A Sala Llena

Extrañas Apariciones 2 (The Haunting in Connecticut 2)

(Estados Unidos, 2013).

Dirección: Tom Elkins. Guión: David Coggeshall. Elenco: Emily Alyn Lind, Abigail Spencer, Chad Michael Murray, Katee Sackhoff, Morgana Shaw y Grant James. Distribuidora: Distribution Company. Duración: 101 min.

Extrañas Apariciones 2 se suma a la lista de películas basadas en las investigaciones de Ed y Lorraine Warren. Sí, el difunto demonólogo y la viuda médium que inspiraron The Amityville  Horror, The Haunted, la primera parte de la presente y esa gloria hecha película de horror que es El Conjuro. Pero este dato de la pareja de ghost hunters es sólo eso, mera información, no implica nada, la única relación entre las películas mencionadas es su pertenencia al género y el protagonismo de un espacio físico habitado por incorpóreos macarras del infierno.

Y son tan disímiles las obras basadas en estas supuestas historias reales que podemos pasar de un milagro narrativo como El Conjuro a la exasperante Extrañas Apariciones 2. Una segunda parte que no solo no tiene ligazón con la historia de su predecesora sino que incluso logra que el título original –The Haunting in Connecticut 2– pierda sentido debido al cambio del estado en donde se desarrolla la trama. Nos vamos del norte y bajamos hasta Georgia para una historia de fantasmas como el sur americano se merece, con espíritus de blancos malos -bueno, hay un blanco bueno pariente del malo- y negros esclavos.

De todos modos, no es la falsa secuela ni el título ni la trama fantástica con pretensiones de progresismo lo que nos deja en estado de shock, no por miedo sino por tedio sobrenatural; el gran problema de la película es la narración. La aparición que se extraña es la del entretenimiento, ese generado por el suspenso de un digno contador de historias. Es que el debutante Tom Elkins tiene serios problemas de ansiedad y los traslada a las imágenes. Ni quiero meterme con la horrible estética con la que introduce a los espíritus o con los golpes de efecto que no llegan a tales porque se olvidó de acompañarlos con ese sonido destructor de los buenos impactos.  Eso que a veces criticamos -¡cómo abusa del efectismo!- Elkins hace que lo extrañemos, porque a Elkins no solo no le funciona el gancho de derecha, sino que no le funcionan los jabs; de hecho, no puede dar ni una bofetada pero se calzó los guantes igual.

El trastorno de ansiedad del director (podríamos bautizar a esta nueva patología como “Trastorno de Elkins”: ansiedad incontrolable para contar una historia) no permite que nos involucremos con los personajes. Tiene tanta necesidad de querer asustarnos que a los segundos de película nos tira fantasmas por la cabeza, diablos para él, Caspers para nosotros. Y al no haber desarrollo de la historia, el ¿sub? texto de los esclavos se desmaterializa como sus espectros antipánico. La ansiedad de Extrañas Apariciones 2 es la del debutante ante su primera conquista. Elkins no se puede contener para realizar una buena performance y mancha todo a los dos minutos. Lo lamentable es que durante la hora y media no se recupera del papelón y nosotros tiramos un turno de telo a la basura.

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Por Ernesto Gerez

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