A Sala Llena

Crítica: La Intimidad, por Eduardo Elechiguerra

(Argentina, 2017)

Dirección, guión, fotografía y producción: Andrés Perugini. Duración: 65 minutos.

La imagen central de La intimidad es esta puerta dislocada que cargan los hombres de la mudanza casi al final del documental. Esa sola puerta fuera de quicio nos permite imaginar una intimidad desintegrada por la muerte y por la mudanza, que también es otra manera de morir. Una puerta parece un objeto sencillo cuando tenemos la llave que la abra y la cierre. Pero una vez que carecemos de tal llave, o cuando esta pierde su utilidad, la puerta se convierte en un objeto inerte que solo conlleva imposibilidades.

Podríamos pensar que Irene es el centro del documental, pero Andrés Perugini se enfoca más bien en lo que queda tras ella. Como en esa cortina de la cocina que se agita leve y repentinamente, Perugini hace foco en la desintegración que conlleva la ausencia, el desarme y la repartición de pertenencias inabarcables e inimaginables todas juntas en otra casa. En cierta medida este momento nos recuerda la escena de Cuentos de Tokio (1953) donde, después de la muerte de la madre, cada familiar pide quedarse con un objeto. Cuando todos se han ido, Kyoko se desahoga con Noriko por el egoísmo de sus hermanos, pero esta le ayuda a entender, con esa sonrisa que desarma, que así es la vida y que en eso nos convertiremos todos a cierta edad. En egoístas.

Y si la vida es decepcionante como dice Noriko con una sonrisa en el film de Ozu, La intimidad brinda esta sensación mediante muy pocos diálogos y unos planos que retratan con rapidez y precisión el paso a la soledad de los objetos y espacios de una casa que una vez estuvo ocupada. Perugini apura la venida de otros habitantes como otra muestra del cambio silencioso que funciona en todo lugar. En el documental se asoman muchas preguntas que quedan sin responder, pero lo resonante es la pregunta sobre el destino de todo lo atesorado por una persona. Y tampoco lo sabremos: la búsqueda de Andrés no sale de la casa de Irene. La intimidad quedará en esas paredes y ahí será olvidada.

La intimidad, aunque es un documental, presenta a sus participantes en los créditos iniciales como si fueran actores de su realidad efectiva. Tal decisión vislumbra la posibilidad de todo registro para ficcionalizar la realidad escogida, por más fiel que sea su propuesta. Con todo, esto no implica más que un detalle. El documental enfoca serenamente la manera en que la muerte interviene el valor íntimo de los objetos vueltos a su naturaleza funcional. Que haga esto sin grandilocuencia puede resultar un arma de doble filo al interés, pero lo cierto es que poco importan las intenciones de grandeza frente a lo que queda tras la muerte.

La película se estrena este jueves 19 de abril en el Gaumont. El año pasado participó en el DOC Buenos Aires y en el Festival de Cine de Figueira.

 

© Eduardo Alfonso Elechiguerra, 2018 | @EElechiguerra

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

https://vimeo.com/221172786

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