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CRÍTICAS - CINE

T2: Trainspotting

(Gran Bretaña, 2017)

Dirección: Danny Boyle. Guión: John Hodge, basado en el libro de Irvine Welsh. Elenco: Ewan McGregor, Ewen Bremner, Johnny Lee Miller, Robert Carlyle, Kelly Macdonald. Producción: Andrew Macdonald. Distribuidora: UIP – Sony. Duración: 117 minutos.

¿Qué significa “elegir la vida”?

Cualquier fan de Trainspotting: Sin Límites (Trainspotting, 1996) sabe qué significan las palabras “elige la vida”. Al escuchar o leerlas, lo ve a Renton corriendo por las calles de Edimburgo, siendo golpeado por un auto y riendo psicóticamente. Sabe que elegir la vida significa elegir un trabajo, una carrera, una familia, una televisión enorme, lavarropas, autos, etc. Sabemos cómo sigue ese discurso. Lo que no sabemos es qué es la “vida” para Renton después de abandonar a sus amigos y huir con todo su dinero. O por lo menos, no lo sabíamos hasta ahora.

T2: Trainspotting (2017), nos lleva veinte años después de esa historia de juventud y desidia. Es decir, nos trae al presente. Mark Renton vuelve a Escocia tras todo ese tiempo para asistir al funeral de su madre, y aprovecha la visita para reencontrarse con sus queridos amigos de esa no tan tierna adolescencia. Demás está decir que Sick Boy –ahora conocido simplemente como Simon– está furioso, y planea fumar la pipa de la paz con Renton solo para apuñalarlo por la espalda más tarde. Begbie, por su parte, recién escapa de prisión, y busca una venganza un tanto más urgente y sanguinaria que la de Simon. Spud, por último, es Spud: tan feo, adorable y leal como siempre.

Ese es el panorama veinte años después, en una época donde a nuestros viejos amigos se les exige que entren de una vez por todas en la adultez. A su propia manera, lo hacen. Simon tiene ahora su propio negocio, aunque este implica, además de llevar adelante el pub heredado de su tía, chantajear a hombres ricos con videos porno que él mismo se encarga de producir. Renton se casó en Ámsterdam, adonde huyó tras el altercado que dio final a la precuela de esta historia. Spud intenta enderezarse ayudando a Simon con el pub y Begbie tiene una familia fuera de la cárcel.

T2 está definitivamente a la altura de aquella primera película que tanto éxito tuvo. Cuenta una historia de personajes complejos sin caer jamás en secuencias dramáticas y solemnes sobre el terrible uso de la droga; con personajes que no pudieron nunca hacer una vida sana ni encontrar un atisbo de felicidad, nada de eso hace falta. La misma narrativa nos lleva a la conclusión del poder corrosivo de la droga sobre todo aquello que toca. El montaje es tan maravilloso como aquel que hizo historia en Trainspotting veinte años atrás; de a momentos, es incluso mejor. La dirección, a cargo de Danny Boyle, es perfecta, y así se construye una fantástica película de acción que nos deja bien en claro, gracias al arte del buen narrar, la inanición que genera el caer prisionero en las garras de la heroína. Cabe destacar también la banda sonora, memorable y apropiada en cada escena de la película.

Pero más allá de todas las destrezas técnicas con las que la película sin duda cuenta, quizás lo más interesante de esta saga es no solo el retrato del mundo de las drogas, sino del mundo que existe por fuera de ellas; es decir, de la alternativa. Cuando aseguramos más arriba en esta misma nota que ninguno de nuestros cuatro amigos pudieron hacer “una vida sana”, volvemos a aquel discurso de Renton; discurso que, para la felicidad de todos los fanáticos, vuelve renovado en esta segunda edición. ¿Qué es una vida sana? ¿Qué es elegir la vida?

Al fin y al cabo, la continuación de esta historia nos demuestra que los personajes no se drogaban por ser jóvenes y rebeldes, sino por una profunda infelicidad que sentó raíces en cada uno de ellos hace mucho. A la vez, nos obliga a examinar nuestra sociedad y pensar en qué tan atractiva puede ser la vida como elección si se centra en todo aquello que nombra Renton: un trabajo, una carrera, una familia, una televisión enorme, lavarropas, autos, etc. T2 y Trainspotting logran ilustrar el mundo de las drogas, ubicándose en la fina línea entre mostrar lo patético que puede ser caer él y aun así lograr que el espectador empatice con aquella decisión sin glorificarla; no porque se vea atraído a tomarla, sino porque la alternativa no es, al fin y al cabo, tanto mejor.

calificacion_5

 

 

Verónica Stewart | @VeroStewart

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