A Sala Llena

Donde se Esconde el Diablo, según Ernesto Gerez

El castigo del horror ATP.

El porqué de la inclusión de una película como Donde se Esconde el Diablo en la cartelera porteña es un misterio. Sin embargo, no es raro que las distribuidoras tomen estas extrañas decisiones cuando se trata de cine de horror. Durante el 2014 se estrenaron pésimas producciones como Extrañas Apariciones 2 –horrible hasta para un estreno directo a DVD- en detrimento de otras con cojones como, por ejemplo, las australianas Wirmwood y The Babadook. Esta historia mezcla de slasher prelavado y ocultismo de ferretería se estrenó de manera limitada en Estados Unidos y al poco tiempo pasó a versión hogareña, no sacó chapa en ningún festival del género, y se editó en DVD y Bluray hace ya varios meses en algunos países de Europa. Este contexto plantea todavía más interrogantes al tratar de comprender la elección de su compra por parte de los distribuidores, y el riesgo -si es que lo corren- de la gran cantidad de salas donde se proyectará (sobre todo se pasará en salas del interior). ¿Garpa cualquier película de horror que se estrene? Habría que revisar los números de buenos estrenos del 2012 como Sinister o del 2013 como El Conjuro, y compararlos con estrenos espantosos –no en el sentido que nos gusta- como Heredero del Diablo o El Último Exorcismo 2. Tal vez el dinero recaudado nos dé una respuesta.

Uno de los grandes problemas de Donde se Esconde el Diablo y de estos productos clase B que no tienen la magia ni la ideología deforme entre irreverente y exploit de algunos subproductos de finales de los ‘70 y principios de los ‘80 (algunas reaccionarias por un lado, pero más arriesgadas desde lo formal que muchas actuales por otro) es, como ya he escrito en otros textos de esta web, su pretensión ATP; su explotación ya no pasa por reutilizar tópicos o ideas e incrementar la expectativa morbosa del voyeur de turno sino por conseguir una franja más amplia de espectadores a través de la apertura de la audiencia. Claro que por temática estos productos no pueden ser efectivamente aptos para todo público, pero consiguen -seguramente más por presión de productores o de bolsillo que de ideas de guionistas o realizadores- que sean, como en este caso, aptas para mayores de 13 años. Y que una película de horror esté apuntada a ignaros imberbes prepubescentes implica que no pueda desplegarse a gusto por el género; las amputaciones pasaron de la pantalla a la realización. Y lo más lamentable es que es una tendencia que creció en los últimos años en pos de una mayor recaudación a través del cambio de target.

La historia que no nos importa se desarrolla en un pueblo tipo amish donde 18 años atrás, en un 6 de junio, nacieron seis chicas al mismo tiempo. Y, según anticipaba una vieja profecía, una de ellas se transformaría en el Anticristo luego de su decimoctavo cumpleaños. Digo que no nos importa la premisa porque puede ser genial o una pavada, pero la película es otra cosa. En este caso, es tan otra cosa que -como bien dijeron los soldados de Fangoria- por momentos pareciera que se olvidaron del género y nos dejaron frente a una historia teen con la estética y las pretensiones metafísicas de Dawson’s Creek. Olvidable.

calificacion_2

Por Ernesto Gerez

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