A Sala Llena

Halloween

(Estados Unidos, 1978)

Dirección: John Carpenter. Guión: John Carpenter y Debra Hill. Elenco: Donald Pleasence, Jamie Lee Curtis, P.J. Soles, Nancy Kyes, Charles Cyphers, Nick Castle, Kyle Richards. Producción: Debra Hill. Distribuidora: The Other Screen. Duración: 91 minutos.

Sed de mal.

El que Halloween sea un menester indiscutible del séptimo arte no solo se debe a todo lo teorizado respecto a su narrativa minimalista sino también a sus arquetipos técnicos, los cuales forjaron un estilo alternativo para politizar el cine. Su esencia está más allá del fenómeno pop que lo encasilla como un encargo de bajo presupuesto que causó furor de rentabilidad.

Siendo apenas un realizador amateur, John Carpenter supo dominar la economía de recursos y el montaje didáctico, comprobado previamente en la sátira fantástica de Alien Cosmic y el western citadino de Asalto al Precinto 13. Los setenta estaban en su apogeo y Carpenter conseguía un producto pochoclero al mismo tiempo que patentaba las normas del slasher, alcanzando así el status de culto y posteriormente su imitación hasta el hartazgo.

En Halloween el terror suburbano se ensañaba con un grupo de colegialas acechadas por una silueta tétrica conocida como Michael Myers, el boogyman inescrupuloso por excelencia. La fama de icono popular especuló con la interpretación de que Myers respondía al instinto de imponer la moral norteamericana. Esta postura purificadora de invadir el confort adolescente con sadismo le otorgaba a Myers el cargo de ente regulador que vigila y castiga a los promiscuos para restablecer el orden. Para otros no pasaba de ser un mero verdugo reprimido que reaccionaba frente al feminismo. Justamente el error de las secuelas fue darle un móvil cuasi incestuoso y esotérico a la psiquis de Myers. El único propósito que mueve al psycho killer de Carpenter es simbolizar al mal como una presencia abominable, mitificado en la invulnerabilidad del asesino y que se volvería cita obligada en cada uno de sus films.

Otro rasgo particular de Halloween es que los crímenes son sutiles y no necesitan justificarse con gráficos explícitos, a diferencia de su contemporánea El Loco de la Motosierra, de una cruda postura contracultural. El efecto maestro está en la tensión recreada por Carpenter, estimulando una sensación de amenaza constante. Así lo demuestran los planos en primera persona sofocados por la respiración opresiva del psicópata, el travelling voyeurista del inicio, la climatización claustrofóbica por espacios reducidos (la persecución final que culmina en un ropero) y esa melodía de sintetizadores escalofriantes que también son de la autoría del director.

Motivos para revisitar este clásico inoxidable sobran pero sobre todo sirve para comprender las técnicas, tanto visuales como sugestivas, con las que Carpenter desafío al género para retratar el miedo que se palpitaba en los setenta. El terror como un agente intruso, la paranoia fuera de campo, esa crisis de desorientación en los personajes principales, el falso bienestar que acá se ridiculiza en los diálogos telefónicos, las angustias que se transmiten en espiral, las victimas desamparadas que remarcan la ineficacia de las autoridades y ese cierre pesimista como moraleja de que jamás podremos erradicar el mal. Así de político y fatal es el cine de Carpenter.

calificacion_5

Por Enrique D. Fernández

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