A Sala Llena

Cómplices (Complices)

Cómplices (Complices, Suiza, Francia, 2009)

Dirección: Frédéric Mermoud. Guión: Frédéric Mermoud, Pascal Arnold. Elenco: Gilbert Melki, Emmanuelle Devos, Nina Meurisse, Cyril Descours. Producción: Laurent Lecetre. Distribuidora: Mirada. Duración: 93 minutos.

El hallazgo del cuerpo sin vida de un joven de 19 años en el río Ródano abre la narración de dos historias entrelazadas en el tiempo, que se cuentan en paralelo a través de sucesivos flashbacks. Por una parte, Mermoud nos acerca a la investigación policial que tiende a indagar lo relativo al asesinato de aquel joven (lo que deriva en la necesidad de internarse en los meandros de una red de prostitución masculina) y, por otra parte, recorremos y reconstruimos la vida de la víctima desde el momento en que conoce a su novia y se suceden los hechos que, sabemos desde el inicio, terminarán trágicamente.

La complicidad a la que alude el título de la película no tiene que ver con tipos penales o accesorias criminales. Cuando Mermoud habla de “cómplices” seguramente refiere a la relación que se traba entre las dos parejas centrales del film (Cagan/Gilbert Melki y Mangin/Emmanuelle Devos, los policías investigadores y Vincent/Cyril Descours y Rebecca/Nina Meurisse, la pareja de jóvenes). De hecho, si tratáramos de encuadrar penalmente las acciones de los protagonistas en lo relacionado con el hecho criminal del asesinato, ellas encuadrarían como coautoría o encubrimiento, pero difícilmente como complicidad. Y el título está bien escogido. En el film, lo atinente a la investigación policial es solo correcto, aun cuando cierto regodeo en los detalles de la actividad de jóvenes (casi adolescentes) que se prostituyen con señores mayores para juntar algunos mangos puede pensarse como cierto coqueteo con el exploitation. Pero sucede que lo que realmente hace de Cómplices una película interesante es el costado humano de las relaciones que se traban. Uno llega a creer que esos dos jóvenes que se conocen en un cibercafé se han enamorado y entiende incluso que puedan pensar en un futuro mejor al tiempo que alternan las demostraciones de su amor con las tristes y mecánicas actividades a las que se dedican para sobrevivir. Del otro lado, la ambigüedad es el signo que explica la relación entre los policías. Por momentos parecen una pareja (o ex pareja) con años de convivencia, hartazgo y cariño, pero sobre todo conocimiento mutuo; en otras situaciones ella parece una mujer sola, un poco cansada de las citas a ciegas y los contactos telefónicos, y él, un comprensivo amigo gay (¿efectivamente requirió en algún momento de los servicios de Vincent?).

La investigación avanza en el presente de la película. En el pasado reconstruido, los intentos de Rebecca de proteger y salvar a Vincent la hunden en el sórdido mundo en el que él se mueve. Desde el principio sabemos el desenlace, así que lo que más nos interesa son los motivos, las razones de las decisiones (mucho más que saber quiénes son los responsables, reales o presuntos). El cariño y empatía hacia estos seres perdidos y marginales, tristes y condenados sin saber de su condena (pero no por ello desesperanzados) nos empuja, cual una corriente subterránea, por otros brazos de ese río que abre la narración. Somos partícipes de la mutación de un policial que termina valiendo menos por la denuncia social que parece ensayar, que por el amor y la fe con que se acerca a los protagonistas.

Por Fernando Juan Lima

Reseña previamente publicada con motivo de exhibición en el ciclo Les Avant-Premières:

http://www.asalallenaonline.com.ar/festivales-cine/les-avant-premieres-2012/3740-les-avant-premieres-cobertura-primera-parte.html

Puede que sea coincidencia pero hay algo en la elección de dos o tres películas de Les Avant-Premières que sigue un criterio común: el de mostrar la vida jóven aún con conflictos disímiles. Agregarle a la palabra café (o cafetín en términos locales y tangueros) el prefijo “cyber”, indica en dónde está puesto el foco y es ahí donde nace esta historia mezcla de policial y drama con dos chicos Vincent (Cyril Descours) y Rebecca (Nina Meurisse) que se enamoran a primera vista.

Un asesinato y una desaparición resulta en una investigación que conecta a los investigadores con su propia existencia. Mermoud usa esta cisrcunstancia para hacernos conocer a cuatro personas y sus motivaciones. A lo mejor se estira un poco el final al punto de cuestionar la conveniencia para relatar la historia pero es anecdótico ante una buena película que mira de reojo al cine negro contemporáneo.

Por Iván Steinhardt

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