitelli. Autor: Gregorio de Laferrere. Asesoramiento de vestuario: Karina Maliauskas. Diseño de luces: Z. Mazzitelli – G.G. Miramón – R. Miguel. Música original: Marcelo Salvati. Elenco: Anabel Graciela Denápole, Manuel Heredia, María Eugenia Gómez, Maricel Vicente, Laura Ledesma, Lucía Scotto di Carlo, Alberto Romero, Gustavo Brenta, María Cecilia Cabrera, Matías Broglia, Rubén Ramírez y Horacio Serafini.

Las de Barranco, es sin lugar a dudas una extraordinaria pieza de Gregorio de Laferrere. Un exquisito cuadro de época, pintado con minuciosos trazos de realismo, en donde tanto la acción como los personajes y su lenguaje se presentan con naturalidad, en el contexto de la vida cotidiana. Y es a través de los diálogos, en su devenir, en su expresión viva bajo la forma de un habla coloquial, que el autor logra introducirnos en el imaginario de una clase porteña acomodada, que hacia fines del siglo XIX se ve profundamente afectada por transformaciones sociales y económicas.

La directora Zaida Mazzitelli se atreve a recrear este universo social retratado hace más de un siglo por Laferrere, y lo logra con maestría, desplegando la historia de una familia que  ha descendido en su posición social -que se encuentra “venida a menos”- y que a cualquier precio tratará de salvar las apariencias.

La columna vertebral de esta pieza es la viuda del capitán Barranco, Doña María (Anabela Denápole). Una mujer egoísta, calculadora y oportunista, cuyo único propósito en la vida parece ser mantener su status social, utilizando para ello cuanto recurso esté a su alcance para evitar caer en la pobreza,  sinónimo de vergüenza y descrédito; el peor de los infortunios.

El autoritarismo es otro de los rasgos característicos de la viuda, padecido por sus tres hijas, que si bien acatan sus órdenes bajo el influjo del temor, lo hacen de distintos modos: Pepa (Lucía Scotto di Carlo) y Manuela (Laura Ledesma) secundan sus  manejos sin cuestionamientos; en cambio la bella y sumisa Carmen (María Eugenia Gómez) -la mayor de las tres hermanas-, aunque alberga tímidas resistencias, tras verse reducida por su despiadada madre a una apetecible carnada para aquellos pretendientes adinerados que la acechan, vive sus días inmersa en un profundo desasosiego.

En la estampa de Doña María se encarnan todas las insensibilidades de un mundo superficial y materialista; como contrapeso,  en la figura de la hija mayor se constituirá su alter ego. Sin ninguna duda, Carmen es la elegida por el dramaturgo como su criatura predilecta, en la cual deposita todas sus esperanzas. Y es a partir de esta lucha de universos opuestos, que el autor nos ofrece una mirada crítica acerca del mundo en el que le toca vivir.

La trama se entreteje a partir de constantes cruces entre lo trágico y lo cómico, logrando un acertado ritmo dramático, que se sostiene en un desempeño actoral muy sólido de todo el elenco.

Anabela Denápole (Doña María) debe sortear la complejidad de darle carnadura a un personaje camaleónico que necesita acomodarse   -rápidamente y de la manera más conveniente-   a cada situación que se le presenta; y la verdad es que esta actriz lo logra maravillosamente.

El resto de los personajes -de acuerdo con el planteo de la dramaturgia- tiene un carácter más estereotipado y cumple una razón de ser dentro de la obra: Manuela es la hermana menor y su personaje representa la juventud irreflexiva que obra con inconsciencia y frivolidad; Pepa es la hermana del medio desencantada con la vida; Linares es el escritor (Matías Broglia) que representa el criterio de justicia. Morales es un inquilino estudiante de medicina (Alberto Romero) cuyas declaraciones y comentarios permanentemente aclaran el sentido de cada una de las situaciones que se plantean; en este contexto, su apellido no parece casual, y bien podría identificarse a este personaje con el punto de vista del autor. Y finalmente, dentro de los personajes de mayor relevancia dentro de la obra, se encuentra  Rocamora -el tendero- (Horacio Serafini) que encarna la figura del típico burgués utilitarista que cree que puede comprar a la gente con su dinero. El resto del elenco agrega dinamismo a la trama.

Así es como todos y cada uno de los integrantes de este numeroso conjunto, constituye una pieza indispensable para el  funcionamiento del todo.

El vestuario (de Karina Maliauskas) además de reforzar  el arquetipo de cada personaje, resaltando en cada uno sus rasgos distintivos, logra recrear la atmósfera de la época en que se inscribe el drama.  Y la escenografía –sin grandes despliegues- aporta verosimilitud al espacio de la escena.

Laferrere, a través de una mirada lúcida y muy crítica, ausculta el pulso de una sociedad que en su búsqueda de una apariencia digna, termina cayendo en la indignidad moral. De este modo, entre líneas puede leerse que de ninguna manera el fin justifica los medios.

El autor a través de esta pieza nos exhorta -a los seres humanos de cualquier época- a que luchemos por sostener nuestros valores aunque el mundo entero piense distinto. La vida que elegimos depende de nuestra exclusiva responsabilidad; sólo hay que tomar conciencia de ello y jamás perderlo de vista.

Las de Barranco,  planteos universales en el transcurrir de la vida cotidiana. Un bellísimo hecho teatral.

Teatro: Teatro del Ángel – Mario Bravo 1239 – C.A.B.A.

Funciones: Viernes 21 hs.

Entradas: $ 50.- (Descuento a estudiantes y jubilados: $ 35.-).

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