A Sala Llena

Ensayo sobre lo artificial

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Dramaturgia: Periplo Compañía Teatral. Vestuario: Julieta Fassone. Escenografía: Adela Díaz. Diseño de espacio: Diego Cazabat. Diseño de luces: Diego Cazabat, Néstor Navarría. Diseño sonoro: Hugo de Bernardi. Fotografía: Diego Ojeda. Asistencia técnica: Fernando Cerra, Néstor Navarría. Coordinación de producción: Miguel Angel Ludueña. Realización: Adela Díaz. Dirección: Diego Cazabat. Actúan: Diego Cazabat, Hugo de Bernardi, Julieta Fassone y Andrea Ojeda. Prensa: Simkin-Franco.

La ñata contra el vidrio

Tal vez la carrera de muchos de los grandes artistas contemporáneos de todos los tiempos haya comenzado así: pegados detrás del vidrio de la tv, viendo la performance de aquellos seres glamorosos a quienes soñaban imitar de grandes. Esta concepción de que las estrellas de la tv y el cine son perfectas e inalcanzables –aún cuando hoy podemos saber mucho de sus miserias y de sus intimidades- es el leit motiv de este ensayo sobre las tablas que pone en escena Periplo Compañía Teatral.



Acompañando las vidas de Filipo, Merilin y Susan, una suerte de Virgilio teatral guía al espectador durante los vericuetos de la obra, poniendo de manifiesto las principales características de estos “seres humanos perfectos” y su hábitat naturalizado, que pretende ser una paradójica síntesis de lo natural. Así, estos tres personajes se ocultan, van y vienen atravesando puertas, jugando con ellas y construyendo atractivos espacios por fuera de la escena que despiertan con acierto la imaginación espectatorial. Posturas artificiales, vestidos artificiales, cuerpos artificiales, todo contribuye a crear esa atmósfera del cine de antaño, de esas películas deudoras del
American way of life en donde hombres y mujeres saludables, hermosos y rozagantes, se deslizaban y transitaban los conflictos de manera estoica, con la certeza de que la felicidad los esperaba al final del camino.

Ensayo sobre lo artificial plantea entonces un teatro dentro del teatro, una mirada sobre la construcción de esa construcción que es la pose artística. El objetivo es deconstruir la génesis misma del quehacer actoral, ver cómo nace y se pergeña el cálculo perfecto de la espontaneidad, la dosis justa del erotismo, el límite difuso entre la chabacanería y el humor. La intención de la obra es sin dudas interesante, pero en pos de su objetivo deja afuera a quien más importa dentro de esa reflexión: el público. Y es que pese a interpelarlo todo el tiempo –e incluso ponerlo de manifiesto frente a estos actores/marionetas que en algún punto toman conciencia de su condición artística frente a los otros- queda flotando en el aire una especie de duda, de sentimiento de incomodidad en donde quien ocupa la butaca no sabe muy bien hacia dónde lo lleva la historia. Los diferentes hábitats de los “seres humanos perfectos” muestran matices distintos pero a la vez similares, y allí es donde la progresión dramática no encuentra una vía de escape. El final se torna así forzado y arbitrario, y depende del capricho de nuestro Virgilio que –cansado de ver a estos autómatas cuyos “dispositivos para la alegría o la tristeza” son parte integral de su fisonomía- decide ponerlos en contacto visual con los espectadores, rompiendo esa barrera imaginaria y remarcando aquella vieja ilusión de la mirada a cámara como la mirada en los ojos. El sentimiento de vacío se apodera así de la escena, restando puntos a una propuesta con buenas intenciones, pero que apunta sin dudas a un público conocedor e integrante del quehacer teatral.

Teatro: Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini – Av. Corrientes 1543

Funciones: Viernes 20hs

Entrada: $100

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