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#CANNES74 | Cannibalismos 04: Decalajes

#CANNES74 | Cannibalismos 04: Decalajes

Se contaba con Benedetta en Cannes en 2019, hasta que pocos meses antes del festival una operación de espalda de Paul Verhoeven puso el montaje en stand by y la película se pospuso hasta 2020. Luego pasó lo que pasó, así que nos encontramos con Benedetta, una película rodada en 2018, en este Cannes 2021. No tiene mayor importancia, salvo que en 2019, con las películas de Bong Joon-ho, Quentin Tarantino o Pedro Almodóvar, quizás no hubiese llamado tanto la atención, pero en esta edición 2021 es toda una bendición: películas como las de Verhoeven, una fiesta ininterrumpida de más de dos horas, no se ven en todos los festivales, mucho menos en competencia. Es cierto que Elle ya estuvo en la competencia de 2016 (sin llevarse ni un mísero premio: aquel fue uno de los jurados más ciegos de la historia del festival), pero aquella película que jugaba desde el cinismo con los mecanismos del thriller venía a devolvernos a Verhoeven a la primera línea del cine y ningún festival en su sano juicio renunciaría a un bocado tan apetitoso. Benedetta es otra cosa, digamos que más parecida a Starship Troopers o Showgirls, una película que aborda el género desde la ironía y el exceso. Un género que en este caso es más bien un subgénero o ni eso: el nunsploitation de películas como Interior de un convento, de Walerian Borowczyk.

Pues eso, este año hay un nunsploitation en la competencia de Cannes. Eso sí, inspirado en unos hechos reales acaecidos a finales del XVII en un convento italiano, la coartada histórica. Una joven monja, Benedetta (Virginie Efira), comienza a tener visiones que poco a poco derivan en estigmas que Verhoeven no duda en atribuir a autolesiones de la propia monja. En esas visiones Jesúcristo se le aparece a Benedetta como un caballero vengador que acude en su rescate cortando cabezas y lo que haga falta. A la violencia sigue el dolor (los estigmas) y después, cuando entra en escena otra novicia, Bartolomea (Daphne Patakia),  también el sexo. Asistimos entonces a un tránsito que lleva a Benedetta en sus éxtasis de la violencia al orgasmo, mientras se suceden una serie de intrigas que la elevan al puesto de Abadesa en lugar de Sor Felicità (Charlotte Rampling). Las luchas palaciegas van en paralelo a las transacciones económicas que dirimen las entradas y salidas de las novicias en el poderoso convento. Y nadie como Benedetta sabe utilizar todos estos recursos (la política, la economía y la religión) en su propio beneficio: sus visiones pueden ser verosímiles, pero el partido que saca de ellas es puro cálculo. Hay mucho de Buñuel en Benedetta, y no lo digo solo por ese objeto absolutamente buñuelesco que lleva una figura de la Virgen en una cabeza y un dildo en la otra, sino también por la ironía con la que trata milagros y tentaciones, al estilo de Nazarín o Simón del Desierto. Encima, como ya sucediera con Starship Troopers (película de 1997, no lo olvidemos) con respecto al 11-S, en esta película rodada en 2018 ya se nos habla de una peste y del cierre de las ciudades para evitar su propagación. Y un último apunte: el final de la película deja todo abierto a una posible continuación de las aventuras de Benedetta. Desde ya mismo, no hay película que me apetezca más para 2022, 23 o cuando sea.

La española Libertad, ópera prima de Clara Roquet que compite en la Semana de la Crítica, también era una de esas películas previstas para 2020 a la que se le reservó la plaza hasta 2021. En este caso el desfase puede jugar en contra de la película, simplemente por estrenarse con posterioridad a Las niñas, de Pilar Palomero, que ganó este año en los Goya, y con la que tiene muchos elementos en común. No hubiese sido lo mismo que las dos películas se estrenasen de forma más o menos simultánea en 2020 (una en Berlín, la otra en Cannes) que la de Roquet llegue un año después que la de Palomero, como aprovechando la ola y el viento a favor. En realidad las dos continúan la vía abierta por Verano 1993 de Carla Simón, películas sobre niñas o adolescentes, más o menos autobiográficas y cortadas por un patrón narrativo similar. Que las tres (le podríamos sumar la menos lograda La inocencia de Lucía Alemany) las hayan dirigido tres mujeres debutantes es cualquier cosa menos una casualidad. En cualquier caso, lo que importa, Libertad incorpora llamativas novedades sobre las anteriores, la primera, la más que evidente influencia del cine de Lucrecia Martel, tanto en su tono sensorial y en el protagonismo del ambiente sonoro, como en su discurso de clase. La Libertad del título es la recién llegada hija adolescente de una criada colombiana que trabaja para una adinerada familia catalana. Pero la protagonista es Nora, nieta de la dueña de la casa y de su misma edad, aunque mucho más niña. Libertad hace despertar la adolescencia de Nora en cuestión de unas pocas semanas, las que coinciden con toda una serie de conflictos que se van superponiendo en forma de capas argumentales (la separación de sus padres, los conflictos entre los hermanos, el de Libertad con su propia madre, el retrato de la burguesía catalana y sus fiestas de verano, el alzheimer de la abuela) que se integran en completa armonía, rozando el virtuosismo en la escritura. Sucedía con Verano 1993 y Las niñas y vuelve a suceder ahora con Libertad, sus guiones tan calculados pueden tener algo de fórmula, pero es una fórmula que el cine español necesitaba para deshacerse de muchos de los vicios televisivos de buena parte de su producción.

Aunque de Andrea Arnold solo me gusta una de sus películas, su adaptación de Cumbres borrascosas, me acerqué con curiosidad a Cow, presentada en la nueva sección Cannes Première aprovechando que la directora británica es la presidenta del jurado de Un Certain Regard. ¿Una película sobre la vida cotidiana de una vaca en una granja? Sí, de eso trata, de una vaca, Luma, que mira una y otra vez a cámara y a la que vemos pariendo dos terneros, comiendo o siendo ordeñada. El final es un golpe de efecto para quienes no conozcan La sangre de las bestias. Sorprende en cualquier caso el amateurismo de este acercamiento al documental, la fealdad de sus imágenes, la vulgaridad de su estructura o de su discurso. Cuánto añoramos las ovejas que filmaba Dvortsevoï en Tulpan

© Jaime Pena, 2021 | @jj_pena

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1 comentario en “#CANNES74 | Cannibalismos 04: Decalajes”

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