A Sala Llena

Presencias del mal (The Turning)

Presencias del mal (2020) desperdicia una oportunidad significativa. Kate Mandell, la protagonista, termina encasillada en un estereotipo de locura tratado con ambigüedades más enriquecedoras en otras películas de temática similar. Esto a pesar de ciertos sentidos dentro de la obra con los cuales nos hacemos expectativas de un final más complejo del que se concreta. 

Los hermanos guionistas Carey y Chad Hayes reconocen aquí haberse basado en la novela Otra vuelta de tuerca de Henry James. La ambientan unos 96 años después, en 1994, días posteriores al suicidio de Kurt Cobain según anuncia el noticiero en una de las primeras escenas. El problema en el cambio de época no es la arbitrariedad, sino que la mansión donde está ambientada desentona para el funcionamiento de la historia. No es esta la casona con vida incluso literal de The Haunting (1963/1999), por ejemplo, sino apenas un pretexto para evidenciar la riqueza de los padres difuntos de Flora (Brooklynn Prince) y Miles (Finn Wolfhard).

De todas maneras, el marcaje en el color de ciertos elementos en la producción nos propone un deseo contrastante. En una de las primeras escenas, Kate Mandell (Mackenzie Davies) le confiesa a su amiga Rose (Kim Adies) que dejó el trabajo como maestra porque ella quiere marcar una diferencia en la vida de alguien. Por ello, escoge con dudas este empleo como institutriz. Para quienes hemos tenido maestros y profesores memorables, es curioso que este descuido en la posibilidad de la influencia educativa se pase por alto. Sobre todo porque el final no le dará la oportunidad a la protagonista de dejar una huella ni siquiera por contraste a quienes cuida. 

Ahora, en el primer día en la casa, Kate viste dos tonalidades de rojo. Tal decisión en la propuesta del vestuario parecería errada por lo llamativo de que una mujer vaya el primer día de trabajo vestida y hasta maquillada con carmesí en los labios. Pero la recurrencia del color en otros elementos de la producción como las cortinas del cuarto donde se hospeda, el cubrecama o algunas alfombras da cuenta de una estética cuidadosa con otro de los tonos reiterativos, el negro.

En los diccionarios de colores, el rojo simboliza la ambición y no solo la sangre o el amor. La película se las arregla para evitar lo sangriento por un gran tramo sugiriéndolo con detalles de la producción como el cárdigan de Miles, el hermano más perverso. Y este sentido ambicioso es coherente con la búsqueda inicial de Kate. El negro, por su lado asociable con la muerte y la noche, aparece no solo en escenas nocturnas. El cabello de Flora y algunos vestuarios de Miles aparentan estas tonalidades a veces. Y tal decisión nos previene el final. 

En la última toma de hecho, rojo y negro están presentes en un plano general de una cama de sábanas rojas enmarcada por la oscuridad. Pero la lectura simbólica queda ahí. Los guionistas no dan pie a una visión más liberadora de la mirada femenina. Y no estarían obligados. Solo que incluso el giro de que todo está en la cabeza de la protagonista ni siquiera funciona como ocurría en la versión inglesa de The Descent (2006). En este caso la protagonista luchaba contra los demonios de la caverna (o sea los suyos propios, si entendemos la cueva como un recinto más primal) al menos momentáneamente. Que en pleno 2020, una directora esté al mando de una obra donde la protagonista no pueda controlar las perversidades naturales de dos niños plantea ya no un dilema moral. A fin de cuentas Floria Sigismondi no fue la primera asignada al proyecto y ella ni produce ni escribe la obra. 

Pero películas como Los otros (2001) o Gaslight (1944), con mujeres al frente de la imagen mas no detrás de cámara, retrataron ya con mucho mejor atino audiovisual e indirectamente, las búsquedas no solo de Henry James en la novela adaptada también por Jack Clayton con The Innocents (1961). Estas tres obras nos brindan una visión más compleja de la locura asociada con la imagen de la casa. 

En ese sentido, la protagonista de Clayton, interpretada por Deborah Kerr, ponía punto final y a la vez ambiguo a las perversiones de Miles. En el caso de esta nueva versión, incluir en la historia a la madre enfermiza de Kate ya advierte vaguedades en cuanto al retrato de las condiciones mentales. Tomando en cuenta el mencionado vínculo de los guionistas, el uso de tonos entre azules y grisáceos en estos encuentros finalmente delata preconcepciones familiares en los parentescos ficticios de la obra.

 

 

 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

 

(Reino Unido, Irlanda, Canada, Estados Unidos, 2019)

Dirección: Floria Sigismondi. Guion: Carey W. Hayes, Chad Hayes. Elenco: Mackenzie Davis, Fin Wolfhard, Brooklynn Prince, Joely Richardson, Denna Thomsen. Producción: Scott Bernstein, Roy Lee. Distribuidora: UIP. Duración: 94 minutos.

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