A Sala Llena

Rotterdam 2022 | Eami

Los paisajes de la película son fragmentos… Casi todo lo que encontramos eran pedazos de paisaje

(Paz Encina sobre su obra en una entrevista para la web Spoiler)

…¿no es a nivel de la frase que el sujeto busca su lugar -y no lo encuentra- o encuentra un lugar falso que le es impuesto por la lengua?

(Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes)

 

La primera escena de Eami (2022) muestra con el diseño sonoro que esta es una obra sobre la realidad por fuera de la imagen y la palabra; aquello que, si somos capaces de imaginarlo, de todas maneras ignoraremos de dónde viene. Tampoco precisaremos exactamente quiénes articularon las palabras o qué emitió esos sonidos.

Podemos decir que quien habla en este plano secuencia de diez minutos, donde el movimiento leve y constante de la luz descubre un nido, y quienes hablarán en el resto de la obra forman parte de la cultura Ayoreo. Como ocurría en Apenas el sol (2021), podemos decirlo porque entendemos los subtítulos en inglés, no porque sepamos hablar su idioma.

Ya ahí hay una diferencia de origen asociable al nido con huevos grabados en esa primera escena. A qué especie animal pertenecen. ¿A alguna de las tantas que oímos fuera del plano? 

Y de vuelta al origen lingüístico, ¿podemos precisar una cultura sin entender su idioma? Encina aprovecha las respuestas que ofrece el cine para entramar un entorno para Eami, la protagonista, quien debe irse del bosque por los desplazamientos. Será un entorno de pasajes aislados más que paisajes.

Y el origen surgirá entonces incompleto como inquietud estética de la obra cuando veamos primeros planos de algunos habitantes con sus ojos y bocas cerradas. Esta es una alusión a lo diezmado del pueblo Ayoreo. También refleja la incapacidad aural de captar totalmente su cultura remota. El timbre de voz de quienes oímos en esas escenas no coincide con la edad de sus rostros.

Como si los adultos hablaran por lo que la infancia puede sentir y los niños hablaran por lo que la adultez pretende olvidar, Paz Encina reelabora el entorno actual de sus personajes desde sus recuerdos verbalizados. Atenta a que toda pregunta por el origen posee algo de inalcanzable, la realizadora asuncena explora aristas antropológicas sin olvidar las artísticas.

Las diferencias de sentido entre la mencionada obra de Ullón y esta de Encina residen en la confianza que cada una tiene con los medios para registrar una cultura. Mientras Arami se ocupaba de las grabaciones de su protagonista, Paz ambienta todo aquello que está al borde de lo imaginable. 

Para las dos hay una pérdida en la narración y en el acto de documentar. Mientras Encina está determinada a reconstruir los múltiples abismos de eso por imaginar, Ullón se mantiene en las pérdidas específicas del registro. Para ello y con una urgencia vital y sofocante, la realizadora de Hamaca Paraguaya (2006) y Ejercicios de memoria  (2016) trabaja el instinto animal, las diferencias etarias, la transformación del recuerdo y el uso del diseño sonoro como efímeras necesidades paliativas frente a lo que desaparece.

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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