A Sala Llena

¡Nop! (Nope)

UN TIPO DE PASADO

Caso raro el de Jordan Peele y la forma en la que se recepcionó su cine. Cuando estrenó ¡Huye!, muchos de los críticos quisimos (sí, me pongo en penitencia) ver un elemento transgresor en su discurso antirracista. Vimos una película tan atractivamente furiosa que quizás confundimos esa furia con lucidez. Creo que en su momento muchos no vimos bien que ¡Huye!no era una película interesante por su posición sobre el racismo -aunque, hay que decirlo, su idea de representar a los villanos racistas como demócratas progres votantes de Obama no dejaba de ser ingeniosa- sino porque Jordan Peele sabía crear climas de suspenso con armas nobles, porque tenía ideas visuales brillantes y entendía que muchas veces en el terror la quietud absoluta puede ser más inquietante que el movimiento brusco. Us, su segunda película, desnudó que la visión social de Peele podía ser demasiado simplista. Así y todo, persistía allí un talento innegable para generar imágenes atractivas y terroríficas y un gran uso de la música. Si uno podía olvidarse de eso era porque el discurso pretencioso escondido en metáforas groseras terminaba por opacar esa habilidad. Us tiene el problema de ser más reflexiva que furiosa, menos visceral y más entregada a alegorías torpes. Si hasta el propio juego de palabras que aludía tanto a la palabra Nosotros como a Estados Unidos resultaba una de esas muestras de ingenio impostado, propio de alguien que quiere exagerar su inteligencia.

¡Nop!, su tercera película, es un título extremada y genuinamente inteligente. Es gracioso al mismo tiempo que enigmático, y representa una película que tras su apariencia de película de terror y aventuras esconde una visión del mundo sofisticada donde la inteligencia no se exclama sino que va decantando sola, y donde Peele ha decidido sabiamente no pontificar sobre un mundo sino expresar confusión sobre él. Por eso también, en primer lugar, ¡Nop! es una película que se para frente a las cosas con una mezcla de fascinación, horror y desconfianza. La naturaleza puede comportarse de forma hermosa pero también bestialmente agresiva; la religión puede causarle miedo pero también emoción, de ahí que abre su película con una cita inquietante de la Biblia pero la cierra insinuando una posible sobrevida ganada acaso luego de un sacrificio cristiano; el espectáculo puede ser responsable de horrores pero también de momentos inolvidables, y hasta el propio monstruo del film es mirado con horror pero también con respeto (hasta tiene la necesidad de bautizarlo con un nombre).

Tanta ambivalencia es lo que puede hacer de ¡Nop! una película desconcertante, pero también lo que la convierte en su film más sabio hasta la fecha; uno claramente imperfecto, sí, pero con varios momentos virtuosos y otros especialmente euforizantes.

Su historia gira mayormente en torno a dos hermanos llamados Otis y Emerald. Ambos  tienen un padre que revolucionó la industria de Hollywood con un negocio de adiestramiento de caballos y un pariente muy lejano que fue el jinete que participó del famoso (o al menos famoso para los cinéfilos) experimento de Muybridge. Hay un chiste genial en la película que tiene que ver con la forma en la que se lo conoce al protagonista: O.J. Esta sigla obedece a su nombre (Otis Jr.) aunque también se confunde, claro, con el famoso deportista homicida negro. Si bien es una broma de la película, es evidente también que el chiste funciona maravillosamente porque describe muy bien al personaje: alguien para quien el peso de su padre es lo suficientemente importante como para no querer ser llamado de otra forma, aún cuando esto derive en un sobrenombre incómodo. Por otro lado, dejarse llamar así habla de la poca importancia que O.J. le da a su entorno por fuera de su negocio, o mejor dicho, por fuera de su territorialidad (un tema recurrente en el film).

Otis parece obsesionado con continuar de alguna manera el trabajo de su padre aun cuando el mundo que lo rodea parece muy distinto al de sus antepasados y el destino natural del oficio de su padre parezca estar ya en vías de extinción.

Otis no es el único afectado por su pasado. Su hermana Emerald, aun cuando viva vendiéndose como actriz y cantante y no le moleste especialmente irse del lugar donde nació, mira de vez en cuando el retrato de su madre y el video de su padre para recordarse a sí misma de dónde viene. También en ese grupo se encuentra Jupe, quien más que por sus antepasados se ve afectado por un programa que hizo hace unos años cuando era chico, y en especial con un recuerdo traumático que ha querido transformar en una supuesta revelación sobre su persona.

Hay otra persona más en ¡Nop! afectada por el pasado: hablo del propio Peele, quien hace una película que no solo referencia a films como Tiburón de Spielberg o Señales de Shyamalan, sino que tiene una clarísima herencia del western.

Otis Jr. es clarísimamente un intento por resucitar al cowboy clásico: valiente, sobrio y lacónico.

Tanto peso por parte del pasado hace que la cuestión de la memoria se vuelva clave, lo que explica en parte por qué la narración de ¡Nop! insista tanto en algo tan propio de la memoria como la fragmentación. No solo por la división de los capítulos sino obviamente por su propia obsesión con las elipsis bruscas, que generan más de una vez una sensación de desconcierto. De todos esos momentos desconcertantes, indudablemente el más impactante viene de la escena donde Jupe tiene su recuerdo traumático. Es un momento que aparece de pronto, un instante que empieza cuando ya la violencia ha sido desatada y lo que tenemos es un chico aterrado mirando desde abajo de una mesa y parcialmente un escenario horroroso. No hay muchas escenas en el terror contemporáneo que usen tan bien el fuera de campo como este. Justificado además por la propia perspectiva del chico y porque el fuera de campo mismo es el reflejo perfecto de hasta qué punto ese pasado está afectado por la parcialidad y limitación de quien lo recuerda. En algún punto, uno puede interpretar incluso que esa limitación es lo que hace que Jupe interprete mal las cosas y vea una señal del destino donde no hay, que se crea un cowboy heroico cuando no terminará siendo otra cosa que carnada para un animal espacial y salvaje.

Pero hay algo más en esa escena monumental del mono: un uso del fuera de campo que mucho cine contemporáneo parece haber olvidado. Para saber cómo filmar hay que saber qué no filmar, y que en algún punto si el director puede ser, como creyeron los Cahiers, un autor, hay que saber seguir la máxima de Hemingway de que no se puede saber escribir sin saber tachar.

Amar la imagen cinematográfica es también saber resignar lo que no se mostrará, pero para eso hay que tener un amor por captar imágenes genuinamente distintas; un oficio que, sospecho, Peele parece mostrar que está en crisis por culpa de la pereza y el rechazo al riesgo.

Esto se da ya en la primera escena de la película: allí su protagonista se encuentra en un rodaje para domar un animal que debe ser filmado. Sin embargo, un pequeño accidente hace que se descarte utilizar un animal real para dar lugar a la mucho más segura tecnología digital. Lo curioso del asunto es que, contra lo que uno podría esperar, dicho accidente es realmente pequeñísimo, casi anecdótico: apenas una patada del caballo que termina provocando que la actriz principal y unos miembros del staff se ensucien. Peele filma este accidente incluso en un fugaz plano general que hace que ese momento parezca más nimio todavía. Así y todo, basta con la posibilidad de algo que no pueda ser controlado para que todo un equipo de filmación decida cambiar las reglas y refugiarse en los ordenadores.

Como contrapartida a esto, Peele cuenta la historia de unos protagonistas que se obsesionan por captar la imagen de un ser peligroso, que podría matarlos con facilidad y que pertenece a una especie que desconocen. Y si bien los hermanos protagonistas ponen como excusa el hecho de que una imagen así podría darles fama y dinero, parte de la inteligencia de ¡Nop! es que sabemos que no es ese el motor principal (de hecho, la película finaliza sin mostrarnos la supuesta fama o dinero que la protagonista tendrá), y que en el fondo, estos dos hermanos no son más que una versión un poco más cuerda y no psicopática del director que contratan, cuyo afán de filmar lo nunca visto lo lleva hasta el sacrificio personal.

Y acá entra el tema del antepasado de los dos hermanos. No su padre, sino aquel tatarabuelo que fue el jinete del experimento de Muybridge y que protagonizó una imagen que cambiaría todo para siempre: una imagen no bella sino distinta.

Ese espectáculo del cual el tatarabuelo de los protagonistas pudo participar, y que tanto Jupe como los hermanos quieren dar, sea a partir de un espectáculo de feria como a partir de una fotografía tomada por una máquina que alude al mencionado experimento.

Los riesgos que hay allí, demenciales en algunos casos al punto de llevar a la muerte, son la razón de que esa búsqueda tenga para Peele un costado particularmente oscuro. Pero también es verdad que es en esa valentía a veces irresponsable donde estos personajes pueden encontrar su propia épica, y sobre todo su necesidad de trascender.

Porque ahí, en la cuestión de la trascendencia, se encuentra el motor real de los personajes principales. Sea el de Jupe, intentando entregar un espectáculo memorable, el de Emerald, sacando la foto de algo que nunca se vió, y el de O.J., haciendo un acto heroico que lo volverá inolvidable. En sus intenciones no está otra cosa que ingresar a aquel pasado que no se extingue porque sigue interpelándonos. El mundo, parece decirnos ¡Nop!, podrá ser injusto, salvaje y sobre todo confuso, pero aún se quiere permanecer en él incluso cuando nos hayamos ido. Su plano final quizás sea demasiado explícito al respecto pero no por eso deja de ser hermoso. Allí encontramos a O.J. (aunque no sabemos si al vivo, o al imaginado por su hermana, o a su fantasma) subido a un caballo atrás de una niebla. La imagen remite al experimento de Muybridge y también nos recuerda a los cowboys de John Ford que destrabaron la rueda del progreso, aunque quedando afuera del mismo. Si O.J. finalmente falleció, lo que dejó su acción es en este caso la posibilidad para su hermana de que siga adelante. Su imagen condensa al experimento de Muybridge y al western porque O.J., como aquella prueba óptica y aquel género, son parte de un pasado que tiene sus ecos en el presente. Por eso ¡Nop! de Peele podrá estar obsesionada con el pasado pero se niega sabiamente a caer en las trampas de la nostalgia. Ese pasado que obsesiona a Peele es uno hecho para retransformarse; un tipo de pasado que, como dijo Faulkner, nunca muere porque en el fondo no es pasado en absoluto.

(Estados Unidos, 2022) 

Guion, dirección: Jordan Peele. Elenco: Daniel Kaluuya, Keke Palmer, Steven Yeun, Michael Wincott, Brandon Perea. Director de fotografía: Hoyte Van Hoytema. Producción: Jordan Peele, Ian Cooper. Duración: 130 minutos. 

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