A Sala Llena

Ghost Rider 2: Espíritu de Venganza 3D

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Ghost Rider 2: Espíritu de Venganza 3D (Ghost Rider: Spirit of Vengeance 3D, EE. UU., 2012)

Dirección: Mark Neveldine y Brian Taylor. Guión: Scott M. Gimple, Seth Hoffman y David S. Goyer. Producción: Ashok Amritraj, Avi Arad, Ari Arad, Michael De Luca, Steven Paul. Elenco: Nicolas Cage, Violante Placido, Ciarán Hinds, Idris Elba, Johnny Whitworth, Fergus Riordan, Christopher Lambert. Distribuidora: Energía. Duración: 95 minutos.

Cuando Ghost Rider: El Vengador Fantasma se estrenó, allá por 2007, estuvo lejos de ser un suceso. Recaudó dinero, pero no se convirtió en un clásico ni nada parecido. Los motivos son varios: por un lado, este personaje ocupaba un rango menor dentro del universo de Marvel Comics; por otro lado, el trabajo del director Mark Steven Johnson no era muy inspirado que digamos. Y además, daba la impresión de que los films basados en historietas estaban cansando al público. Un pensamiento erróneo, confirmado al año siguiente por el exitazo de la primera película de Iron Man y de la segunda Batman de Nolan.

Debe ser este último aspecto el que ayudó a darle una segunda oportunidad al motoquero con cabeza de calavera en llamas, nuevamente interpretado por Nicolas Cage (y su michifus capilar de turno, por supuesto). Eso sí: el equipo creativo es nuevo, y Ghost Rider: Espíritu de Venganza funciona como un reinicio y no como una secuela.

Johnny Blaze sigue atormentado. El pacto que hizo con el Diablo, siendo joven, para salvar a su padre, lo condenó a llevar una doble vida como engendro diabólico que ajusticia a los malos (y bueh, calavera no chilla, ¿verdad?). Aislado en alguna parte de Europa Central, intentando dominar su impredecible Otro Yo, es requerido para una nueva misión: encontrar a Danny (Fergus Riordan), el mismísimo Anticristo, al que todavía le queda una esperanza de no ser apoderado por el Maligno (Ciarán Hinds). Las fuerzas de la oscuridad están bien preparadas para lo que puede ser un traspaso capaz de darle poder absoluto a Satán. Pero Johnny/Ghost Rider se jugará entero por el chico, ya que salvándolo a él también podrá salvarse a sí mismo.

Sí, esta película tampoco es una genialidad (y no pretende serlo, por suerte), pero tiene todo lo que le faltaba a la anterior, empezando por una identidad definida. La clave está en la incorporación de la dupla de directores Mark Neveldine – Brian Taylor, artífices de aquella gloriosa oda a la adrenalina que es Crank: Veneno en la Sangre, y de su no menos tranquila secuela. Ambos supieron imprimirle un tono más trash, intenso y mugriento que le siente muy bien a este antihéroe. Hay de todo: tiros, explosiones, persecuciones, demonios enojados, y toques de humor: el protagonista, cuando orina, hace un efecto de lanzallamas (¿?). También modificaron al personaje principal, ya que la calavera ahora siempre está prendida fuego. Si no fuera por la ausencia de desnudos (pensemos que sigue siendo un producto apto para mayores de 13 años), podríamos decir que Neveldine y Taylor tiraron toda la carne al asador.

A Nic Cage también se lo nota más a gusto en este film. De por sí, él es trash y ama ser trash, como se puede apreciar en Infierno al Volante, estrenada el año pasado. Sus divertidas sobreactuaciones resultan extraños placeres culpables. La chica de la historia es la italiana Violante Placido, que supo conquistar a George Clooney en El Ocaso de un Asesino. Ahora interpreta a Nadya, la madre de Danny; una mujer que también carga con el peso de haber transado –y algo más- con el Señor de las Tinieblas. Un siempre sobrio Ciarán Hinds es Roarke, la encarnación terrestre de Lucifer, y Johnny Whitworth anda pasado de rosca como su más fiel esbirro. Fergus Riordan encarna al preadolescente tan codiciado, e Idris Elba hace de Moreau, sacerdote postmoderno y amigo de Johnny. Elba está on fire en cuanto al género fantástico: viene de actuar en Thor, dentro de poco se lo verá en Prometeo —el regreso de Ridley Scott a la ciencia-ficción—, y actualmente está a las órdenes de Guillermo del Toro en Pacific Rim, esperada superproducción repleta de monstruos u robots gigantes. La otra aparición trash: Christopher Lambert en el rol de un tenebroso monje con la cara toda escrita.

Filmada en locaciones de Rumania y Turquía, Ghost Rider: Espíritu de Venganza te deja la cabeza quemada. Pero no tanto como la de Johnny, ojo.

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