A Sala Llena

Revancha, según José Tripodero

Golpes básicos.

En El Justiciero (2014), el director Antoine Fuqua se plegaba al mini fenómeno del resurgimiento del thriller centrado en un héroe que se involucra en la lucha contra poderosos simplemente por principios: ayudar a los más débiles, lo mismo sucedía con la gran Jack Reacher, del tándem Tom Cruise/ Christopher McQuarrie. Fuqua recurría a una vieja fórmula pero le imprimía esa cuota de frescura narrativa apoyada en la figura de un veterano de la buena acción como Denzel Washington. Aquí el director de Día de Entrenamiento más que apoyarse se recuesta en los estereotipos del cine de boxeo, el cual lejos de ser un género basado en lo deportivo se ubica más dentro de una atmósfera épica sobre ascenso, caída y redención (prácticamente siempre en ese orden, al menos desde Rocky para adelante).

Jake Gyllenhaal es  Billy Hope, un boxeador que ha hecho numerosas defensas de su título mundial. Tiene una esposa (Rachel McAdams), una hija y todo lo que un deportista famoso posee: casa, autos de lujo y demás. Su arrogancia arriba del ring es indirectamente proporcional al sentido común en su carrera profesional, para ello necesita de la asistencia de su mujer, la que lo ubica en la realidad de sus próximos movimientos. Para sumarle más lugares comunes, está el manager chupasangre, interpretado por Curtis “50 Cent” Jackson (una suerte de Rey Midas del mundo bizarro), quien alimenta su ego con comida chatarra. Hacia el final del primer acto viene el acontecimiento dramático, un golpe bajo que también parece ser propio de este tipo de cine como una variable imprescindible para cumplir con las tres instancias mencionadas de este género. A una distancia abismal de tener la estructura sutil de Rocky, película que en su guión abrazaba además el contexto del protagonista sin exponerlo de manera grosera en un primer plano de la acción, Revancha va para el frente siempre como el personaje de Billy: “golpe por golpe”, sin medir las consecuencias.

Hacia la segunda mitad aparece otro personaje en busca de redención, un entrenador de Brooklyn al que el protagonista recurre para levantar su carrera y volver a los primeros planos pero especialmente para recuperar a su hija, en manos de los servicios infantiles. Sí, esa parte del tránsito del boxeador a la deriva es cubierta y es su único motor-objetivo, por eso es que nunca se escapa de lo lacrimógeno y poco se hace hincapié en el deporte, incluso en el espectáculo que resulta ser el box, a pesar de su actualidad errante en los primeros planos. Fuqua acentúa aún más su irregularidad por su falta de elegancia en los matices y por carecer de un estilo que atraviese los géneros. Tan solo se destaca el esfuerzo de Jake Gyllenhaal, el cual sorprende ya que el año pasado en la increíble Primicia Mortal se lo veía en la mitad del peso que exhibe en esta película algo simplista, que nunca decide con firmeza desmarcarse de la mediocridad o al menos inocularle al género cierta inventiva.

calificacion_2

Por José Tripodero

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