A Sala Llena

Ninfas, caballeros y dragónes

La Venus Rubia
de Josef von Sternberg, 1932.

“El
mito es un relato. Un relato del origen. ¿El origen de qué? De un asentamiento
humano en un determinado lugar, en un tiempo anterior que siempre se reputa
como antiguo, y del “contrato” establecido entre los fundadores y
continuadores, entre padres e hijos, entre dioses, héroes y hombres.”

A.
Faretta, Espíritu de simetría, Pag 275- El mito y el cine-.

La Venus Rubia
es una película atravesada por los mitos. En su compleja estructura cuenta un
melodrama de descenso y resurrección. Para ello hay al menos tres relatos, tres
mitos que se ponen en escena, que se ritualizan para volver a hacerse presentes
y recuperar lo sagrado que por lo visto hemos perdido.

En
la escena inicial, un grupo de jóvenes científicos norteamericanos pasean
exhaustos por un bosque alemán. Ellos han llegado hasta allí de la mano de su
tutor alemán que los ha llevado como parte de su formación. Detrás de una
cortina de hojas sauces descubren a unas hermosas mujeres que nadan en el río. Las
mujeres nadan desnudas y la cortina de sauces las cubre y descubre a los ojos
de estos jóvenes. Para ellos son ninfas y así la llama Ned a Helen, la pareja
protagonista. A nuestros ojos ellas ya han sido presentadas así, la puesta en
escena de von Sternberg construye ésa mirada sobre las mujeres.

Este
es el momento de encuentro romántico sobre el que se volverá varias veces, ya
constituido en mito fundacional. Helen, interpretada por Marlene Dietrich (creo
que no hace falta aclarar más) es la ninfa que asoma del agua y seduce a Ned,
un caballero que no puede resistírsele. Estas ninfas son actrices de cabaret,
tienen que estar a las seis en el teatro, su lugar de trabajo. Gracias a una
hermosa elipsis pasamos de los pies desnudos de Helen a los pies desnudos del
pequeño hijo de ambos que se baña en la cálida bañera de un sencillo
departamento de Nueva York.

Antes
de acostar al pequeño Johnny, Helen y Ned le cuentan el cuento de Alemania, tal
como el niño les reclama. Aquí la historia de las mujeres y los jóvenes se ha
transformado. A primera vista parece que ha sido adaptado para hacer
entretenido a los oídos de Johnny, pero remite a algo más. Hay un dragón que
les indica a los Caballeros que hay unas Princesas mágicas, todos ellos
personajes que son parte del mito del Cantar de los Nibelungos, mito fundacional
alemán. Helen y Ned alternan sus voces en el relato, cada uno cuenta desde su
punto de vista. Pero no sólo cuentan si no que actúan y ponen en escena lo
ocurrido: caminan de la mano, se esconden bajo un saco que hace de árbol, dan
pautas lumínicas (la luz de la luna, lo femenino) y se besan dos veces. Sobre
el final del relato y con Johnny casi dormido, Ned le dice que se casaron y
después “empezamos a pensar en vos”. Por último Helen canta una canción alemana
acompañada por una cajita de música adornada por seis ángeles –que nos
recuerdan a las ninfas-.

La
puesta en escena es la forma del rito: “El mito manifiesta su existencia en el
mundo de las formas sensibles mediante el rito. ¿Qué es el rito? La repetición
ceremonial de un acto que menta – de alguna manera- el relato originario.” (A.
Faretta, Espíritu de simetría, Pag 275- El mito y el cine-).

Sólo
al final de la película Ned y Helen entienden (y con ellos, nosotros) que ése
relato que Johnny conoce de memoria pero que anhela escuchar, es un mito
fundacional que los une como familia y los acerca a lo sagrado.

Pero
para eso Helen deberá descender moralmente, hasta casi la locura y la más
profunda indigencia. Y aquí no podemos dejar escapar el nombre que von
Sternberg ha elegido para su protagonista. En el periplo de Helen podemos
descubrir que se nos está contando una vez más la historia de Helena de Troya.
Veamos. Helena era hija de Leda (reina de Esparta) y de Zeus (rey de los dioses
y los hombres). Helena tenía una belleza que hechizaba así como Helen es
presentada como una ninfa, también deidad griega. Así queda delineado el
carácter de Helen y su capacidad de hechizar a los hombres. Bajo su influjo cae
el representante que decide contratarla casi con sólo mirarla en medio de una
oficina atestada de mujeres que esperan desde mucho antes que Helen. Y así
hechizará a Nick Townsend el político dandy que la alejará de su familia.

Recapitulemos.
Helen se ve obligada a volver a trabajar como cantante de cabaret porque Ned,
su marido, padece una extraña enfermedad producida por la investigación
científica a la que ha dedicado su vida, su obra y gracias a la cual le quedan
unos pocos meses de vida. Helen y Ned tienen una vida humilde y no pueden
costear sólo con el trabajo de él el costoso tratamiento que puede salvarlo de
la muerte y que consecuentemente implica volver a Alemania con su antiguo
tutor. Así, a pesar de Ned, Helen decide volver a trabajar dejando a su marido
e hijo solos a la hora de la cena –con todo organizado, claro está-.    

En
su número debut en el cabaret, Helen aparece vestida como un gran mono, un
orangután y baila haciendo un striptease que la devela como mujer. El número es
una representación pintoresca de un rito vudú africano. Dos grupos de
bailarinas negras, vestidas como si fueran parte de una tribu africana bailan
alrededor de Helen que canta como el vudú la atrae, la tienta y la hechiza
impidiéndole distinguir entre el bien y el mal. Así aparece la tensión de Helen
entre la vida doméstica y la vida nocturna. Recordemos aquí lo ya dicho
respecto al lugar que ocupa el cabaret dentro del melodrama: el allende, el alter mundus (A. Faretta).

La
representación africana da cuenta también de que lo negro, lo africano, el vudú
que en otros tiempos fue para los buenos norteamericanos lo otro, lo ajeno y lo
desconocido, ahora ha sido domesticado. Los negros trabajan en la barra
del  cabaret y en la orquesta que toca la
música: fueron asimilados. Lo otro
proviene de Europa del Este, de Alemania, del país de los Nibelungos, vencido
en la guerra (por ahora en la primera, la película es de 1932), pero con un
promisorio desarrollo científico.

Pero
para poder regresar al cabaret Helen fue despojada progresivamente de su nombre
y por lo tanto de su vida doméstica, de su lugar de esposa. El representante le
cambia su apellido de casada, Faraday por el de Jones, mas fácil de recordar y
difícil de olvidar según le dice. Luego el dueño del cabaret la bautiza “Venus
Rubia” (Blonde Venus). Otra forma de desacralizar el mito, usando a Venus
(diosa del amor, la belleza y la fertilidad, versión romana de Afrodita) para
espectáculo de cabaret. Una vez más el mito domesticado. Así despojada de su nombre
Helen puede entregarse a los brazos de Nick que le da el dinero suficiente para
que su marido, de la noche a la mañana, pueda viajar a Dresde a realizarse el
tratamiento que le salvará la vida. Así como Paris se lleva a Helena a Troya,
Nick se lleva a Helen y a su hijo a una casa lujosa y ambos viven el romance
prohibido. Pero Helen sabe que volverá con Ned cuando éste regrese. Sin embargo
el señor Faraday vuelve antes de lo previsto y descubre el engaño. Si bien le debe
su vida a los 1500 dólares que Helen consiguió de Nick a cambio de sus favores
como amante, no puede perdonarla y sólo quiere a Johnny de regreso.

Helen
desesperada escapa con Johnny en sus brazos. Pudo permitirse acostarse con otro
hombre por dinero, trabajar en un cabaret y engañar a su marido aunque sea por
una causa noble, pero no perder a su hijo. Helen sabe que es en él en donde
reside el sentido, la trascendencia.

Helen
y Johnny huyen de ciudad en ciudad asediados por la policía y por Ned que quiere
a Johnny de regreso desesperadamente. Helen es hábil para esconderse a pesar de
que va perdiendo todo, trabajo, dinero, equipaje, hasta llegar a la indigencia.
Helen reconoce que ya no puede seguir arrastrando a su hijo en la caída y
decide entregarlo a Ned, para salvarlo. Ella sabe inexorablemente que perder a
Johnny es la muerte. Pero va a renacer.

En
la película los hombres están atados a sus oficios y en consecuencia al dinero,
a su lugar productivo. Ned es un científico que ha dedicado su vida a un loable
proyecto que poco dinero le ha dado y que arrastra como ya hemos visto, a su
mujer al cabaret. Nick es un político que gracias a sus quehaceres tiene mucho
dinero y lo usa para comprar mujeres y hombres también. Los hombres se definen
por su trabajo y el dinero con el que cuentan. Las mujeres hacen uso de ellos
para lograr sus fines. Los hombres han sido despojados de su lugar sagrado e
insertados en una cadena de producción, en un sistema capitalista en donde lo
que vale es el dinero. La mujer ha sido dividida: Esposa y madre o prostituta y
amante.

Así
estamos, pero Helen a partir de perder a su hijo logrará renacer. Volverá a
crearse a si misma, de lo más bajo -un albergue para mujeres indigentes al cual
llega bajando una escalera que luego sube cuando decide volver- a un lujoso
teatro parisino en donde ella es la estrella. Nick que había abandonado Nueva
York para no vivir allí sin Helen, la reencuentra en ése teatro. Cuando indaga
a un conocido por Helen Jones, este le contesta “usó a varios hombres para
escalar, pero luego todo París cayó rendido a sus pies”. Y allí está Helen
vestida de frac blanco con una alta galera cantando que ya nada le importa.
Ahora es una gélida diva de la canción que no ama a nadie y viaja sola.

Vestida
de frac ocupa ahora el lugar del hombre, ya no los necesita para sacarles
dinero, para alimentarse y vestirse. Ahora ella es quien se mantiene sola.
Tiene todo lo que quiere, tiene a París rendida a sus pies. Pero no tiene a
Johnny. Y en esa falta está incompleta. Nick lo sabe y así como se la llevó de
los brazos de Ned la devuelve llevándola hasta la puerta de su vieja casa.

Helen
se desarma al ver a su hijo y aunque luce un elegante vestido negro, se
arremanga para bañarlo y atenderlo. Su traje de noche no importa si hay un rito
que cumplir. Nick se retira porque sabe que hay algo secreto que va a ocurrir
allí.

Ned
entiende que ésa mujer es la ninfa que lo liga con lo sagrado. Juntos volverán a
contar el cuento de Alemania, que no ha sido olvidado, que volverá a ser porque
es ése rito el que los une como familia, el que les da sentido. Volver a narrarle
a Johnny como se conocieron es volver a encontrarse con eso que habían perdido.
Y así lo entiende Ned que la acepta de vuelta como Menelao aceptó a Helena.

Helen
ya no está dividida, ahora es una sola, es la que cuenta el origen, es la
encargada del rito. Es en el plano detalle final de los deditos de Johnny que
juegan con los  ángeles de la cajita de
música, el que nos invita a escuchar la voz de Helen cantando esa vieja canción
en alemán.

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