A Sala Llena

El Imaginario Mundo del Doctor Parnassus

 

El Imaginario Mundo del Doctor Parnassus (The Imaginarium of Doctor Parnassus,  Inglaterra / Canadá / Francia  2009)

Dirección: Terry Gilliam Guión: Terry Gilliam & Charles McKeown Producción: Terry & Amy Gilliam, William Vince, Samuel Hadida Elenco: Heath Ledger, Christopher Plummer, Andrew Garfield, Verne Troyer, Lily Cole, Tom Waits Distribuidora: Sony Duración: 122 minutos

La fantasía está de moda otra vez. La semana pasada Peter Jackson nos trajo la imperfecta pero hermosa Desde mi Cielo. La semana que viene se estrena la esperada versión de Alicia en el País de las Maravillas del gran Tim Burton (esperemos que no nos desilusione, aunque yo no tengo altas expectativas). Pero esta semana es el turno de otro fanático de la literatura de Carroll: Terry Gilliam. Pero antes de arrancar con la crítica repasemos un poco la carrera de este genio maldito, maltratado y a la vez admirado por cinéfilos de todo el mundo.

La Maldición Gilliam

Casi cuatro décadas atrás, un joven Terry Gilliam encaminaba su carrera artística dando cuenta de su talento en la animación. Cuentos que contaban cuentos, avivando leyendas medievales, la historia del mundo y una sátira mordaz, un humor negro surrealista, donde se mezclaba la caricatura con el collage, fotos animadas con dibujos estrafalarios… Y un día, un grupo de comediantes, se fijaría en la habilidad, creatividad e increíble imaginación del mundo de Gilliam, lo sumarían a participar de su show al otro lado del océano.. porque aunque muchos no lo crean… Terry Gilliam es estadounidense, el único del grupo británico humorístico Monty Python. Empezó teniendo un espacio de animación humorístico, un sketch en el show Flying Circus, y de ahí no se detuvo.

Participaría en la parte creativa de cada una de las películas posteriores, y también como intérprete ocasional en Los Caballeros de la Mesa Cuadrada, La Vida de Brian y El Sentido de la Vida. A medida que la vida de los Python en cine avanzaba, Gilliam tomaba mayor participación como guionista, e incluso director de secuencias con actores, como Los Piratas de la Agencia de Seguros, el segmento inicial de la genial, El Sentido de la Vida.

Previo a eso, el director había conseguido llevar a cabo una simpática fábula de ciencia ficción y aventura, inspirado por los cuentos y cultura medieval: Los Bandidos del Tiempo. Un grupo de enanos, llevan a un chico de los años ‘80s hacia diferentes etapas históricas… desde las cruzadas hasta las guerras napoleónicas.

El éxito de los Python junto a Los Bandidos… dieron energía a Gilliam para llevar a la pantalla su proyecto más ambicioso y personal: Brasil, un clásico de la ciencia ficción inspirado en 1984 de Orwell con Jonathan Price. El éxito parecía sonreír a Terry. Es nominado al Oscar como mejor guionista.

Con su siguiente trabajo, Gilliam empezaría a ser tratado con mayor frialdad. La superproducción, Las Aventuras del Baron de Münchausen, a pesar de su originalidad, es demasiada ambiciosa y costosa. Se convierte en uno de las mayores pérdidas económicas de la historia del cine.

Entre la fantasía y la cruel realidad, la desigualdad social, la búsqueda del amor… Gilliam encuentra nuevamente la cima de su carrera artística con Pescador de Ilusiones (1991) con un hermoso duelo actoral entre Robin Williams y Jeff Bridges, el príncipe y el vagabundo…

Le sigue su película más exitosa, el thriller de ciencia ficción, inspirada en el cortometraje de Chris Marker, La Jeteé, 12 Monos (1995) con Bruce Willis, reminiscencias con Brasil, donde un personaje debe cambiar el curso de la historia, al tiempo que sale de un futuro decadente y entra en un presente desolado…

Los excesos y las alucinaciones empiezan a jugar en contra de Gilliam. Su siguiente proyecto, la lisérgica crónica autobiográfica del periodista Hunter S. Thompson, Pánico y Locura en las Vegas, no logra la resonancia esperada… divide las aguas de la crítica y empieza a circundar el mito, que el cine de Gilliam no es lo que era en un principio. A igual que sus contemporáneos, Gilliam se deja llevar por los avances computarizados, y su universo empieza a verse artificial…

Pánico… a pesar de todo es una divertida experiencia, una road movie juguetona… El aspecto de Johnny Depp ayuda a construir este arquetipo de personaje, ayudado por un exagerado Benicio del Toro.

Pero el mayor desastre de la carrera de Gilliam sería la realización de El Hombre que Mató a Don Quijote basada en la novela de Cervantes. Teniendo en cuenta el humor e ironía del director, mezclado con su procaz imaginación, es inevitable no pensar que es el director ideal para tal proyecto. Pero el destino no quiso que Terry la terminara todavía, y al igual que la versión de Orson Welles, que estuvo repleta de inconvenientes y se filmó a lo largo de varias décadas, el Quijote de Gilliam pasó las de Caín: Hollywood retiró el dinero, y se tuvo que reducir el presupuesto a una cifra afable para la cinematografía europea; debido a problemas de salud, el protagonista Jean Rochefort (idéntico a la imagen que brindó el escritor español) tuvo un problema de salud, que le impidió volver a montar a caballo; los sets fueron destrozados repetidas veces por tornados; fallecieron técnicos, Johnny Depp (interpretando a Sancho Panza) decidió salirse del proyecto. Los realizadores del backstage, crearon a partir de estos imponderables el documental Lost in La Mancha, un diario sobre una producción totalmente fracasada. La película ganó numerosos premios, pero Gilliam no volvió a encarar el proyecto. En cambio se avocó a reproducir el mundo fabulesco de los hermanos Grimm. La película sufrió numerosos contratiempos y enfrentamientos entre Gilliam (que tiene fama de tener mal carácter) con el estudio Dreamworks. Nuevamente pospuesta varias veces, la fecha de estreno de Los Hermanos Grimm, con Ledger y Matt Damon, fue otro sonado fracaso del director en Hollywood, trabajando por encargo para un gran estudio. A pesar de, en apariencia, vincularse visual y temáticamente con obras anteriores de Terry, parece haber sido filmada por un imitador, y básicamente, se trata de una comedia de aventuras y fantasías poco imaginativa en su narración y muy convencional en su estructura dramática con personajes poco atractivos y creíbles.

Al mismo tiempo, mientras esperaba que los problemas internos de los Grimm los resolviera el estudio, él filmó Tideland, otra oscura fábula de drogas y chicos, que remite a Alicia en el País de las Maravillas, proyecto que siempre se sintió tentado a rodar, pero nunca pudo (y ahora le robó Burton). Nuevamente la fantasía desbordante, y los simbolismos obvios superaron las intenciones de Gilliam. A pesar de ser mejor que los Grimm, Tideland es un proyecto bastante pobre para un director que se merece mejores trabajos.

Nuevamente contó con la desaprobación de la crítica, y en la taquilla le fue peor que a Münchausen. “No la fue a ver nadie”, dijo bastante deprimido.

Parnassus, un proyecto autorreferente

Gilliam es ante todo un soñador y a pesar de la mala suerte de sus últimas películas no baja los brazos. Decide volver al cine con capitales europeos: El Increíble Mundo del Doctor Parnassus, el proyecto que en este momento no arremete, combina lo mejor y lo peor que Gilliam ha hecho a lo largo de su carrera. Es una reflexión, un análisis altruista, pero que guarda muchas semejanzas con el mundo real.

Lamentablemente, antes de seguir con la crítica, vale aclarar que hubo aspectos nuevamente malogrados durante el rodaje. En Enero del 2008, en pleno rodaje, fallece uno de sus protagonistas: Heath Ledger. Gilliam y el resto del equipo quedan destruidos. No saben como seguir el rodaje sin él. Sin embargo, a manera de homenaje Terry decide evocar a Depp, Jude Law y Colin Farrell para seguir con el personaje, cada vez que este entra en un mundo imaginario. Por suerte, Gilliam consiguió que Ledger filmara toda su participación en el mundo real. Pero no fue la única pérdida, también a mitad del 2008, fallece William Vance, el productor canadiense del proyecto. La mala suerte sigue a Gilliam.

Cuando la película se presenta fuera de competencia en el Festival de Cannes 2009, las críticas reconocen que el director ha mejorado y se dividen entre los que quedaron fascinados y lo que no se dejaron impresionar. El film se estrenó en diciembre del 2009 en Estados Unidos y lamentablemente, a pesar del recuerdo por Heath Ledger, no tuvo ni el reconocimiento ni el éxito económico necesario para devolver a Gilliam a la senda exitosa.

Gilliam no se rinde, a pesar de todo. Su próximo proyecto es retomar El Hombre que Mató a Don Quijote, esta vez con Robert Duvall en el rol protagónico.

En Parnassus, Gilliam retoma la idea rectora de Münchausen, un anciano capaz de cautivar la imaginación de las personas y motivar a que se sigan contando historias fantásticas alrededor del mundo, con elementos de la cultura medieval que expuso en Pescador y Los Bandidos del Tiempo, como la carreta ambulante, los artistas nómades, las leyendas, los juglares, etc. A la vez sigue metiendo viajes en el tiempo como en 12 Monos, la posibilidad de cambiar el presente, y personajes que penetran en constantes fantasías como en Brasil o Tideland. Sí, la película, por suerte tiene el sello Gilliam en cada fotograma, ya sea a nivel temático / narrativo como visual… Nuevamente, como en Pescador, los personajes del medioevo viven como vagabundos de la ciudad (en vez de Nueva York, es Londres).

El Doctor Parnassus del título (Plummer, soberbio como siempre), es un monje inmortal que le ha ganado una apuesta antigua al diablo (Waits, un poco estereotipado). Parnassus tiene la misión eterna de relatar cuentos para sostener el universo. En la antigüedad lo hacía en un templo, ahora viaja en una caravana con su eterno asistente Percy (Troyer, sorprendente interpretación), su hermosa hija Valentina (Cole) y el comediante, mago y acróbata Anton (Garfield). Sin embargo el diablo, vuelve a aparecer para reclamar una vieja apuesta: llevarse a Valentina cuando cumpla los 16 años.  Faltan dos días y Parnassus lo quiere evitar a toda costa. El diablo le da otra oportunidad, el primero que junta 5 almas, se queda con Valentina. Parnassus al mejor estilo del Fausto acepta el desafío, pero su deplorable estado y los conflictos internos de su grupo, no ayudan. En el medio encuentra a Tony, un misterioso y carismático (Ledger) joven capaz de captar la atención del público, y llevarlos con la atracción principal del circo de Parnassus, un misterioso espejo, donde cada persona vive sus fantasías más surrealistas como si fueran reales. Pero, a la vez Tony también tiene un lado oscuro.

El gran conflicto que surge en Parnassus, es similar a lo que sucedía la semana pasada en Desde mi Cielo de Peter Jackson. Por un lado Gilliam, hace un trabajo personal, no es difícil encontrar similitudes entre Parnassus (personaje) y el director, quizás un alter ego de su mente creadora. La misión del doctor es que “la gente siga creyendo en la fantasía”. Con el paso del tiempo la gente ha dejado de creer (similar mensaje que el de La Historia Sin Fin) y por tanto, Parnassus ha caído en el alcoholismo, se pelea con todos sus compañeros, fracasa constantemente. El problema es que Gilliam, “necesita” meter una crítica política y social en el medio, y ahí es donde el controvertido Tony, termina causando un efecto contraproducente en la trama: así como su vida anterior complica al personaje de Parnassus, en la película misma su rol queda confuso, forzado poco claro. La relación con Valentina nunca se profundiza, y de pronto toda la trama desde su aparición se va enlazando y confundiendo. La ambición de Gilliam por abaratar muchos tópicos al mismo tiempo (incluyendo la crítica hacia las obras de caridad, que sirven de vidriera de negocios mafiosos) lo van alejando del tema principal: la necesidad de que la gente siga motivada a imaginar mundos maravillosos y entrar en el subconsciente. A la vez, la presencia y magnetismo de Ledger (que por momentos recuerda al Guasón) opacan al verdadero protagonista: Christopher Plummer. También termina siendo banalizada la historia romántica entre Anton y Valentina. Al igual que Jackson, cuando Gilliam se entusiasma imaginando los mundos más fantasiosos creados en animaciones completamente identificables con el realizador, la narración decae en ritmo y entusiasmo. Por supuesto, que al principio el espectador no lo nota, porque los sorprendentes dibujos de Gilliam, son demasiado imponentes y admirables para notar que la narración decae. Además, está el “plus” de ver que actor va a reemplazar a Ledger cada vez que se mete con algún “cliente” en el Imaginarium de Parnassus.

Por otro lado, como pasaba con Jackson, a pesar del caos visual / narrativo se nota un gran amor del realizador por la obra completa y los personajes. A diferencia de Jackson, Gilliam logra ser más coherente estructuralmente, y menos contrastante en tonos, y montaje de secuencias. Tiene más dinámica y armonía que Desde mi Cielo. Además el pesimismo de Terry y la falta de cursilería juegan a favor de la diégesis. Los personajes (excepto Tony) resultan ambiguos, son antihéroes identificables que logran mimetizarse con el espectador.

Con respecto al finado Ledger, lamentablemente, el hecho de que nunca queda demasiado claro, cual es el rol verdadero del personaje en la historia, y el aporte de demasiados tics, propios del actor juegan en contra. Si bien no resulta molesto ver otros actores en sus fantasías, si uno no tendría la información previa, de “por qué” fue cambiado, podría leerse que los cambios no tienen verdadera justificación. En defensa de Gilliam se puede pensar que esto no fue concebido desde el guión. El mejor de los “imaginarios Tonys” resulta ser Depp, quien se desenvuelve con mayor soltura, dada su experiencia con Burton quizás en mundos imaginarios. Pero es Farrell quien tiene mayor participación, y da con el tono más parecido al que venía trayendo Ledger. Habría que preguntarse, si Depp no debería haber sido la elección correcta del director desde el principio. Jude Law, es tapado completamente por la estética del Imaginarium.

En cuanto a los mundos “imaginarios” resulta cautivante ver muchas autorreferencias: el primer “imaginarium” parece haber salido de Münchausen, pero más reconforta ver el “imaginarium” donde Ledger se transforma en Law: el humor y la estética remiten directamente al mundo Python, por lo cual, un fanático de ley del grupo inglés verá más que retribuida el precio de la entrada.

El Imaginario Mundo del Dr. Parnassus nos puede devolver a la infancia gracias a su magia y cierta inocencia. A pesar de los desniveles narrativos (especialmente en el final) la película supone un regreso de Gilliam a los orígenes de su carrera. Entre el humor, la melancolía, la nostalgia y el romance, se arregla para demostrar que la fantasía no está muerta. Esperemos que, a diferencia de Welles, pueda terminar su versión quijotesca… Muchos molinos de viento pasaron por su camino…

 

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