A Sala Llena

Drive, según Rodolfo Weisskirch

Una Danza de Muerte

“El ritmo de la película tiene la intención de crear la sensación de las últimas bocanadas que una persona da justo antes de morir. Érase una vez en el Oeste fue de principio a final, una danza de muerte”

Sergio Leone

Definir a Drive, como un film de acción es como decir que las películas de Sergio Leone son únicamente westerns. Lo irónico, es que la octava película de Nicolas Winding Refn tiene la estructura de un western clásico… con la poesía y meticulosidad en la puesta en escena que le aportaba Leone.

Tenemos como protagonista a un personaje marginal, del que no sabemos el nombre, no sabemos de donde viene, por qué se porta como se porta, donde aprendió a manejar. Sabemos que tiene un pasado algo oscuro, pero después, puede haber venido de Marte. Este hombre, el conductor que interpreta Ryan Gosling, no parece humano. No se porta como tal, de hecho, y es tan frío como el “rubio” o “armónica”, los intérpretes de los westerns de Leone.

Lo que podemos ver es que es perfeccionista y no pone en riesgo su vida, a pesar de ser un doble de riesgo. Es perfeccionista, le gusta la adrenalina, pero es limpio, ordenado.

Su vida cambia cuando conoce a Irene, una mesera que tiene un hijo. Sin embargo, la bondad y compasión del “conductor” por ella, desatará una venganza sin frenos, donde se involucrará con la mafia y gángsters.

Más allá de que el guión está perfectamente delineado, la estructura funciona en forma acumulativa, sorprendiendo ante cada volantazo que van pegando los personajes. Pero la clave de la obra es la dirección y el ritmo que le impone Winding Refn. Al igual que en las obras de Leone, el director se toma su tiempo para presentar a cada personaje antes de que comience la acción. Cuando cada parte de este gran motor, queda a la vista, empieza a funcionar la trama, en forma de engranaje y las piezas se combinan hasta llegar al final.

El director decide tomar un ritmo lento, cuidando cada plano, cada palabra que se pronuncia, que no son muchas en realidad. Cada personaje articula. No habla por hablar. El cuidado de esta puesta en escena se nota en la meticulosidad que está diseñado cada traveling, acompañado por el timing de una banda de sonido que mezcla el ritmo de Ángelo Badalamenti con el sintetizador de Giorgio Moroder.

Hasta aquí parece que estamos frente a una obra de los años ’80, “una producción de acción ochentosa que parece filmada en Europa” dice Bernie, el mafioso que interpreta Albert Brooks. Esta autoconciencia se convierte en una confesión del mismo director de lo que quiso hacer con Drive.

Definitivamente no es Hollywood. Ni por ritmo ni por violencia. El protagonista es seco pero romántico, violento pero moralista. Un antihéroe clásico, vengativo. A pesar de su taciturna, su parsimonia, su rostro gélido de muñeco de torta, que le viene como carburador al dedo a Ryan Gosling, en una interpretación perfecta, concentrada, sin fisuras, reprimida, pero a la vez tan expresiva con tan pocos gestos; el “conductor” es un hombre fiel y de sentimientos encontrados, complejo, que guarda mucho, y demuestra más de lo que desea mostrar. Aún así, hay rasgos de humanidad en el personaje cuando se relaciona con el hijo de Irene.

La contra cara es la dulzura, sensibilidad y fragilidad que aporta Carey Mulligan como Irene. Las miradas que se cruzan con el “conductor” tienen mayor belleza que cualquier beso. Esta sutileza demuestra una vez más que no estamos frente a una obra de acción, sino a una historia de amor imposible entre una princesa y un caballero medieval, que monta su fiel automóvil. Los autos han reemplazado a los caballos, pero la función es la misma.

Entre ellos, hay innumerables villanos: dos típicos gángsters, uno bruto, el otro listo, y por tanto más temible. No hay peor villano que aquel que es listo y fraternaliza con el héroe. Limpio y meticuloso como Lee Van Cleef en la saga de Leone, el Bernie de Albert Brooks es de antología y a pesar de que Brooks sigue siendo reconocible, la violencia interna que guarda y expresa es tal, que merece destacarse. Nunca podríamos afirmar que director y comediante puede dar con un villano tan oscuro, atractivo y repulsivo a la vez.

Es que ese es el tono del film, tan bello y armonioso, como violento y gráfico. La escenas de acción tienen esa belleza aportada por el realentado, y los encuadres simétricos como solo los grandes directores supieron hacer. Es la violencia lírica de Leone, Friedkin, Peckinpah o incluso el De Palma de Caracortada. Pero no solamente hay tiros y cuchillazos explícitos, que impactan por el esfuerzo que hacen los personajes cuando asesinan, y la forma en la que caen lo cadáveres, sino también mucha tensión. Suspenso puro. Sabemos que se viene algo grave, podemos ver a los villanos acercarse al mejor estilo Hitchcock y no podemos advertir a los protagonistas. Eso sumado a los minutos que pasan, al excelente uso del recurso fuera de campo. El punto de vista no se despega del conductor, por lo tanto, cuando este tiene la tarea de esperar que los ladrones regresen al auto, no sabemos lo que sucede, pero prevemos que no es bueno, que hubo un error de cálculo. Ahí está el suspenso.

La inteligencia de Winding Refn se da en lo que elige mostrar y lo que no. Algunas escenas pueden ser gráficamente muy viscerales, grotescas, con la crudeza de Cronenberg, pero en realidad solamente vemos sombras o planos del ejecutor y no de la víctima. Y aún así impacta.

Hay gran cuidado en el diseño de sonido y la fotografía que remonta a Vivir y Morir en L.A. de Friedkin, por ejemplo. El trabajo de Newton Thomas Sigel es el mejor que ha realizado hasta la fecha, una fotografía llena de claroscuros y luces fosforescentes.

Si bien el film guarda reminiscencias en tono y estética a obras mal llamadas clase B de los años ’70 y ’80, posiblemente las referencias más directas sean a Profesional del Peligro de Richard Rush con Peter O’ Toole donde el protagonista también es un doble de riesgo y principalmente a Bullit de Peter Yates, con una persecución que prácticamente emula a la famosa escena con Steve Mc Queen cruzando San Francisco. Acá podemos ver con detalle las autopistas de Los Ángeles con una atemporalidad que nos lleva indefectiblemente a los años ’80.

Además de la perfecta y natural interpretación de Gosling, Mulligan y Brooks, se destacan dos intérpretes secundarios que con el paso de los años se fueron ganando reconocimientos y honores: Bryan Cranston (increíble que hasta Breaking Bad no lo tuvieran en cuenta) y el maravilloso Ron Perlman, nuevamente en el rol de mafioso gángster.

Por la estilización de la violencia también podemos remontarnos al cine de Carpenter y Walter Hill, pero sobretodo la conexión con estos maestros del subgénero se da en la forma que tiene de representar el western en un contexto urbano, utilizando estereotipos, pero nunca llegando al manierismo de los mismos. En este sentido el film guarda bastante relación con otro western contemporáneo: Un Oso Rojo de Caetano. Más allá del empatía de género, hay numerosas coincidencias con respecto a la paleta de personajes de uno y otro film.

Volviendo a Drive, resalto nuevamente la relevancia de la banda sonora de Cliff Martínez que en vez de ser utilizada como acompañante para incrementar la adrenalina es un contrapunto interesante, casi lírica con respecto a la violencia de las imágenes, recobrando de sentido el montaje el significado de cada escena.

Por último, necesito hacer una confesión. En mi adolescencia le dedicaba bastante tiempo a un video juego llamado Driver. El jugador interpretaba a un conductor que debía llevar a criminales de un punto a otro de la ciudad evitando que la policía lo descubra o evadiéndolo a máxima velocidad. Como el jugador no tenía armas, lo único que podía hacer era chocar a los autos o perderlos de vista. Si bien tengo entendido que el guión de Drive de Hossein Amini se inspira en la novela de James Sallis, es imposible no denotar que el director vio y jugó al Driver (demasiadas casualidades) para diseñar la escena inicial del film. No solamente, porque los protagonistas son iguales, sino porque visualmente remite a la visualización que el jugador tiene de la acción y porque las calles elegidas son exactamente las mismas a la de varios niveles del video juego. Honestamente no puede ser casual.

Meticulosa, sensible, emocionante, atrapante, inspiradora, Drive es mucho más que “una de acción” es un film complejo que entrecruza géneros, otra declaración de amor al cine (y este año van…) pero con inteligencia, sin discursos obvios, priorizando al plano en forma independiente a la escena. Un clásico de culto, un modelo limitado, de colección. Winding Refn ha logrado una notable trayectoria gracias a la saga Pusher (muy recomendable) y Bronson, ahora logra definitivamente colarse entre los mejores realizadores contemporáneos. El reconocimiento al Mejor Director del último Festival de Cannes es completamente justificado.

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