A Sala Llena

Gravedad, según Rodolfo Weisskirch

Romper el huevo…

Durante muchos años se trató de imitar a 2001: Odisea del Espacio de Stanley Kubrick, film que revolucionó la ciencia ficción e innovó a nivel visual y narrativo. Kubrick entendió que necesitaba tener una historia compleja, profunda, existencial, acorde a las ambiciones que deseaba desarrollar. Y por lo tanto era esencial que el elenco no esté compuesto por “figuras” que distraigan al espectador, sino por sólidos intérpretes que comprendiesen la idea del realizador, que no se destaquen ellos mismos frente a la historia.

Alfonso Cuarón, con Gravedad, pretendió realizar la 2001 del siglo XXI. Pero se limitó a aprovechar las últimas tecnologías para generar una experiencia visual abrumadora aunque vacía. En primer lugar, el cineasta realmente tomó la decisión de restarle importancia al argumento. La lluvia de desechos de un satélite ruso que destruye al estadounidense es un simple Mc Guffin, uno bastante anticuado en tanto recurso narrativo.

Digamos que esta excusa potencia el argumento: la supervivencia de una mujer astronauta en medio del espacio. Un tour de force de Sandra Bullock, realmente notable para una actriz limitada a nivel expresivo y que no hace más que victimizarse y repetir gestos. Bullock consigue un trabajo físico intenso y sostiene el film. Lamentablemente, Cuarón decidió agregarle una innecesaria motivación sentimentaloide. ¿Acaso la necesidad de sobrevivir por sobrevivir no es suficiente? Cuarón agrega arbitrariamente un componente melancólico cuando se le agotan las ideas audiovisuales y desea “calmar” la tensión del espectador. El segundo error narrativo fue incluir a un astronauta que hace comentarios humorísticos para que la protagonista no sufra. El resultado fue un George Clooney, en plan de “maestro de ceremonias” de los Oscar, contando anécdotas que no resultan divertidas. Hasta terminan fastidiando las imágenes que maravillaban durante el primer cuarto de hora. ¿Acaso no hubiese sido más bello disfrutar ese ingenio visual en silencio?

Si bien durante la primera mitad, entre las secuencias sin corte y la tensión, el film logra sostenerse y el cómic relief pasa desapercibido, en la segunda mitad el film se descompone completamente con una vuelta de tuerca onírica, trillada y previsible. En el último tramo, cuando se le pide a Cuarón que recobre la cordura y dé una resolución más acorde con la primera parte del film, toma el camino opuesto y más allá de destruir la verosimilitud que intentó generar en el espacio, cierra la trama con una aburrida moraleja new age.

La película solo se acerca a Kubrick en un hermoso plano/ homenaje donde vemos a Bullock en posición fetal flotando como el bebé del final de 2001 (los fanáticos de Apollo 13 la van a saber apreciar). Así las cosas, Gravedad puede llegar a encantar a aquellos que buscan una experiencia audiovisual/ sensorial “novedosa”. Pero a no engañarse, es solo la cáscara de un huevo de pascua demasiado decorado: si lo rompemos, nos encontraremos con un espacio vacío.

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