A Sala Llena

No Hay que Llorar

 

 

No Hay que Llorar

 

Dirección: Jorge Alberto Gómez. Autor: Roberto Cossa. Escenografía y Vestuario: Mercedez Uría. Elenco: Victoria Aragón, Daniel Beniluz, Gabriel Daneri, Norma Gordon, Georgina Sica, Sergio Theaux. Prensa: Daniel Falcone

 

Fiel a la temática que suelen reflejar las obras escritas por Roberto “Tito” Cossa, No hay que llorar muestra la realidad de la clase media argentina, con sus características y sus problemáticas. La necesidad económica en este caso se mezcla con mezquindades y egoísmo, que llevan a los personajes a hacer cosas que antes no hubieran imaginado ser capaces, con el solo objeto de conseguir lo que por ellos mismos no pueden alcanzar.

Una familia formada por la madre de casi ochenta años, sus tres hijos y las esposas de dos de ellos, cada uno bien diferente del otro y con un presente también disímil, se reúnen a festejar el cumpleaños de la anciana. Pero la mujer se descompone justo cuando iban a empezar, y tienen que llamar inmediatamente a un médico. A partir de allí y mientras esperan al doctor que nunca llega, entre nervios y ánimos bajos, van descubriendo personalidades y desnudando ambiciones. A cara descubierta y con los sentimientos más profundos a flor de piel, los que iban a festejar en familia convierten a esta reunión en un evento que más bien parece póstumo.

Entrar a la sala escuchando tango y con los actores listos en el escenario, muestran una postal que produce risa y despierta la imaginación; el efecto es determinante. La historia transcurre en el comedor de la casa de la anciana; los congrega la mesa, en donde está dispuesta la comida del festejo. La escenografía delimita claramente la clase social a la que pertenecen los protagonistas, al igual que el vestuario. La iluminación es bien naturalista, y le otorga un realismo especial a toda la función.

Plagada de ironías y con mucho sentido del humor, esta obra es una fotografía triste y descarnada de una realidad actual. La composición y el desenvolvimiento de los actores hacen que la historia se desarrolle de manera amena, ágil y creíble; pero también de forma intensa y profunda. Con un final dramático, No hay que llorar moviliza y produce cierta inquietud; replanteársela y repensarla luego de verla resulta inevitable.

 

Sala: La Tertulia– Gallo 826

Reservas: 63270303 [email protected]

Entrada general: $35

Funciones: Sábados 20.30

 

 

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