A Sala Llena

Aftershock

Aftershock, de Nicolás López

Siempre me pregunté por qué Quentin Tarantino le dio bola a este director exagerado y burdo llamado Eli Roth. Dicen que después de ver Cabin Fever lo buscó y le dijo que iba a producir su próxima película, que fue esa porquería de Hostel. La cosa es que hoy en día son amigos y Eli actuó en Bastardos Sin Gloria, una verdadera joya del cine. O sea que el tipo es famoso y entonces en el Festival se estrena una con él y la vemos todos. Sin embargo, lo importante debería estar en otro lado: Nicolás López (cuya trilogía de comedias Qué pena está circulando por el festival) debería ser el protagonista excluyente de esta crítica porque demuestra en pocos minutos ser un verdadero talento a la hora de filmar. El director chileno no se anda con chiquitas: este festín del terror que incluye escenas de cercenamientos, quemaduras, explosiones, terremotos y tsunamis con una calidad y aprovechamiento de los recursos que es absolutamente asombrosa.

Aftershock cuenta la historia de dos amigos chilenos (Ariel Levy, un novio despechado, y Nicolás Martínez, un gordito de barba que se parece mucho a Zack Galifianakis) y un extranjero (Roth) que los acompaña mientras van de paseo y de fiesta en fiesta por diversas ciudades del país trasandino. Sus primeros momentos ya nos muestran una fotografía muy colorida, imágenes de gran calidad y una presentación de personajes bastante videoclipera. Al trío se le sumarán tres mujeres que los acompañarán a Valparaíso para asistir a una fiesta.

Si hay algo que tiene de bueno Aftershock es que cuando el desastre comienza, cuando se desata la bola de nieve, ya nada lo detendrá. A cada situación caótica se le sumará una más, siempre llevando un paso más hacia el abismo a un relato que de por sí es desbocado. Este muy entretenido filme, ideal para fanáticos del género, es una estupenda carta de presentación (o quizás de confirmación) de un director al que habrá que tener en cuenta sin ninguna duda.

Por Juan Pablo Ferré

Cine catástrofe. A pleno y con todo. Eli Roth en el papel de un turista en Chile, padre cariñoso buscando pasarla bien (y se porta demasiado bien) en el momento menos indicado. La estructura, obviando las diferencias entre los géneros, es tal como Hostel (dirigida por Roth que a su vez es productor de esta): toda la primer parte es pura joda, hermosos culos filmados en primerísimos primeros planos, música y hasta la aparición de Selena Gómez, divina en la barra de un boliche mientras el protagonista intenta levantárselo en vano. De pronto un terremoto de gran escala desata el caos.

Civilización y barbarie, supervivencia, una horda de presos que escapan de la cárcel y todo lo necesario para que Aftershock sea una película efectiva, entretenida y que incluso sabe generar momentos de tensión e incomodidad. Eli Roth se la banca bastante bien y el nivel del resto del elenco es bueno y parejo. El terror latinoamericano está pisando cada vez más fuerte y los gringos lo saben.

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