A Sala Llena

Me casé con un boludo

(Argentina, 2016)

Dirección: Juan Taratuto. Guión: Pablo Solarz. Elenco: Adrián Suar, Valeria Bertuccelli, Norman Briski, Gerardo Romano, María Alché, Marina Bellati, Alan Sabbagh, Marcelo Subiotto. Producción: Adrián Suar, Juan Vera, Juan Pablo Galli y Alejandro Cacetta. Distribuidora: Buena Vista. Duración: 110 minutos.

Boludo a medida.

Dentro de los géneros musicales aparecen las subcategorías, tantas que a veces podríamos pasarnos horas en el intento de dilucidarlas e identificarlas, como en el caso del rock. Algo similar está ocurriendo con los géneros cinematográficos, en especial con la comedia y sus derivaciones: tenemos la bromedy, slapstick, screwball y eventualmente la comedia romántica.

La nueva propuesta del director Juan Taratuto es una comedia romántica clásica con estructura de tres actos en la que se vuelve a aplicar la fórmula de Un Novio para mi Mujer, film que logró convertirse en un rotundo éxito comercial dentro de la taquilla nacional e inclusive generó la realización de tres remakes internacionales. Las variables de la expresión matemática están conformadas por dirección- Taratuto, guión- Solarz, intérpretes- Suar y Bertuccelli. Como género transita la incorporación de varios elementos del slapstick y la screwball, nos referimos a bromas de humor crudo sobre características físicas, orientación sexual, el matrimonio per se y enredos, con el fin de generar un efecto cómico… no siempre logrado.

Argumentalmente, Fabián (Suar) es un famoso actor que conoce a Flor (Bertuccelli) en un set de filmación tras defenderla frente a su novio del momento (Gerardo Romano), el director del film para el que están trabajando. Entre idas y vueltas, Flor accede al amor de Fabián de manera un tanto forzada, y ante la presión de las cámaras y los paparazzis, finalmente contraen matrimonio. La premisa se reduce a una mujer que se enamora de un personaje y eventualmente se da cuenta que es un “boludo”.

A modo de coincidencia con Un Novio para mi Mujer, donde el personaje de Suar no soporta más a su esposa, en Me Casé con un Boludo es Bertuccelli quien no soporta más a la persona con la que tempranamente contrajo matrimonio. Aquí Suar recurre a un guionista para poder mantener su matrimonio y en Un Novio para mi Mujer a un gigoló para deshacerse del mismo.

Hay tres momentos realmente graciosos en el film (uno es al que hace referencia el título) y en su totalidad se deben a la gran e indiscutida calidad actoral de Valeria Bertuccelli, quien compone nuevamente un delicado personaje en clave de comedia. A diferencia de su antológica escena en Un Novio para mi Mujer, que la encasilló como la Tana Ferro, con Me Casé con un Boludo no sucederá algo similar ya que el film constantemente ronda sobre el personaje de Suar, como si estuviese realizado en gran parte a su medida.

La dicotomía actoral entre Suar y Bertuccelli, química incluida, ya estaba presente en el anterior trabajo conjunto y de hecho uno la deja pasar como espectador. Suar es querido por todos debido a su rol dentro del medio televisivo y gerencial, y es por eso que le perdonamos unas cuantas, en especial sus canchereadas y gags que terminan dejando descolocada a una actriz magistral frente a un actor que tan solo acompaña y hace de él mismo. Esto está muy expuesto en lo que pretende ser una de las escenas de aggiornamiento del film, donde se ven a varios integrantes de la farándula en un lobby previo a la concreción de una foto para una revista. Muchas escenas y situaciones terminan quedando descolocadas o sin remate, como por ejemplo la confesión de Flor en una sesión de terapia o la relación con su grupo de amigos, que terminan resultando decorativos.

La premisa de Me Casé con un Boludo es atractiva, se vende sola, como nos vendieron un trailer de escasos minutos. Lástima que en la estructura general de comedia romántica se pierdan tantos elementos como por ejemplo la metamorfosis de Fabián de ser un “boludo” a dejar de serlo, en tono naif y mágico, sin explicación: como si el índice de referencia del “boludómetro” no disminuyera gradualmente -como el mercurio en un termómetro- sino de manera abrupta, a medida.

calificacion_2

Por José Luis De Lorenzo

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