A Sala Llena

Esto es tan solo la mitad…de todo aquello que me contaste.

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Dramaturgia y Dirección: Pablo Bellocchio. Asistente de escena: Agustina Peres. Asistente de dirección: Martina Carou. Fotografía: Pía Leavy. Diseño Gráfico: Rodrigo Bianco. Actúan: Estefanía Revas, Gimena Romano Larroca, Nicolás Salischiker, Juan Tupac Soler, Rodrigo Bianco, Valeria Zylberber, jorge Gentile, Jimena López. Prensa: Tehagolaprensa

Las profundidades del dolor

Los grandes acontecimientos de la vida implican un ritual que convoca e interpela a las personas que han participado de alguna u otra manera en la existencia. En el protocolo litúrgico del sepelio los familiares, amigos y conocidos del difundo se dan cita para conmemorar la memoria de la persona que ha fallecido, que se ha amado y odiado. En algunas oportunidades es el inicio de una nueva etapa, es la plantación de una semilla que muchos años después dará sus frutos.


En un velatorio en la capital, los hijos de un difunto convierten el ritual mortuorio en una apertura emocional que los llevará a mirarse a sí mismos y a confrontar sus vidas con la de sus hermanos y la figura paterna. Esto es tan solo la mitad… y …de todo aquello que me contaste son dos obras sobre la construcción de la memoria familiar a partir de la visión de dos familias que comparten un mismo padre.

En la primera parte de la obra, cuatro hermanos relativamente cercanos a su padre viven el desierto velatorio desde la intimidad, el egoísmo y el rencor de sus problemas personales y relaciones fallidas. En la segunda parte, la otra mitad de la familia, dos hermanos, un medio hermano por parte de la madre y la novia del mayor, indagan sobre los acontecimientos que llevaron a que su padre los abandone hace muchos años y se vaya del viñedo familiar en San Juan para instalarse en Buenos Aires y olvidarse de ellos para siempre.

La herencia de la dictadura, los enconos consanguíneos, el fracaso sentimental, los engaños, la cercanía y la lejanía, construyen el discurso enclaustrado de los Lascia, dos familias y dos obras que confluyen en una historia que no puede escindirse.

Con una escenografía rústica y despojada consistente en dos habitaciones poco amuebladas con unas sillas y unos escuetos muebles en la primera parte y un escritorio y un perchero en la segunda, los actores llevan de forma extraordinaria la opresión de sus emociones hasta el extremo de la risa o el llanto en busca de un abrazo esquivo. Los gestos a veces lacónicos, a veces ampulosos, pero siempre inesperados y cargados de desesperación contenida incitan a los actores a entregarse a esta familia que necesita darle un final a la historia de un padre ausente para dar los primeros pasos de un nuevo comienzo en un mundo menos avasallante.

Jugando en todo momento con el discurso nunca pronunciado, la obra de Pablo Bellocchio lleva al espectador a reconstruir una historia indivisible de personas que pugnan por vivir escapando de la sombra del severo y hermético padre muerto.

Los Lascia, son dos obras sobre los lazos que se rompen y la pérdida de toda posibilidad de dialogo con los seres que alguna vez se amó y la vida separó. Un velatorio o un entierro son los momentos por excelencia en que este encuentro se concreta, donde el fulgor de los sentimientos enterrados y olvidados se encienden, formando una chispa incandescente, una semilla de algo que reemplace el dolor de lo que se ha perdido.

Teatro: Espacio Polonio. Fitz Roy, 1477

Entradas: 70 pesos

Funciones: Domingos, 19 hs

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