A Sala Llena

Días de Vinilo, según Rodolfo Weisskirch

With a little help from my friends

Amigos, mujeres y música. Estos son los tópicos de la ópera prima del creador de la exitosa serie Todos Contra Juan. Pero uno de esos elementos no funciona. Justamente el del medio, las mujeres. Las mujeres que se interponen y lo complican todo. Tenemos a cuatro protagonistas amantes de la música, lo único que los une, de hecho, es la pasión por las bandas de ‘60, ‘70 y ’80, y los vinilos que coleccionan desde chicos. Sin embargo, al igual que a un reconocido cuarteto proveniente de Liverpool, estos cuatro amigos están a punto de separarse por culpa de sus respectivas Yoko Ono. En uno de los casos, literalmente hablando.

Comedia nostálgica y retro, Días de Vinilo, tiene un universo propio que Nesci respeta en un sentido obsesivo y meticuloso. El guionista/realizador destruye la verosimilitud tiempo/espacio. Por un lado, hay una clara asimetría temporal: la ficción es contemporánea, pero el único tipo de emisor musical que se ve es el vinilo. No hay CDs, no existen los casetes. Los celulares, son bastante anticuados dependiendo el caso, pero no hay una alusión a una década específica. Realmente se trata de un cuidado estético por manifestarse a favor de lo retro en cada detalle del arte (abundan referencias musicales y cinematográficas) y el vestuario. Con el espacio, sucede algo similar. Nesci rompe Buenos Aires, los personajes caminan por un extremo de Palermo, cruzan una calle y están otro. Si esto fuera una característica de solo una escena, se interpretaría como error, pero al manifestarse en todo el metraje, es claro que la intención del realizador es romper con la verosimilitud y crear un mundo de fantasía propio de esto personajes. A pesar de que la fotografía remite a una estética publicitaria, los colores, el cuidado de la puesta, la velocidad de obturación nos lleva justamente a las publicidades de los ’90, agrandando ese tono nostálgico.

El segundo punto a favor del film es su autoconciencia. Un colega me decía que lo que más le había molestado es el hecho de que Gastón Pauls interpretara a Juan Peruggia. Ni a Nesci ni a Pauls parece molestarles demasiado este detalle, ya que en una escena, la comparación se hace obvia, lo cual habla de cómo Nesci ha decidido expandir el universo que ha creado televisivamente a un terreno cinematográfico y no le sale nada mal.

El director pone el énfasis en diálogos y situaciones, algunas ingeniosas, otras ingenuas, que logran confluir en un relato coral fluido, entretenido y divertido, apoyado por las sólidas interpretaciones del cuarteto protagonista, donde cada uno logra destacarse (en particular quedé gratamente sorprendido con la actuación de Fernán Mirás, que después de verlo como Tanguito, se me hacía difícil visualizarlo como comediante. También es muy divertido lo de Sbaraglia). Si bien es el elenco femenino el que tiene mayor irregularidad interpretativa (se destacan Álvarez y Efrón), esto no perjudica un film generacional, que genera empatía y provoca un bien estar interior gracias a su inocencia, calidez y humor.

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