A Sala Llena

Penumbra

Penumbra (Argentina/ España, 2011)

Dirección y Guión: Adrián y Ramiro García Bogliano. Elenco: Cristina Brondo, Camila Bordonaba, Berta Muñiz, Arnaldo André, Mirella Pascual, Diego Cremonesi, Gustavo Garzón. Producción: Esteban y Horacio Mentasti, Andrea Quiróz, Antoni Solé, Alberto Trigo. Distribuidora: Primer Plano. Duración: 85 minutos.

Cuando se apaga la luz, se enciende…

Podría empezar esta crítica enfatizando lo difícil que es hacer cine de género en Argentina. Hace 11 años que el Festival Rojo Sangre le da la posibilidad a variedad de directores argentinos de mostrar sus trabajos y esfuerzos, algunos hechos con más presupuesto que otros, pero terminados al fin. ¿Esto significa que los trabajos son buenos? No necesariamente. La historia de este festival siempre tuvo 2 niños prodigio Farsa Producciones y Paura Flics. Admito que si bien de la primera he visto y disfrutado casi todo lo que han hecho, de la segunda solo llegué a ver la única producción estrenada comercialmente, Sudor Frío. Paura Flics se especializa en el terror. Pero no se relaciona con el absurdo conciente de las obras de Farsa, sino que toma mayor influencia del cine de terror los años ’70 clase B, slasher estadounidense, grindhouse y del giallo italiano.

Sudor Frío no me había parecido una gran cosa, lo admito, tenía una secuencia inicial impactante y momentos de bastante tensión, suspenso y climas bien construidos. Hacía un poco de agua en lo narrativo y lo interpretativo. O sea, a pesar de contar con buenos actores, no había demasiado profundidad en su trabajo. Tampoco es que les interesara a los hermanos García Bogliano construir un thriller psicológico metafísico, pero ponerle tanto énfasis en lo visual a una historia que se complejizaba innecesariamente, le daba poco equilibrio audiovisual. Repito, no me disgustó, solo que esperaba un producto menos pretencioso y más redondo.

En ese sentido, Penumbra, segunda obra en estrenarse comercialmente, es más honesta y simplista, pero también menos ambiciosa, y el suspenso funciona en menor medida que su predecesora. No intento con esto hacer una comparación, porque ambas obras son completamente diferentes y apuntan a diferentes públicos incluso.

Penumbra es un thriller más clásico, con claras referencias al cine de Roman Polanski y cierto humor de Alex de la Iglesia. El problema es que ninguna de estas dos referencias es explotada completamente. O sea, la paranoia que invade a la protagonista, no se profundiza y las escenas de suspenso, por lo menos a mí, no me resultaron tan tensionantes como podrían haber sido. Los efectos de cámara, los encuadres no logran perpetrar. El resultado parece filmado en piloto automático. La historia tarda demasiado en empezar. Conocemos a un personaje bastante molesto, una abogada española xenófoba. Sin embargo, todas las aristas referidas a la mirada del europeo primermundista a los argentinos, no tienen demasiada consistencia con la otra historia, la de este grupo de “agentes inmobiliarios” que ocupan la casa de la protagonista (por favor, no me citen a Cortazar).

En Penumbra lo que debería funcionar, no funciona. Los climas no logran invadir al espectador. El humor tampoco es demasiado logrado, a pesar de la participación de Sebastián Muñiz, al que no se lo aprovecha demasiado bien. Aquel que haya visto sus actuaciones con Farsa entenderá a lo que me refiero. El registro es intermedio. Se destaca la española Cristina Brondo sobre el resto, pero también es verdad que podría haber sido más odioso su personaje. Como la película no decide que camino tomar (si lo solemne o lo bizarro) ninguna interpretación puede encontrar un tono adecuado. Con la interpretación de Arnaldo André, bien podría haberse ido todo a la sátira atroz, pero en cambio, está demasiado contenido y equilibrado, demasiado estructurado, y el final se contradice un poco con la idea inicial. ¿Es una película de personaje o una obra climática?

Esta indecisión a la hora de filmar, seguido por una idea remanida (los invasores), huecos narrativos y la ya mencionada falta de tensión, hacen de Penumbra, un trabajo bienintencionado, pero fallido, un entretenimiento demasiado liviano, nada desafiante para los amantes del género de horror. Una obra a la que no le llegó la luz.

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Por Rodolfo Weisskirch

“Un sudor frío recorre la penumbra.”

Nada casual esta afirmación inicial teniendo en cuenta que el mismísimo director de la obra antes citada encarna en esta ocasión rol similar. David Lynch arriesgó cierta vez que un director tiene obsesiones casi imperceptibles para sí mismo, pero que, en el visionado final, allí están sin que uno se de real cuenta del importante papel que cumplieron en la obra. Es entonces cuando la relación directa con la coproducción argentino-española entra en crisis directa no por presentar una obsesión directiva, sino más bien por encarnar una película ya vista, y en cronología directa con otra de similares características: tensiones, técnica, fotografía, motivaciones, giros, actuaciones de imitación al mejor estilo Michael Bay para consigo mismo en La Isla (The Island, 2005) y Transformers 3 (Transformers: Dark of the Moon, 2011).

La historia del filme relata la trastornada visita a la Argentina de Margarita, desde ahora Marga, para realizar un trámite de alquiler de un departamento heredado un tiempo atrás. Desde un inicio, la actitud de Marga para con la ciudad, el país y la gente que visita es de desprecio y bajo posicionamiento respecto de su España natal, detalle que sirve como puntapié para una serie de eventos desafortunados que conllevan la forzadísima carga de la locura y al malentendido con un grupo de arrendadores inmobiliarios que intentarán quedarse con su departamento para destinarlo a un ritual de proporciones hilarantes donde, se quiera o no participar, el precio a pagar es la sangre y el terror. Pero no todo es lo que parece y no me refiero al filme, sino a la categorización de estos elementos como un conjunto ordenado en pos de la unidad. Poco de esto sucede en el filme de Bogliano.

La actuación en Penumbra, queda considerada en sí misma por el nombre del filme debido a que, como exclamaba anteriormente, la falta de unidad es clave en el desarrollo in descenso del eje dinámico en la creación, tanto de los caracteres como de una tensión, que pretende estar, pero se ve opacada por la carencia de criterio y motivaciones, de situaciones como condicionantes de la actividad al modelo Stanislavski, un inacabado Arnaldo André y una hiperbólica Camila Bordonaba dan fe de los hechos. Claro que existe el acierto, pero el desengaño nos persigue cada 24 fotogramas y se genera la poca credibilidad de una situación ficticia con intenciones de realidad. El acierto que se menciona surge en la línea inicial del relato donde Cristina Brondo, lo mejor de la obra, hace crecer la historia a partir de una conversación telefónica con tintes de la Raimunda en Volver (2006) de Almodóvar, y un breve encuentro con el Berta de Farsa Producciones que es quien inicia el engaño desde un actino con baches pero respetable desde la base teórica que se contrapone nuevamente a la falta de iniciativa y disparador reaccionario.

La fotografía es el cimiento sobre el que descansa toda la filmografía de Bogliano y Penumbra no iba a ser la excepción con tan exquisita visión de los decorados. Pero he aquí una cuestión que también comparte la conceptualización cinematográfica de los hermanos guionistas y directores: Los backs, la iluminación y aquel slowmotion que, si bien no es la exageración y el extremo capricho visual de Sudor Frío (2011), carecen de un planteamiento de preproducción que otorgue una justificación dramática y un por qué a tanto artificio que no se sostiene por sí mismo ni en términos argumentales.

La idea básica del arte y lenguaje cinematográfico exige una labor previa a la mera filmación como medio de traspaso de la mente al plano real. La consecución no-dramática y la excusa de diálogo y abundancia de personajes para comunicar una simpleza son caprichos y labores rimbombantes para devenir en agresión visual y auditiva. Si bien Penumbra no llega a los extremos enunciados en este mismo opúsculo, esta cerca del desastre por elementos en yuxtaposición sin deliberar la secuencia que éstos tendrán en un todo que será, sin dudas, infinitamente más poderoso que la suma de las partes.

Por Uriel De Simoni

Masacre esta noche.

No podemos más que celebrar el estreno en el triste circuito comercial local de Penumbra (2011), la nueva realización de los inefables Adrián y Ramiro García Bogliano: pese a que a nivel internacional los hermanos ya han sido ampliamente reconocidos por la originalidad y el desparpajo de sus aproximaciones al horror más salvaje de corte ochentoso, en Argentina recién con su producción anterior Sudor Frío (2010) lograron colarse en una cartelera siempre en estado catatónico y dominada por mamotretos televisivos, bodrios artys festivaleros y esas “películas excusa” construidas para cobrar el subsidio del INCAA.

Verdaderos especialistas del género, los cineastas han entregado a los amantes de los sustos una obra interesante tras otra desde la magnífica Habitaciones para Turistas (2004), debut de una carrera con un ritmo de un film por año. Pero como suele ocurrir con cualquier expresión de arte independiente alejada de los criterios hipócritas del mainstream, la crítica y/ o los gobiernos de turno, aquellas propuestas que recorrieron el globo cosechando elogios aquí son relegadas al Buenos Aires Rojo Sangre mientras al mismo tiempo se estrenan en salas convencionales cosas impresentables, tanto autóctonas como extranjeras.

Hoy persisten el excelente nivel técnico y la estética cuidada de siempre aunque sin dudas volcadas a ampliar el espectro del público receptor: desde Donde Duerme el Horror (2010) hasta el presente encontramos un objetivo manifiesto, muy saludable por cierto, dirigido a maximizar el presupuesto, balancear el gore y pulir las actuaciones del elenco. De hecho, gran parte del éxito de Penumbra radica en el maravilloso desempeño de su protagonista, la bella española Cristina Brondo, y en el dinamismo e inteligencia de un guión eficaz, centrado en el alquiler de un departamento destartalado a personas no del todo confiables.

Los aquelarres a la Roman Polanski y las situaciones hitchcockianas se dan la mano con la paranoia apocalíptica contemporánea y esos clásicos chispazos de humor irreverente del dúo. En términos del escasísimo terror rioplatense que ha llegado a las pantallas, el convite emparda los logros de La Casa Muda (2010), supera a la propia Sudor Frío y deja en vergüenza a las fallidas Aparecidos (2007), Visitante de Invierno (2008) y Lo Siniestro (2009). Con geniales participaciones de Berta Muñiz y Arnaldo André, el film continúa la tradición de combinar suspenso de entorno cerrado y una amenaza foránea desconocida…

Por Emiliano Fernández

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