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CRÍTICAS - CINE

Poderes ocultos (The Innocents)

En Poderes ocultos, los adultos y niños conviven, se relacionan, interactúan, pero la mirada está puesta en ellos, los más pequeños. El mundo que teje la película no es fácil de digerir, enunciado por una oscuridad avasallante y una crueldad inimaginable, que altera el orden de lo primitivo, lo primigenio. Lo constituye más la sublimación por lo perverso y desconocido que el mismo acto de crecimiento emocional y biológico típico de estos relatos, donde los más jóvenes deben aprender a salir a la vida. Porque Ida, una niña que cada tanto debe hacerse cargo de Anna, su hermana autista, se muda con sus padres a un complejo de apartamentos en una zona rodeada de bosques y alejada de las grandes ciudades. Ida un día conoce a Ben, un niño de familia inmigrante que no tardará en ganarse la amistad de la pequeña, revelándole extraños dotes psíquicos los cuales utiliza para mover cosas con la mente. Ben a su vez mostrará un comportamiento errático y perverso, en donde no faltan las torturas a animales u otro tipo de actos que lo transforman instantáneamente en un monstruo. Ida a su vez se verá seducida por el accionar del pequeño, alentándolo en cada uno de sus actos. No es la típica niña inocente que es corrompida por su entorno, ya que desde un principio algunas actitudes revelan una violencia reprimida y latente, y que irá soltando con el transcurso del relato. Descarga su necesidad de atención maternal y paternal, volcada siempre hacia su hermana, por lo que Ben a su vez, representa la llave que abre las puertas hacia un mundo de absoluta oscuridad. Un Diabolus ex máquina encerrado en un envase pequeño. Aisha, por su parte, es una niña que al parecer tiene los mismos poderes que Ben, pero que utiliza de forma benévola y que es vecina de Ida y Anna. Entablará con ellas una gran conexión, principalmente con la joven autista, a la que cuidará tiernamente de la brutalidad salvaje del descontrolado Ben.  

Poderes ocultos es, si se quiere, una especie de codificación de El pueblo de los malditos (1995), de John Carpenter, en donde un grupo de madres quedaban embarazadas luego de que una extraña fuerza desconocida las aborde en un pueblo pintoresco típico de los Estados Unidos, engendrando así niños especiales con poderes y mentes súper desarrollados. Acá hay hasta una escena casi calcada de aquella y que involucra una olla con agua hirviendo sobre algún miembro del cuerpo humano. La diferencia es que en el film de Carpenter la atención sobre esos niños terribles se hacía desde una perspectiva adulta, por el contrario, en Poderes ocultos se yergue desde los pequeños de turno, tomando el desplazamiento de lo fantástico como elemento simbólico de sus dramas familiares pero en un acto de autoconciencia bien definido. Por algo cuando Ida llega al lago cercano a su casa vemos su reflejo en el agua, acción que la espeja con Ben, justamente situado en la orilla opuesta y que la observa detenidamente y que será quien desate el horror con sus dotes. 

Acá el poder adquirido es representación (casi) unívoca de las emociones y represiones más profundas, casi un acercamiento a la Carrie White de la obra maestra de Brian De Palma. En ambos casos, tanto en Carrie como en el film de Eskil Vogt, los que padecen los horrores del mundo son tanto adolescentes como niños y que se ajustan a una etapa de cambios en constante movimiento o aprendizaje. Acá, la pequeña Ida es nuestros ojos y viceversa  y la cámara la acompaña en gran parte de la película, por lo que será quien deba enfrentar a esa terrible fuerza maligna como símbolo de la adversidad ante sus dramas cotidianos. Ben, por su parte, es el que más cariño parece exigir a su madre, pero que parece no tener respuesta alguna. La figura paterna ausente, en un hijo varón desprotegido de sus propios demonios internos, no es más que la afirmación de los monstruos masculinos luchando contra lo femenino. Los horrores que despierta el joven son parte de su rabia interna, reflejo total de una familia disfuncional y que se contrapone a la de Ida, Anna o Aisha, más contenida y amorosa. 

Si bien la película tiene sus logros, el exceso en su duración atenta en contra de su construcción narrativa, la cual se extiende por demás y parece por momentos girar en círculos sin demasiado que contar, además de alguna idea cercana a la alegoría fácil y burda y que puede ser demasiado cercana a todo aquello que se nos está contando sin demasiado esfuerzo. Por lo demás, es una película con grandes climas, siniestra en más de un sentido y sentida emocionalmente, se agradece el lenguaje directo y poco críptico que muchas veces suele tener un tipo de cine pretencioso y que afecta a gran parte del género en estos últimos años. 

(Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Francia, Reino Unido, 2021)

Guion, dirección: Eskil Vogt. Elenco: Rakel Lenora Petersen Fløttum, Alva Brynsmo, Ramstad, Sam Ashraf. Producción: María Ekerhovd. Duración: 117 minutos.

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