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CRÍTICAS - CINE

Mi primera boda

Ver más allá de un casamiento…

¿Por qué tenemos la costumbre de ver un film y asimilarlo a otro? ¿A movimientos vanguardistas? ¿Vincular al trabajo de otros directores? ¿Son tan evidentes las semejanzas con otros? ¿Remake, homenaje e influencias?

Leo críticas del último film de Ariel Winograd, a quien respeto mucho como realizador y cuyo cine me gusta mucho, su manera de encarar la comedia sobre todo enfocada en las diversas religiones y desde ese lugar de satirizar las creencias, pero concluyo la lectura y me retrotraigo, convirtiéndome en un bicho bolita repreguntándome sobre mi visión del film.

Wino vino a jugar con el libre albedrío como ha hecho con Cara de Queso, un film coral con un cast enorme, una de sus características principales y tratar la comedia a través de distintos personajes en grandes cantidades, ¡qué mejor! Actores de la talla de Federico Luppi, Mercedes Morán, Carlos Kaspar, María Vaner, Juan Manuel Tenutta, Daniel Hendler, y la nueva generación hoy ya reconocida, conformada por Martín Piroyansky, Nahuel Perez Biscayart y Julieta Zylberberg complementaron el cast. Con una ponzoñosa mirada sobre las familias que habitan un country mayoritariamente conformado por una comunidad de creencia judía, allí saltaban a la luz la mítica popular sobre las idishe mamma, los casamientos religiosos por conveniencia, la corrupción y ocultamiento de un hecho atroz. Cara de Queso, 5 años atrás, marcó un llamado de atención sobre el cine de Winograd, lo introdujo como director en el circuito cinematográfico para, desde allí, avanzar o estancarse como sucede con muchos ópera primistas.

Mi Primera Boda concreta que alguien haya acudido a ese llamado, Axel Kuschevatsky, como ya lo hiciera desde la cuota de Telefé, canal para el que brinda su tiempo como Jefe de Desarrollo y Producción de Cine, con films como Fase 7 (eximio film de género), Sin Retorno y el proyecto póstumo al ser acreedor del Oscar al Mejor Film Extranjero con El Secreto de Sus Ojos. También ha flaqueado con otros proyectos como Las Viudas de los Jueves, éxito de taquilla pero film fallido si los hay. Algo indica que Axel acierta sobre qué proyecto apoyar, dónde invertir y en quién colocar el peso de la dirección, conoce cuál es la falta que existe en la cartelera porteña y desecha volcarse a un cine que no sea el de género; aborrece los films realizados para festivales, le gusta lo masivo. Ahora, esto siempre conlleva un riesgo.

Pero…a qué voy con todo esto sino a querer demostrar qué ocurre cuando a la salida de una función encuentro voces que comparan estos films con El Secreto… con trabajos de Orson Welles como El Tercer Hombre, con el mejor cine clásico de Wilder, films de Grant, Tracy y Hepburn (Katherine), ¿existen estas influencias o sólo algunos las ven? Patricio Vega, guionista que se distinguió en Música en Espera, casualmente otro proyecto que en cierta forma consagró para cierta logia de cinematográfica el trabajo de Natalia Oreiro, marcando un punto de quiebre, acaparó quizá este nuevo proyecto con elementos de la screwball comedy norteamericana; el caer en el cliché de la pérdida de la alianza en plena celebración de un casamiento es uno de los mejores ejemplos y de allí llegar a disparatadas situaciones para suplir esa pérdida o encontrar el anillo perdido. Sí, esta instancia es secundaria y permite ligar la subtrama “principal” del film sobre la importancia de contraer matrimonio, cuáles serían los pilares de tal decisión y cómo abolir todas las dudas habituales ante tamaño acontecimiento.

Dos personas muy distintas, ella (Natalia Oreiro), puntillosa, estudiosa, ordenada, planificadora y él (Daniel Hendler), un desfachatado, ingeniero, son secundados por una troupe de secundarios numerosa al igual que sucediera en Cara de Queso: Imanol Arias (según la producción no fue el caso de elección en cast para poder comercializar el film en otro continente); Martin Piroyansky, con la labor más destacada del film; Muriel Santa Ana como la mejor amiga de la novia; Marcos Munstock y Daniel Rabinovich (Les Luthiers) que paralelamente lindan con la trama principal brindando conversaciones muy graciosas sobre las diferencias entre la religión católica y judía (un rabino y un cura, no menos para realizar una ceremonia bipartita); Gabriela Acher y Soledad Silveyra como las suegras; Clemente Calceta Gino Renni y Sebastián De Caro, como los tres personajes desaprovechados a lo largo del film.

Existe un desnivel actoral entre Hendler y Oreiro. La estructura está planteada en cierto momento como para contar la historia à lo Cuando Harry Conoció a Sally (¡comedia romántica si las hay!). La primera hora del film es graciosa: nos encariñamos con los personajes instantáneamente y con la acertada incorporación de la animación de Liniers en los títulos iniciales; en pocos minutos tenemos un resumen de los comportamientos que preveremos de los dos personajes principales. Natalia nunca lució más hermosa en cine, ha crecido exponencialmente pero en el film se la nota un tanto rígida, como no terminando de desligarse del pasado televisivo del que tanto ansía despegarse. En Miss Tacuarembó lo había logrado, no obstante, como actriz, creo está viviendo su mejor momento. En cambio Hendler sigue haciendo de Hendler, y esto no está para nada mal, es un actor que impuso ya su sello, funciona y aquí lo logra nuevamente. Sí vale destacar que sería genial verlo vinculado a otro tipo de proyectos; ya en la dirección ha demostrado una faceta nueva e importante gracias a Norberto Apenas Tarde.

Un pequeño detalle que me hizo ruido en la primera visión es la utilización ingenieril sobre un circuito de agua de la mansión sobre la cual se realiza el casamiento. Si bien el personaje de Hendler es ingeniero e intenta demostrar conocimiento sobre su profesión, hay una falla de conocimientos en el guión. En una sala de mantenimiento jamás encontraríamos un plano general hidráulico de una instalación, menos aún en un caserón rural, menos aún conseguiríamos que un anillo de bodas de vueltas por los diversos tramos de cañería sin encontrarse con filtros que obstaculicen que otros materiales terminen siendo arrastrados hacia una canilla.

Ante la costumbre de realizar comparaciones, muchas he escuchado sobre la genial La Fiesta Inolvidable de Blake Edwards, con Peter Sellers. Aquí estamos lejos de esa opción, poco disparate y descontrol ocurre, ¿por qué De Caro no destroza esa torta, se agarran todos a piñas y rompen todo lo que estaría a su alcance? Eso sí hubiese sido una linda fiesta. Quizá por ser la Primera, esperemos la Segunda…

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