A Sala Llena

#CANNES75 | Cannibalismos 05: Francia

En la presentación de Don Juan (Cannes Première) Thierry Fremaux recordó que esta era la primera vez que una película de Serge Bozon estaba en Selección Oficial. Puede parecer un dato sorprendente, pero su única participación en Cannes hasta el momento se había limitado a la Quincena de los Realizadores. Algo similar sucede con otras dos películas francesas que coincidían en el calendario y cuyos directores, salvo error, también formaban parte por primera vez de la Selección Oficial: Emmanuel Mouret, con Chronique d’une liaison passagere (Cannes Première, si bien es cierto que su película anterior, Les choses qu’on dit, les choses qu’on fait había integrado la selección fantasma de 2020) y Quentin Dupieux, con Fumeur fait tousser (Sesiones de Medianoche, que también había participado varias veces en la Quincena). Y es que, como ya sucedía el año pasado, el porcentaje de películas francesas en las distintas secciones es altísimo. No vamos a descartar el chovinismo, pero la explicación es mucho más sencilla: Francia produce o coproduce mucho y la pandemia ha dejado muchas películas en la rampa de salida, que, como es lógico, buscan la plataforma de Cannes para su lanzamiento. Lo recordaba hace unas semanas Paolo Moretti que en una entrevista con Cineuropa.org calificaba de “desmesurado” el número de películas francesas que se habían presentado a la selección de la Quincena.

Lo cierto es que estas tres películas se enmarcan en un género con escasa representación en la Competición, la comedia, salvo que esta contenga algún tipo de comentario social (la película de Östlund). La más extraña para los estándares de Cannes sería Fumeur fait tousser, la característica comedia absurda de Dupieux, en este caso también una película de superhéroes, cinco vengadores o justicieros que conforman la “Fuerza del tabaco” vestida con unos trajes que parecen sacados del carnaval más cutre. Sus superpoderes derivan de los mismos componentes del tabaco que, al concentrarlos contra un mismo objetivo, provocan en cuestión de segundos un cáncer explosivo (sic). En la primera escena se enfrentan a una tortuga gigante (y de caucho, les apunta una incrédula niña) y prácticamente ahí acabará su trabajo, dejando para el resto de la película aquello que suelen hacer los superhéroes entre batalla y batalla: recibir instrucciones y contar historias que, en ultima instancia, conforman el núcleo de la película y que poco tienen que ver con la película de superhéroes (la del hombre atrapado en la trituradora de madera es un corto que vale por muchas películas).

Mouret se ha revelado con sus películas más recientes como el último de los cineastas de la nouvelle vague, un romántico trruffautiano que pone en escena comedias sostenidas por la voz en off y por pasiones literarias. Chronique d’une liaison passagere está lejos de alcanzar la maestría de Les choses qu’on dit… o al menos es menos sorprendente, al centrarse en la relación amorosa entre una madre soltera y un hombre casado también con hijos que se enamoran y optan por una relación exclusivamente sexual. O esto es lo que enuncia la película, en la que no hay sexo alguno y la pasión es eminentemente literaria. O, si se quiere, el amor es un sentimiento racional sobre el que los personajes discuten a medida que, inevitablemente, se va deteriorando y necesita incorporar novedades. El cine de Mouret parece sostenerse sobre una coreografía de los sentimientos que deja en latencia el drama mientras deja aflorar la elegancia, también una cierta melancolía por otros tiempos y otro cine que solo él parece mantener vivo.

Si Chronique… es un musical en espíritu, Don Juan lo es en toda regla, al menos esporádicamente, cuando Bozón hace cantar a sus personajes. En realidad vemos a Alain Chamfort al piano cantando y a Tahar Rahim y Virginie Efira intentarlo, una suerte de canción a medio camino del recitado que parece evocar a Jacques Demy. Sin embargo su puesta en escena es más bien hitchcockiana y esta versión del Don Juan de Molière tiene algo de reescritura a la luz de Vertigo. Laurent (Rahim) intenta poner en pie una versión de la obra teatral al tiempo que hace lo posible por recuperar a Julie (Efira), la única mujer que lo ha abandonado. Julie se le aparece en distintas mujeres, hasta que al final vuelve como la Julie de siempre, concediéndole a su Don Juan una segunda oportunidad. Bozon se encapricha de este rostro, porque parece inevitable que ninguna cámara renuncie a la oportunidad de filmar a Efira. Y su película se sostiene antes sobre los encuadres que sobre el argumento, esos saltos entre la obra teatral que ensayan y la propia vida. Quedan los diálogos, pero Bozon privilegia en todo momento los encuadres, las salidas y entradas de cuadro de los personajes, una cierta geometría de la puesta en escena que se ve reafirmada por la pantalla cuadrada y unas bellísimas composiciones. 

Les amandiers (Competición) es la evocación por parte de Valerie Bruni Tedeschi de su etapa en el Théâtre del Amandiers que dirigía Patrice Chereau a mediados de los ochenta en Nanterre, París. Ese año en la escuela de teatro y su puesta en escena del Platonov de Chejov. Sí, un año después Chejov vuelve al lugar del crimen, si bien Les amandiers no guarda relación alguna con Drive my Car. Como los propios personajes que Bruni Tedeschi suele interpretar como actriz, su séptimo largometraje (varios en Cannes: es una habitual) está lleno de risas, llantos y gritos, con todas las emociones a flor de piel, un estilo físico y carnal que se corresponde con esa inquieta cámara al hombro y el grano de la imagen. Les amandiers arranca emocionalmente en todo lo alto y, de forma inevitable, le cuesta mantener ese tono, pese a que esta no sea tanto una película sobre la juventud de la directora (aquí Stella, interpretada por Nadia Tereszkiewicz) y sus primeras experiencias en el mundo del teatro como sobre los años ochentaen general, sobre el Sida, las drogas y hasta Chernobyl. Una película de actores que difícilmente se ira de vacío con un jurado en el que cinco de sus nueve miembros se dedican a la interpretación. Por si fuera poco, la hija del presidente del jurado, Suzanne Lindon, también tiene un pequeño papel en esta película.

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