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CRÍTICAS - CINE

No hay osos (No Bears)

IRÁN Y EL CINE DENTRO DEL CINE, ESAS OBSESIONES DE UN GRAN CINEASTA

Jafar Panahi sigue filmando a su manera, con las trabas y obstáculos que le impone la teocracia de su país, registrando un mundo mientras se lo vigila y controla, manifestando su placer por hablar del cine dentro del cine, de él mismo, de Irán y su gente, no solo de Teherán sino de los márgenes de la capital o de zonas limítrofes con Turquía.

En No hay osos vuelve a cruzar dos líneas paralelas como relato, una desde su computadora personal controlando el rodaje de un film donde dos personajes pretenden exiliarse del país, en tanto, la otra, refiere a él mismo y a su estadía en un hogar de supervivencia donde ese entorno vigila y sospecha de sus movimientos y acciones.

En ese segundo ítem, el particular, el cineasta se ve involucrado y acusado por una foto que él supuestamente sacó a una pareja, cuestión que lo lleva a ser enjuiciado y ubicado en un terreno de sospecha por los lugareños, en especial, por los más veteranos y por el comisario de esa geografía, es decir, los iraníes más aferrados a las costumbres que controlan un territorio de toda situación ajena a las tradiciones.

Panahi maneja con destreza el conflicto público y cinemático (la pareja filmada que desea escaparse) y aquel privado que refiere a su figura ubicada en una situación límite. En este punto, el cineasta vuelve a ejercer su inclinación por jugar con esos registros donde se diluyen la ficción y la realidad y lo real acompaña a los inconvenientes que trae un rodaje, trazando una colección de espejos temáticos y formales donde confluyen ambos ítems. Tal como lo había expresado en películas anteriores y recientes (Esto no es un film; Taxi Teherán; Tres rostros), el creador de Offside y El círculo derrumba esos espejos donde la ficción mira a la realidad concretando un nuevo espacio: aquel que infiere a su problema particular pero jamás omitiendo un paisaje determinado, con sus tradiciones y costumbres, su propio reglamento, su incierta mirada hacia el diferente y al distinto.

En ese sentido, las conversaciones que Panahi tiene con ese tribunal que lo acusado por violar una regla (sacar fotos sin autorización) transmite una insoportable tensión, como cada una de las pequeñas charlas con el solícito ayudante, un tipo buenazo que le explica en más de una ocasión que no rompa con las reglas establecidas.

En No hay osos Panahi vuelve a insertar su bisturí crítico en el ombligo de su sociedad, en esa que controla sus movimientos, que lo vigila y espía sin remordimientos, en esa especie de cárcel libre que el régimen le impone desde hace más de una década pero que no logra coartar ni un ápice su innegable talento como hombre de cine.

(Irán, 2022)

Guion, producción, dirección: Jafar Panahi. Elenco: Jafar Panahi, Vahid Mobasseri, Bachtiyar Panjeei. Duración: 106 minutos.

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