A Sala Llena

El Secreto de sus Ojos, según Matías Orta

Dios bendiga a Juan José Campanella. Sé que tal oración puede sonar exagerada, sé que le puede restar profesionalismo a la nota. Pero es así. ¿Cómo no adorar a uno de los pocos cineastas argentinos que se preocupa por contar historias, por crear personajes, por hacer cine de verdad? Si genialidades como El Mismo Amor, la Misma lluvia, El Hijo de la Novia y Luna de Avellaneda no les dan la razón, sin duda lo hará —espero que lo haga— El Secreto de sus Ojos, su más reciente clase de cinematografía.

Se trata de un policial, sí, pero hay elementos dramáticos y una impronta que la conecta con episodios —algunos nefastos— de nuestro país. No es un terreno nuevo para Campanella: sus primeras obras fueron oscuridades como The Boy who Cry Bitch, que en España se llamó El Niño que Gritó Puta (¿?), y una adaptación de la novela Ni el Tiro del Final, de José Pablo Feinman, protagonizada por Terence Stamp. Todo esto sin contar su labor en series estadounidenses como La Ley y el Orden, de las que sin duda aprendió un montón.

Darín continúa demostrando que no le queda chico ningún papel y que sigue siendo el actor argentino. Su química con Soledad Villamil, tan exacta como en El Mismo Amor… Un físicamente irreconocible Francella le pone el cuerpo y el alma a Sandoval, compañero de Espósito. Juntos forman una dupla onda Sherlock Holmes-Watson. Si bien Sandoval tiene salidas desopilantes, es un personaje trágico, que lo logra escaparle a los vicios, y termina jugando un papel crucial en la historia.

A Pablo Rago le toca el rol más atormentado, ya que interpreta al marido de la mujer violada y asesinada. El humorista José Luis Gioia sorprende como un detective… Pero la revelación viene por el lado de hasta ahora ignoto Javier Godino. No conviene adelantar mucho de su personaje.

En la película abundan los momentos inolvidables, pero hay una secuencia que hará historia. Transcurre en un partido Huracán-Racing, en cancha del Globo, y está a la altura de lo filmado por Alfonso Cuarón en Niños del Hombre. Deben verla para creerla. 

El final tiene una vuelta de tuerca inesperada y muy extraña, pero no arruina en absoluto lo que venía detrás.

Gracias, Campanella, por darnos otra de las mejores películas argentinas de todos los tiempos. Espero que vuelvas a filmar pronto.

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