A Sala Llena

Buenas Noches, España

(España/ Filipinas, 2011)

Dirección y Guión: Raya Martin. Elenco: Pilar López de Ayala, Andrés Gertrúdix. Producción: Gonzalo de Pedro y Samuel Martínez. Distribuidora: Independiente. Duración: 70 minutos.

No resulta fácil describir, ni siquiera criticar con palabras, un film experimental. De hecho, tampoco se debería hacer. El cine experimental, surgido en la vanguardia de los años ’30 y desarrollado por realizadores a lo largo de la historia, es un movimiento único, con reglas que no se atan a ningún tipo de estructura tradicional sino que apuntan a un público específico y con mente abierta, generalmente más interesado en la plástica de la imagen, en la exploración del encuadre, de los colores, del montaje, del mecanismo más que de un contenido.

Y eso es bueno. Confiar en el poder hipnótico de las imágenes, de la yuxtaposición de sus planos,  y comprender que el material fílmico, o incluso el soporte digital, puede convertirse en el lienzo en el que un artista explora y explota su capacidad de abstraerse del mundo cotidiano. Eso es muchas veces el cine experimental, una búsqueda de otras formas de narrar, mucho más sensitivas que intelectuales.

Raya Martin, joven realizador de culto filipino, viajó a España y, junto con dos intérpretes de cierto relieve como Andrés Gertrudix y Pilar López de Ayala (a quién vimos recientemente en Medianeras), compuso una road movie sobre una pareja que camina, se persigue, recorre un museo y vuelve a su hogar. Tan sencillo como eso.

Esa caminata o persecución romántica es explorada por Martin utilizando formas y encuadres particulares, pintando las imágenes con los colores de la bandera española, formando fantasmas, jugando con las velocidades de obturación y repitiendo todo el tiempo las acciones para formar un montaje completamente rítmico.

Se trata de un trabajo lúdico y divertido, basado en la experimentación de los recursos cinematográficos como el cuadro a cuadro, el fuera de foco, los tiempos, etc. Mayor descripción no se puede hacer. El público puede o no soportar este trabajo en el que los ojos se vuelven testigos de un cuadro que se pinta en silencio. Martin narra con lo básico: hay personajes, hay conflicto, hay situación, pero no hace falta expresar algo de esto. La retina ocular es testigo de esta hipnosis indescriptible. La aplicación de una música divertida, que acompaña los diversos movimientos recreativos de la pareja, permite que no nos tomemos con demasiada solemnidad la obra y nos dediquemos a la contemplación pura.

calificacion_3

Por Rodolfo Weisskirch

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